
VICENTE ARAGUAS. (La Habana, 13 de agosto de 2026). Mal de Cuba. Una canción del gran, inmenso Franco Battiato hablaba del “Mal de África” sufrido por quienes habiendo vivido allí experimentaban nostalgia por lo perdido. Algo semejante siento yo ahora, perdida, momentáneamente, esa Cuba por la que intuía amor y ahora sé que es mucho más que eso, un sentimiento agridulce que me llena hasta las raíces del alma, que me duele -también- al ver el desvalimiento que la Bella Cuba está sufriendo,. Sí, ya sé que el sistema político (ideología por encima de la economía, logros, escuela, sanidad, que se van perdiendo, libertades mínimas al pairo) necesita un “aggiornamento” urgente; luego, lo que quieran los cubanos, de dentro y de fuera, naturalmente. Pero lo realmente criminal es el asedio del vecino del Norte, mucho palo y ninguna zanahoria. Yo mismo, habanero de corazón durante 15 días, nunca me he sentido tan hostigado, como visitante de un país, por una potencia extranjera- EE. UU, el país que, como decía Moncho Borrajo, primero avisa y después acongoja. En estos días he visto gente, buenísima gente, reducida a mínimos. Tiendas y ¡farmacias! desabastecidas, ancianas intentando vender en la calle la dosis de insulina que habían conseguido para sí, basura hecha hogueras al atardecer en la Habana Vieja, hoteles cerrando a ritmo galopante, restricciones de luz salvajes, tráfico urbano a base de triciclos, museos vacíos, y échale hilo a una cometa demoledora y demolida. Cuba, señores, no se merece esto.









