
MIGUEL SANCHIZ. La vida es una aventura irrepetible y el agua está integrada en la vida del hombre, no en vano el 65% de nuestro cuerpo es agua y el 90% de nuestro cerebro. Voy a compartir unos días muy cerca del agua. Me encuentro este mes de octubre (2022) en la ciudad de Lyon, la segunda capital de Francia. Lyon tiene 2.000 años de historia y es el inicio de mi primer crucero fluvial y para una persona, curiosa y mayor (89 años) como yo, pasa a ser un tema nuevo y por tanto, muy interesante. Lyon es el inicio del crucero y a ella retornaremos como final. El Ródano, sobre el que navegaremos, tiene 812 km de los que 522 km se encuentran en Francia, pero descubro que el Romano es un río híbrido en lo que a navegabilidad se refiere: una parte es natural y otra un canal hecho por el hombre. De su cauce utilizaremos la parte navegable y aquella que no lo sea, el hombre construirá canales paralelos que permitan la navegación. Esa es la razón por la que nuestro crucero utiliza 12 esclusas que nos van poniendo al nivel del rio natural unas veces y haciendo posible la navegación otras. En definitiva no es más que un canal con una profundidad que permite la navegación pero que a la vez tiene un calado que convierte la nave en insumergible ya que, en caso de tener un problema de hundimiento, se posa en el fondo, dejando gran parte de ella al exterior.









