
CARMEN ESTEBAN. Este sábado 19 de septiembre de 2020 decidí dar un paseo por mi barrio en Getafe, con la intención de aprovechar los últimos días previos al inicio de los confinamientos de clase en la Comunidad de Madrid. No tenía nada que hacer en especial, pero noté la calle distinta, se respiraba tensión en las avenidas. La gente llevaba el ceño más fruncido de lo normal, y es que aunque seamos de enfado fácil siempre ofrecemos una sonrisa. Las conversaciones de los bancos parecían tertulias políticas, allá donde mirara veía y escuchaba indignación con la clase política. Y yo me preguntaba: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Hemos llegado hasta el punto de ignorar sin disimulo a la población, sin descaro. La población madrileña no cuenta, bueno, mejor dicho, la clase obrera. Nadie entendía cómo se había decidido confinar Getafe teniendo igual o menor índice de contagios que zonas como Madrid centro. Aunque una idea rebotaba por las cabezas de los getafenses, y era que les habían confinado por ser más pobres que el resto. Parece algo digno de la época feudal o de los Reyes Católicos, pero no, estamos ante una política actual de Ayuso y Aguado. La plebe o los campesinos siguen viviendo sometidos a la nobleza. Y es que aunque el Barrio de Salamanca o Majadahonda estén en las mismas condiciones que los distritos confinados, en ellos reside la nobleza, la clase alta, los intocables.









