
NARCISO DE FOXA. Tengo que confesar que durante los casi 15 años que fui alcalde de Majadahonda, nunca sospeché que los primeros datos históricos de nuestra ciudad se remontasen a los Reyes Católicos. Tampoco durante ese tiempo tuve la oportunidad de ojear ningún estudio o documento histórico parecido al que hoy tengo entre mis manos. De ahí la relevancia e interés que tiene este libro para los majariegos. Saber cómo vivieron sus antiguos habitantes, sus problemas, sus penas, alegrías y los momentos críticos por los que pasaron durante los últimos siete siglos es casi una obligación para los que vivimos en una ciudad como la nuestra. Porque Majadahonda no siempre ha sido rica y próspera como lo es ahora. Durante la mayor parte de su historia sus recursos siempre han sido muy escasos, como el lector podrá leer a lo largo de las páginas de este libro. Incluso en algunos momentos críticos de su historia, nuestra ciudad estuvo a punto de desaparecer. Gracias a los autores, podremos revivir la historia chica de nuestra ciudad, la historia de una antigua aldea del concejo de Madrid, de sus habitantes, de sus costumbres y de sus regidores, cuyos apellidos se repiten a través de los años –Labrandero, Bustillo, Gala, Millán, Sanz–, y que son parte viva de la historia majariega. Majadahonda fue un pequeño lugar de pacíficos vecinos, castellanos viejos, dedicados a la ganadería y a la agricultura, cuyos productos eran vendidos en Madrid, y que nunca llegó a ser villa señorial. Tampoco, como dicen los autores, tuvo trascendencia en el devenir de los grandes acontecimientos históricos y sin que estos tampoco afectaran apenas a la vida cotidiana de sus habitantes.









