«En esta serie de Cuentos de Navidad me propongo revisitar 5 relatos esenciales de la tradición navideña. Comenzamos por «La niña de los fósforos», escrito por Hans Christian Andersen en 1845″
MIGUEL SANCHIZ. (25 de diciembre de 2025). Pequeñas Navidades. Cuentos que hacen Invierno. Hay inviernos que se anuncian en el calendario y otros que llegan por dentro, con la discreción de una luz que se atenúa. Y, sin embargo, incluso en los días más fríos, siempre hay algo que nos rescata: un gesto inesperado, un recuerdo que vuelve, una historia que pasa de mano en mano. Quizá por eso los cuentos de Navidad han sobrevivido al ruido de las épocas: porque no hablan tanto de la fiesta como de la fragilidad humana que todos compartimos.
Miguel Sanchiz (Majadahonda): «Quizá por eso la Navidad sigue teniendo sentido, incluso para quienes desconfían de sus excesos. Porque, en el fondo, no nos pide grandes discursos ni gestos heroicos. Nos pide algo mucho más difícil: estar. Estar con los nuestros. Estar disponibles. Estar abiertos al encuentro».
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 24 de diciembre de 12025). Navidad: el valor del encuentro. La Navidad llega cada año con una puntualidad casi conmovedora. No falla. Da igual cómo haya ido el calendario, cuántas decepciones hayamos acumulado o cuántas promesas se hayan quedado por cumplir: de pronto, el tiempo se detiene unos días y nos invita —sin imponerse— a mirar alrededor con otros ojos. Se habla mucho del amor en Navidad. También de la familia, de los regalos, de las luces y de las mesas largas. Todo eso es cierto. Pero hay algo más hondo, menos visible y quizá más frágil: el encuentro. No el encuentro idealizado, sino el real. El que se produce cuando dos o más personas deciden, por unas horas, estar presentes de verdad. En un hogar majariego —como en tantos otros— la escena se repite con pequeñas variaciones: una mesa que se amplía, una silla que aparece de repente, un plato que no estaba previsto. No es solo logística doméstica. Es una declaración silenciosa: aquí cabemos más. Aquí hay sitio para el otro.
Alguien, frente a una ofensa real, eligió no devolverla. No por miedo. No por debilidad. Sino por algo más alto: por compasión, por paz, por amor… o por cansancio de la violencia. ¿Y cuando nació la compasión?. No sabemos su nombre, ni su rostro, ni su edad. Pero alguien –en una cueva o en un claro del bosque– vio a otro ser humano caído, herido, roto… y no lo dejó atrás.
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 5 de diciembre de 2025). “Cuando el ser humano aprendió a perdonar”. Durante mucho tiempo –quizás milenios– el ser humano vivió según la ley del daño: el que hiere, será herido. Era lo justo, lo natural, lo instintivo. Cada ofensa exigía venganza. Cada herida pedía su eco. Así nacieron las guerras interminables, los odios heredados, las cadenas del rencor. Pero un día, alguien rompió esa lógica. Alguien, frente a una ofensa real, eligió no devolverla. No por miedo. No por debilidad. Sino por algo más alto: por compasión, por paz, por amor… o por cansancio de la violencia. Ese instante —silencioso, íntimo, luminoso— marcó el nacimiento del perdón. No fue un gesto fácil. Fue un salto. Un acto revolucionario. Porque perdonar exige mirar más allá de la herida, ver al otro no como enemigo, sino como alguien que también sufre.
Las figuras olvidadas del Belén de Majadahonda (consulte horarios de visita aquí): «El hombre dejaba de depender solo de su fuerza o de su astucia: tenía un aliado creado por él mismo. La herramienta cambió el modo de cazar, de protegerse, de construir. Del hacha de piedra al arado, del martillo al bisturí, del telar al ordenador… todo comenzó con ese primer utensilio primitivo, nacido de la necesidad, pero también de la inteligencia y de la intuición»
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 20 de diciembre de 2025). “Cuando el hombre inventa la primera herramienta” En un momento remoto, casi invisible para la historia, el ser humano levantó una piedra y la convirtió en prolongación de su cuerpo. No fue solo para golpear o cortar: fue para actuar sobre el mundo con intención, para dejar de estar sometido al azar de la naturaleza y empezar a transformarla. Aquella piedra tallada, aquella rama afilada, fue mucho más que un objeto útil. Fue una idea. La primera herramienta fue también el primer signo de pensamiento abstracto, de imaginación técnica, de planificación. El hombre dejaba de depender solo de su fuerza o de su astucia: tenía un aliado creado por él mismo. La herramienta cambió el modo de cazar, de protegerse, de construir. Pero cambió aún más el modo de pensar. Porque quien inventa algo, se descubre capaz de crear. Y en ese descubrimiento aparece por primera vez la noción de futuro: yo hago esto ahora para lo que vendrá después. Desde ese instante, la historia no volvió atrás. Del hacha de piedra al arado, del martillo al bisturí, del telar al ordenador… todo comenzó con ese primer utensilio primitivo, nacido de la necesidad, pero también de la inteligencia y de la intuición. Y aunque hoy las herramientas parezcan invisibles —algoritmos, circuitos, máquinas que ya no tocamos—, el alma que las inventó sigue siendo la misma: el alma de quien no se resigna, y transforma el mundo con sus manos.
El fuego y la agricultura en el Belén de la Asociación y Escuela de Belenistas de Majadahonda que se exhibe en la Casa de la Cultura (consulte horarios aquí)
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 13 de diciembre de 2025). “Cuando el hombre descubre el fuego”. Hubo un tiempo en que el ser humano temía al fuego como a un dios salvaje. Lo veía caer del cielo en forma de rayo, devorar árboles, rugir en la noche como una fiera luminosa. Su danza era hipnótica, pero su cercanía, mortal. Durante siglos, el fuego fue enemigo, misterio, castigo. Hasta que un día, el hombre no huyó. Se acercó con cautela, como quien intenta domar una estrella. Tal vez fue una mujer, un niño, un anciano el primero que lo mantuvo encendido tras una tormenta. Y otro, más tarde, que aprendió a provocarlo: con piedras, con palos, con paciencia infinita.
«Esta tasa se convertirá no en un paso hacia una economía circular, sino en un símbolo de desconfianza y desconexión con nuestros actuales gobernantes municipales: no se trata de oponerse al reciclaje ni a la sostenibilidad, que todos compartimos. Se trata de implantar medidas con justicia social, proporcionalidad y respeto a los contribuyentes. Recaudar primero y explicar después no es un modo aceptable de gobernar»
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 10 de diciembre de 2025). Lo que merecemos los vecinos de Majadahonda ante la “tasa de basuras”. En Majadahonda se ha abierto un debate que va más allá de una simple ordenanza fiscal: la llamada “tasa de basuras”. Lo que podría presentarse como un ajuste técnico, una obligación derivada de la normativa europea o un paso más en la llamada economía circular, ha acabado convirtiéndose en lo que los vecinos ya califican de “basurazo”. Y lo cierto es que, al analizar la forma en que se ha implantado, cuesta no darles la razón. Los ciudadanos nos hemos visto sorprendidos por un cargo elevado, recibido en muchos casos por correo certificado y sin la debida información previa. La primera reacción, lógica y comprensible, ha sido la de la protesta. No porque los vecinos de Majadahonda rechacemos contribuir al sostenimiento de los servicios públicos —lo venimos haciendo desde hace décadas con sus impuestos—, sino porque la medida se ha implantado sin sensibilidad social ni transparencia informativa.
Los colores de la Bandera de España, rojo y gualda, iluminan la fachada del Ayuntamiento y las fuentes de Majadahonda desde el viernes 5 y durante este sábado 6, domingo 7 y lunes 8 de diciembre, para celebrar el 47º aniversario de la Constitución Española
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 6 de diciembre de 2025). La paz que nos dimos: una mirada agradecida a la Constitución. Hay aniversarios que pasan casi de puntillas, como quien sopla una vela sin hacer ruido. Y sin embargo sostienen nuestra vida cotidiana con una solidez que a veces olvidamos. El 6 de diciembre, día de la Constitución, pertenece a esta categoría de celebraciones silenciosas: no llenará plazas ni encenderá pasiones, pero sostiene, con la fuerza calmada de lo esencial, la paz más larga y fecunda que España ha conocido en siglos. No es poco. En tiempos donde el ruido se confunde con la verdad y la crispación se presenta como valentía, conviene detenerse un momento y agradecer que vivimos dentro de un marco que nos permite discrepar sin destruirnos, debatir sin temer por nuestra integridad y elegir a los gobernantes con la naturalidad con que se abre la ventana por la mañana. Ese marco es nuestra Constitución de 1978, una obra imperfecta —como todo lo que nace de manos humanas—, pero extraordinariamente generosa con nosotros. España venía entonces de un pasado áspero, marcado por fracturas profundas. Y, sin embargo, supo sentarse a construir un texto común quienes apenas unos años antes caminaban por sendas opuestas. Lo que ocurrió aquel 6 de diciembre no fue un trámite jurídico: fue un acto moral, quizá el más valioso de nuestra historia reciente. Una apuesta por la convivencia, por la renuncia a absolutismos y por el reconocimiento de que nadie posee toda la verdad ni todo el país.
Pilar Calvo, responsable del restaurante del Centro de Mayores de Majadahonda: «Desde muy pequeña me sentí atraída por la cocina y los fogones. Al llegar a Majadahonda se me presentó la oportunidad de realizar ese sueño. Todo empezó con un curso para mujeres emprendedoras, que me motivo a dar mi primer paso. Con ayuda de mi hijo David, creé una empresa en el 2003 «El Rincón de las Pastas» y abrí una pastelería con el mismo nombre. Pero el gran reto fue, en primer lugar, abrir Danna Catering, para dar servicio a grandes eventos y restauración y en segundo lugar, junto con mis hijos David y Anna, crear Berenjenal, una nueva propuesta gastronómica, con cocina de autor»
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 30 de noviembre de 2025). Gente Maja que se Moja. El Milagro de Pilar. En Majadahonda hay pequeños prodigios que pasan casi desapercibidos, pero que sostienen la vida cotidiana de cientos de vecinos. Uno de ellos sucede, día tras día, entre las mesas del Centro de Mayores Reina Sofía. Allí, por solo 7,15 euros, se puede elegir entre seis platos distintos, incluir postre, bebida y hasta vino o gaseosa. Un precio que desafía cualquier lógica y que ha terminado convirtiéndose en un auténtico enigma local. A este fenómeno yo lo he bautizado —con la venia de la protagonista— como “El milagro de Pilar”, porque sin el acierto de la concejala de Bienestar Social, Familia y Mayores, Marina Arines Vega, que supo ver el talento necesario para dirigir un servicio así, este milagro cotidiano no existiría. Al César lo que es del César. Y detrás de esta proeza gastronómica está ella: Pilar Calvo. Una mujer discreta, eficaz, de vocación profunda y trayectoria sólida, que ha sabido unir oficio, sensibilidad y una ética de servicio que hoy la convierten en una pieza esencial del tejido social de nuestra ciudad.
«Hay un instante en la historia —imposible de fechar, imposible de olvidar— en que el ser humano levantó la mirada hacia el cielo nocturno y no solo vio estrellas: sintió que había algo más allá de ellas. Ese momento no nació del cálculo ni del razonamiento. Nació del asombro, del silencio, del temblor interior. Tal vez ante un nacimiento. Tal vez ante la muerte. Fue entonces cuando nació Dios en la conciencia del hombre». En la imagen, representación clásica de Dios como un anciano con barba, según la pintura de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina, en la que aparece en el momento de la creación del hombre.
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 23 de noviembre de 2025). Los primeros asombros: “Cuando el hombre entierra a sus muertos y descubre a Dios”. Morir, mueren todos los seres vivos. Pero enterrar a los muertos… eso solo lo hace el ser humano. En algún momento remoto, alguien decidió no abandonar el cuerpo sin vida de un compañero. Lo cubrió con tierra, quizás con flores, tal vez con piedras que lo protegieran. Ese gesto no fue por utilidad ni por miedo a los animales: fue un gesto de respeto, de memoria, de amor. Fue la primera ceremonia, aunque no tuviera palabras. Ese día, la humanidad descubrió que la muerte no es solo final, sino ruptura, ausencia, pregunta. Y también, que hay algo en el otro que sigue siendo digno incluso cuando su aliento ha cesado. Enterrar es reconocer el valor de una vida. Es decir: “estuviste aquí, y tu paso importa”. Y también: “no te dejaré solo”. Desde ese primer entierro —tan antiguo como el tiempo humano— nacieron todos los ritos, los símbolos, las plegarias. Nacieron los altares, las tumbas, los recuerdos grabados. Y también nació la idea de un más allá, de una continuidad, de una esperanza. Porque allí donde hay entierro, hay duelo. Y donde hay duelo, hay vínculo. Y donde hay vínculo… hay humanidad. Cada vez que alguien cubre con ternura el cuerpo de un ser querido, sigue repitiendo aquel primer acto. Y en ese acto, el hombre vuelve a ser lo que fue desde el principio: ser que ama hasta después de la vida.
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