Para los dibujantes, arquitectos y artistas, la calidad del sacapuntas es crucial. La forma del corte, la inclinación de la cuchilla, la presión justa… todo influye en el trazo que vendrá. Algunos prefieren seguir tallando a cuchillo, otros usan sacapuntas con ajuste de ángulo o de mina visible. Y en el ámbito técnico, un lápiz bien afilado es una herramienta de exactitud, casi quirúrgica
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 10 de agosto de 2025). El sacapuntas: el tallador del ingenio. Entre todos los objetos escolares, el sacapuntas es quizás el más silencioso y modesto. Vive en el estuche, en el cajón, en la mano del estudiante que quiere seguir escribiendo. No hace más que afilar, tallar, quitar lo que sobra. Pero en esa función hay algo profundo: preparar la herramienta para que vuelva a cumplir su destino. Cada vez que giramos un lápiz en su interior, no solo afinamos la punta: reafirmamos un gesto antiguo, casi ritual, que combina paciencia, repetición y precisión. Antes del sacapuntas: navajas y cuchillas. Durante siglos, el lápiz —ese tubo de madera con una mina de grafito en el centro— se afilaba a cuchillo. Era un arte delicado: demasiada presión, y la mina se partía; demasiada torpeza, y se malgastaba la madera. A los artistas y escribientes se les enseñaba a tallar la punta con mimo. No existía un aparato específico para ello… hasta bien entrado el siglo XIX.
La primera de esta serie de crónicas sobre el Ingenio Invisible se dedica al cepillo de dientes: una revolución en miniatura, porque si hay un objeto que simboliza la victoria de la higiene, ese es el cepillo de dientes. Pequeño, casi desapercibido en su grandeza, ha transformado nuestra salud bucal y la forma de entender el cuidado personal. Su historia es tan antigua como el deseo humano de limpieza, pero su versión moderna nació en la celda de un preso inglés.
MIGUEL SANCHIZ. (2 de agosto de 2025). Vivimos rodeados de objetos tan comunes que su mera presencia se confunde con el paisaje de lo cotidiano. Los usamos sin pensar, los dejamos sobre la mesa, los reemplazamos sin nostalgia. Sin embargo, detrás de cada uno —un botón, un clip, un cepillo de dientes, un tapón de corcho— hay una chispa de ingenio, una historia callada que nunca escuchamos. ¿Quién ideó por primera vez una cremallera? ¿Qué mente resolvió con un alfiler de gancho un problema diario? ¿Qué civilización talló el primer peine? La nueva sección que se inaugura este verano de 2025 titulada «El Ingenio Invisible» no pretende desvelar los grandes inventos, sino rendir homenaje a esas pequeñas soluciones que nos facilitan la vida sin pedir nada a cambio. Cada artículo será una breve postal dedicada a un objeto menor, que no por discreto deja de ser asombroso. Porque en lo minúsculo, a menudo, se esconde lo genial.
En «La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades», se nos muestra cómo la miseria y la hipocresía moldean a un niño hasta convertirlo en un hombre que solo busca estabilidad en una sociedad injusta. Pero Lázaro tiene una particularidad: su creador es un autor anónimo, cuya identidad se ha perdido en el tiempo. No sabemos quién lo escribió, solo que dejó en sus páginas una feroz crítica al poder, a la Iglesia y a la nobleza, disfrazada de la historia de un muchacho hambriento que aprende a valerse por sí mismo.
MIGUEL SANCHIZ. (27 de julio de 2025). Encuentro entre Lázaro de Tormes y su Autor Anónimo en la ciudad de Majadahonda (Madrid). Entre todos los protagonistas de la literatura, pocos han sido tan misteriosos y representativos de la lucha por la supervivencia como Lázaro de Tormes. Nacido en la pobreza, creció en un mundo hostil donde la astucia era la única arma posible. En «La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades», se nos muestra cómo la miseria y la hipocresía moldean a un niño hasta convertirlo en un hombre que solo busca estabilidad en una sociedad injusta. Pero Lázaro tiene una particularidad: su creador es un autor anónimo, cuya identidad se ha perdido en el tiempo. No sabemos quién lo escribió, solo que dejó en sus páginas una feroz crítica al poder, a la Iglesia y a la nobleza, disfrazada de la historia de un muchacho hambriento que aprende a valerse por sí mismo. Ahora, en este Encuentro con la Historia, Lázaro enfrenta a su misterioso autor. ¿Por qué nunca se reveló su nombre? ¿Por qué hizo que Lázaro sufriera y, al final, terminara resignado? ¿Fue su historia una burla o una advertencia?
La sensibilidad liberal que promueve Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía de 1974, en su libro «Camino de servidumbre«, emerge un debate interesante sobre las lógicas intervencionistas propias de otro signo político y la imputación por presuntas comisiones y tráfico de influencias, a Cristóbal Montoro (PP), el ministro de Hacienda que subía impuestos para reforzar el Estado y que ahora es acusado de manipularlo para beneficiar a unos pocos.
MIGUEL SANCHIZ. Escuché hace poco a figuras políticas asegurar sin tapujos que Cristóbal Montoro —ministro de Hacienda durante los gobiernos de Aznar y Rajoy— era “socialista”. Una afirmación desconcertante, pero cuando se compara con la sensibilidad liberal que promueve Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía de 1974, en su libro «Camino de servidumbre», emerge un debate interesante. No por convicción ideológica, sino por el peso que dio al Estado en la economía. Montoro impulsó subidas de impuestos en plena crisis (IVA, IRPF…) y elevó la presión recaudatoria. Esa dinámica, desde una perspectiva hayekiana, puede confundirse con lógicas intervencionistas propias de otro signo político. Además, su impulso del modelo 720 o la dureza contra el fraude fiscal refuerzan la imagen de un Estado fuerte que asfixia la iniciativa individual. No es socialismo clásico, pero sí una deriva hacia formas de poder estatal que Hayek consideraría incompatibles con su idea de libertad.
Miguel Sanchiz: «El gesto de borrar a dos concejales de una fotografía institucional primero y después falsear la fecha de una convocatoria cultural que presentaba otro de ellos pone en entredicho la veracidad de la comunicación institucional del Ayuntamiento de Majadahonda. Las redes sociales y los canales oficiales no pueden ser utilizados como altavoces de una sola voz, ni mucho menos como herramientas de censura visual o manipulación textual. La ciudadanía merece una información veraz, completa y representativa de la pluralidad política que ella misma ha elegido en las urnas. La democracia no se sustenta solo en las leyes, sino también en los gestos».
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 16 de julio de 2025). No hay una ley que proteja la verdad pura y simple. El pasado 26 de junio de 2025, el pleno municipal de Majadahonda fue escenario de un nuevo incidente que ha encendido las alarmas sobre la calidad democrática de la comunicación institucional. Durante el turno de ruegos y preguntas, los representantes del Partido Popular (PP) y del grupo municipal «Vecinos por Majadahonda» protagonizaron un intercambio tenso de palabras que deja entrever algo más que una simple diferencia política: una preocupante forma de entender la representación pública y el respeto a la pluralidad. Este nuevo enfrentamiento no es un hecho aislado. Se suma a un episodio anterior que tuvo lugar en 2024 y que ha quedado grabado, literal y metafóricamente, en la memoria política de la ciudad. En esa ocasión, toda la corporación municipal guardó un minuto de silencio en honor a los dos guardias civiles asesinados en Barbate (Cádiz), un acto solemne que fue registrado fotográficamente como corresponde en estos casos. Sin embargo, cuando se difundieron las imágenes oficiales, algo llamó poderosamente la atención: los concejales de «Vecinos por Majadahonda», Carlos Bonet y Federico Martínez, no aparecían en la fotografía institucional. Lo que en un primer momento podría haber parecido un error técnico o una casualidad, quedó prácticamente descartado cuando se supo que se trataba de dos tomas diferentes, y que en una de ellas, los concejales sí estaban presentes. Todo apunta a una manipulación deliberada:los dos ediles fueron borrados de la imagen difundida. Un gesto que ha sido calificado, con razón, como una “desfachatez”.
MIGUEL SANCHIZ. (13 de julio de 2025). “Majadahonda ciega, Boadilla, abre los ojos”. Majadahonda ha cometido uno de los errores más clamorosos de su historia deportiva. Y no hablamos de fútbol, ni de baloncesto, ni siquiera de atletismo. Hablamos de algo más profundo, más valiente y menos ruidoso: de un grupo de jóvenes que han levantado, con sus propias manos y sus propios bolsillos un club de waterpolo hasta llevarlo a la cima: la División de Honor nacional. Ellos se llaman ahora el «Encinas», pero durante años fueron el CNW Majadahonda, el Club de Natación y Waterpolo de esta ciudad. Sin subvenciones, sin apoyos, sin reconocimientos. Pagando 77 euros mensuales de su propio dinero, estos deportistas entrenaban, competían, viajaban y soñaban. Lo hacían en silencio. Lo hacían en soledad. Lo hacían sin que nadie en el Ayuntamiento de Majadahonda —absolutamente nadie— se dignara a mirarles con el respeto que merecían. Ni un euro. Ni una medalla. Ni un comunicado institucional. Ni una bandera. Ni una foto. Nada. Lo hacían y lo siguen haciendo y así han conseguido entrar en la División de Honor. Y ahora que lo han logrado —ahora que han entrado en la élite del waterpolo español, donde sólo hay 12 equipos y 9 son catalanes— resulta que el único club peninsular no catalán es el de estos chicos invisibles para su propio pueblo. Ceuta y Canarias están representados. También Cataluña, claro. Y en la Península… no, no es Madrid capital. Es el «Club Las Encinas de Boadilla del Monte», gracias a ellos. Pero Majadahonda ni se entera, ni reacciona, ni sabe lo que ha dejado escapar.
La ciudad de Mérida, Patrimonio de la Humanidad desde 1993, es un auténtico cofre de tesoros que guarda con orgullo su herencia romana. Caminar por sus calles es adentrarse en siglos de historia. El Teatro Romano, epicentro del festival, es un prodigio arquitectónico donde el tiempo parece haberse detenido. Cada piedra de este majestuoso recinto vibra con ecos del pasado, convirtiendo cada representación en una experiencia multisensorial e irrepetible
MIGUEL SANCHIZ. (10 de julio de 2025). Viajar a Mérida siempre es un acierto, pero hacerlo con motivo del Festival Internacional de Teatro Clásico es, sin duda, una experiencia enriquecedora que combina historia, arte, hospitalidad y belleza. En 2025, esta emblemática ciudad extremeña celebra la 71ª edición de su Festival, un evento que no solo mantiene viva la tradición teatral grecolatina, sino que la renueva con cada temporada, consolidándose como uno de los encuentros culturales más prestigiosos de Europa. La ciudad de Mérida, Patrimonio de la Humanidad desde 1993, es un auténtico cofre de tesoros que guarda con orgullo su herencia romana. Caminar por sus calles es adentrarse en siglos de historia. El Teatro Romano, epicentro del festival, es un prodigio arquitectónico donde el tiempo parece haberse detenido. Cada piedra de este majestuoso recinto vibra con ecos del pasado, convirtiendo cada representación en una experiencia multisensorial e irrepetible. No se trata solo de asistir a una obra de teatro, sino de sumergirse en una ceremonia estética, intelectual y emocional única. Este año, el cartel brilló con especial intensidad gracias a una de las grandes joyas de la literatura del Siglo de Oro: Numancia, de Miguel de Cervantes.
Majadahonda es, por ello, una paradoja democrática: en Majadahonda, ciudad madrileña con más de 70.000 habitantes, se da una realidad preocupante: de los 15 concejales que forman el Gobierno municipal (del Partido Popular), 5 no residen en la localidad. Entre ellos, la alcaldesa y 2 tenientes de alcalde. Y lo grave no es solo la cifra, sino que precisamente esos 5 concejales concentran las áreas más sensibles y estratégicas del municipio: Urbanismo, Vivienda, Obras, Infraestructuras, Hacienda y Recursos Humanos, además de Deportes o Medio Ambiente, otras de las grandes carencias del municipio por falta de infraestructuras o deterioro de las ya existentes.
MIGUEL SANCHIZ. (8 de julio de 2025). La ciudad como compromiso vital. Gobernar una ciudad no es únicamente gestionar presupuestos o aprobar proyectos desde un despacho. Es, sobre todo, vivir el pulso cotidiano de sus calles, conocer sus aciertos y carencias, caminar junto a los vecinos y compartir sus inquietudes. Un concejal, y mucho más un alcalde o alcaldesa, no debería ejercer su cargo desde la distancia, como si se tratase de una empresa externa que opera desde una oficina remota. La política municipal exige cercanía, sensibilidad diaria y una implicación profunda con el entorno. Y esa implicación nace, de forma natural, de la residencia: vivir donde gobiernas. Majadahonda es, por ello, una paradoja democrática: en Majadahonda, ciudad madrileña con más de 70.000 habitantes, se da una realidad preocupante: de los 15 concejales que forman el Gobierno municipal (del Partido Popular), 5 no residen en la localidad. Entre ellos, la alcaldesa y 2 tenientes de alcalde. Y lo grave no es solo la cifra, sino que precisamente esos 5 concejales concentran las áreas más sensibles y estratégicas del municipio: Urbanismo, Vivienda, Obras, Infraestructuras, Hacienda y Recursos Humanos, además de Deportes o Medio Ambiente, otras de las grandes carencias del municipio por falta de infraestructuras o deterioro de las ya existentes. En otras palabras: los departamentos con mayor presupuesto y mayor capacidad de transformación están en manos de personas que no pisan a diario las calles que administran.
«El PP no reabre la piscina de Huerta Vieja, ni informa de las obras y además niega los datos de criminalidad de Majadahonda, pero delegar todo en el Estado y ampararse en el «nosotros ya hacemos lo que podemos»suena a lavado de manos. A impotencia institucional. Mientras tanto, los vecinos siguen sufriendo»
MIGUEL SANCHIZ. En Majadahonda se ha instalado una niebla densa, espesa, que nubla los datos, oculta los compromisos y deja a los vecinos entre la incredulidad y la resignación. Uno de los últimos plenos municipales dejó 2 preguntas claves por parte del grupo «Vecinos por Majadahonda» que bien podrían resumirse en una sola: ¿hasta cuándo vamos a seguir esperando, soportando, confiando… sin obtener respuestas claras? La primera pregunta hace referencia a un asunto ya convertido en símbolo de desidia institucional: la piscina de Huerta Vieja. Cerrada desde hace casi 4 años (se clausuró el 18 de septiembre de 2021) por problemas estructurales, la instalación sigue sin fecha de reapertura y, lo que es aún peor, sin información transparente y regular.
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