
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 3 de octubre de 2025). Es Alejandro Amenábar un director de registro amplio del que me declaro fan con reservas. “Tesis”, “Los otros”, por ejemplo, me parecen películas más que memorables. “Ágora” o “Mientras dure la guerra”, buenas muestras de cine histórico “ma non troppo” [«alegre pero no demasiado»], bien que Karra Elejalde, en la última, me parezca un actor bastante impostado. Ahora bien “Abre los ojos” y –sobre todo– “Mar adentro”, con Bardem hiperactuado, me dieron la impresión de fruto baldío o pasado de rosca. Así que me fui a ver “El cautivo”, cervantista que soy y aun cervantino, con regocijo reservado, como los pronósticos aquellos. Y vi una película hermosa, en la manera, perfectamente digerible y digestiva, que nos muestra un Amenábar, en lo estético, preciosista. Dueño de todos los recursos para que el espectador, sin empacharse, salga del cine con esa alegría que la belleza produce. Hermosura en cada plano, en el texto, en el pretexto y aun en el contexto de quien sabe adornar una historia, y aquí hay varias como en esas muñecas rusas o cajas chinas, integradoras unas de las otras hasta formar un pequeño combo o conjunto. De manera que por ahí no hay problema alguno. “El cautivo” es unas película confortable/ reconfortante para quien guste del cine bien hecho.


