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BEGOÑA DELCLAUX. El acceso era difícil entre tantos matorrales y más con su escasa ropa. El vestido se le iba rasgando a jirones y no digamos las medias, que ya no eran más que agujeros y minúsculos retales. No sentía los rasguños en las piernas, los brazos ni el cuello, eclipsados por el martirio en los pies y la obsesión por huir. Nuevos pinchos se clavaban por encima de los viejos e iban creando una costra al empujarlos adentro. Cuando por fin tocó el muro oyó unas voces detrás y se agazapó hecha un ovillo. Quedarse quieta era duro, tiritaba y no de frío. Se frotó los pies retirando miles de espinas pero otras llegaban al hueso. Vio luces que se encendieron en la fachada trasera y vio cruzar entre árboles los haces de las linternas que rastreaban sus pasos. Un rayo la deslumbró y se creyó descubierta, pero nadie dio la alarma ni vino en su dirección. Se quitó el largo fular y lo rasgó con sigilo. Se envolvió los pies con él y, a base de darle vueltas, la fina y sedosa tela formó un calcetín tupido. Con pericia le hizo un nudo alrededor del tobillo. No aguantaría una larga maratón, pero era mejor que nada.



EUROPA PRESS. El ciclista José Luis Martínez ha recorrido diferentes localidades de España entre Sevilla y Madrid durante más de tres días, del 17 al 20 de junio (2021), sin apenas dormir y sumando cerca de 1.000 kilómetros para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer infantil a través de la Fundación Aladina. Los fondos recaudados, incluidos los de la empresa cárnica española Carpisa Foods, que ha impulsado al reto solidario, han sido donados a la Fundación Aladina, organización que proporciona apoyo integral psicológico, material y emocional a niños y adolescentes enfermos de cáncer, así como a sus familias. «Estamos muy contentos de habernos sumado a este proyecto tan loable. Carpisa Foods siempre ha tenido el fiel compromiso de colaborar con la sociedad y esperamos que este reto no sea sino la continuación de otros muchos», declaró Virginia Orozco, directora de Recursos Humanos de Carpisa Foods.

BEGOÑA DELCLAUX. Se subió al alféizar y saltó por la ventana. Al caer sintió las espinas en las plantas de los pies. Un aullido de dolor se le quedó atravesado y sólo escapó de sus labios un suspiro silenciado. La oscuridad era total, la luna oculta entre encinas, sauces y nubes. Escuchó el canto de un búho y el rugir del viento helado chocando contra los árboles, que acechaban como espectros en cada rincón del jardín, presunto jardín a esas horas y a cualquiera en realidad pues no era más que un solar cubierto de matorrales que crecían a sus anchas entre arbustos y zarzales. Escudriñaba las sombras tratando de anticipar el sonido de los pasos que pronto saldrían tras ella. Debía alejarse deprisa, pero no sabía adónde ni qué dirección tomar y, aunque el miedo supusiera un poderoso anestésico, cada paso era agonía.

