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FEDERICO UTRERA. A veces las pandemias aprovechan para «renovar» la clase política: fue el caso de María II de Inglaterra (1694), José I de Alemania (1711), Luis I de España (1724), Pedro II de Rusia (1730) y Luis XV de Francia (1774). La Casa Real inglesa de los Estuardos desapareció y los Habsburgos quedaron muy disminuidos. La viruela, la gripe y el sarampión acabaron con las civilizaciones azteca y maya y de hecho el jefe inca Huayna Capac falleció por virus antes de que el hombre blanco pisara sus tierras: no fue la violencia española o portuguesa sino su mestizaje la que le dio alas. En América del Norte, los Padres Peregrinos y el tráfico de esclavos también la propagaron la viruela en 1620, según el estudio del cirujano y consultor sanitario internacional Omar Díaz. Cuando Pizarro llegó a Cuzco, la viruela, el sarampión y la gripe existían desde 10 años antes fruto de su alta densidad de población y el fluido intercambio con América Central, lo que propagó los virus hacia el Sur.
