
GREGORIO Mª CALLEJO. Hace dos años comencé a escribir en este mismo diario una serie de reflexiones en relación con algunos episodios crueles que nos ha dejado la Historia. Con la excusa de pensar sobre las razones de la crueldad, traje a colación a personajes como Olga de Rusia, Irene y Basilio (emperadores bizantinos), o un novelesco pícaro del siglo XVII, Estebanillo González. Retomo ahora la serie, para centrarme específicamente en nuestro país, y lo hago para hablar de la crueldad del castigo en esa España de la Edad Moderna en la que se escribió la novela antes citada. No pretendo aburrir con legislación vetusta y preilustrada. Sólo dar una estampa, a través de la novela del Siglo de Oro, de cómo se veía por nuestros escritores el fenómeno de la delincuencia y el castigo público. Fenómeno que está impregnado de un adjetivo: cruel. La crueldad es un eje mismo del sistema penal del Antiguo Régimen.









