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FRANCISCO UMBRAL. “Era vasto, gordo, exquisito, dandy, cínico, culto y brillante. En mi novela “Leyenda del César Visionario”, calificada por “Abc” como “la mejor novela sobre la guerra civil”, saco a Foxá en Salamanca y Burgos, en el grupo de los laínes, que, como bien dice mi querido Eduardo Haro Tecglen, son el germen de lo que luego se llamaría el Movimiento: la Falange, el fascismo. La faceta que más me interesó siempre de Foxá fue la de articulista, que era o iba a ser lo mío. Foxá abunda en el artículo descriptivo -desde la otra orilla-, como descriptivo es lo mejor de su gran novela fascista, “Madrid de Corte a checa”. Pero hay, asimismo, un Foxá reflexivo, irónico, despectivo, meditador, wildeano, que es el que nos dice: “Tengo el puesto ideal. Embajador de una dictadura (la de Franco) en una democracia. Disfruto de ambos sistemas. Profundizó la Europa de las grandes guerras, hasta intimar con Malaparte, que le saca en sus novelas. Malaparte es el más grande escritor de la Italia moderna, porque maneja grandes magnitudes, sencillamente, pero no se le cita porque era amigo -una amistad más bien irónica- de Mussolini. Foxá le pregunta un día a Malaparte: -¿Por qué te pusiste Malaparte de seudónimo? -Porque Bonaparte ya había uno, Napoleón.




FEDERICO UTRERA. París fue la capital artística del mundo durante el siglo XX pero hoy el trono, gracias a la globalización, debe ser compartido. El arte total no sería ahora entendible sin Berlín, Tokio, El Cairo, Estambul, Nueva York, Londres, Barcelona o Madrid. Pero entre tantas capitales hay una que se mantiene imperturbable a las idas y venidas, modas y portadas, alzas o bajas en la cotización estética del mundo: es la ciudad de las flores, que curiosamente se ven menos que en Amsterdam –unos se llevan la fama y otros cardan la lana, dice un viejo aforismo español–. Y esa ciudad es Florencia. Allí aterrizó este verano el videoartista norteamericano Bill Viola, en un “remake” biográfico que no consistía en rememorar su juventud en el estudio de Maria Gloria Bicocchi en los años 70, cuando “Art Tapes 22” era una de las 4 únicas galerías de videoarte en el mundo (junto a Nueva York, Tokio y Wuppertal (Alemania). Bill Viola acudió con 23 años como “cámara” de un experimento que consistía en ayudar a la “reconversion” de los artistas “plásticos” europeos en “visuales”. 44 años después, se trataba ahora de dialogar con los clásicos que le inspiraron, pero también conversar con la ciudad.



«Uno de ellos es Rubén. Como todos los chicos de 23 años, a Rubén le gusta quedar con su pareja, ir al cine, jugar un rato a la Play y hacer deporte. «Juego a baloncesto en un equipo llamado MJR Ahorra Más Olímpico. Entreno dos veces por semana y otro día hago pádel en una asociación. Hace años di clases a niños pequeños con discapacidad», cuenta Rubén. En 2015 formó parte del equipo unificado que ganó el oro en los Special Olympics en Los Ángeles (EEUU). Y también, como muchos veinteañeros, trabaja. «Hace poco estuve haciendo prácticas laborales en un vips de Majadahonda, de martes a viernes. Todos los días voy a un centro ocupacional donde estoy en recepción o atiendo la cafetería», enumera. Rubén, el chico de 23 años que se parece al resto de veinteañeros, es el mismo niño que hace más de 20 años fue diagnosticado como una planta por un médico insensible en una de las consultas del Hospital de la Paz. «Y también la muestra de que con trabajo y lucha cualquier persona puede vivir una vida autónoma. Aunque le falten 25 genes» señala una publicación social que lo ha convertido en noticia nacional.