
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 24 de septiembre de 2026). Misma Vieja Melodía. La misma vieja canción aquella de «The Four Tops» que nos recibe a la vuelta de un largo y cálido y aun tórrido verano que se niega a dar paso libre al otoño. Que reniega del ciclo estacional y se empeña en seguir en donde estaba, feliz de esa mordedura calórica que llamanos canícula. De perrita, sí, pero no en plan peyorativo, como podría parece, sino en honor de Sirio, estrella que al aparecer junto al Hermano Sol pone a este especialmente severo. Lo cual que yo, como tantos otros majariegos, puse pies en polvorosa con la ilusión de que al regreso el Bulevar de los Sueños Rotos (el Cervantes, destinado a ser, pero no, un punto de referencia, ética-estética, de la Majada) estará, cuando menos, en vía de solución. Pero… tampoco. El estafermo medio construido, como la vida aquella de Julito Iglesias, sigue igual, mostrando su esqueleto, bien que un tanto adecentado, y manteniendo la riqueza arbórea, plantada por el viento o por los pájaros, vaya usted a saber, que todo es mundo. Que todo es mundo en el Bulevar de los Sueños Rotos, donde se detiene gente dispar a dormir, precisamente sus sueños rotos; no, aquí no atamos perros con longanizas, en la cabaña rectangular pensada como establecimiento hostelero, y lo fue pero ahora no es nada. Y, ojo, que las maderas del suelo empiezan a resentirse y se perciben agujeros que no presagian nada bueno. Sugerí en su momento, en ella, una biblioteca o puesto de lectura que descongestionase la municipal.









