
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 5 de septiembre de 2026). Escaleras a lo Incierto. Usuario de la estación de Majadahonda suelo entrar/ salir de ella por el acceso que da a la carretera de El Plantío. Compañero, integrado, en la caterva de currelas que por ella transitan, yo, uno más en esa particular “Murga de los currantes”, que cantaba Carlos Cano, a quien tanto recordaba en mis días de La Habana por esa habanera maravillosa, letra de Antonio Burgos, que dice que “La Habana es Cádiz con más negritos/ Cádiz, La Habana con más salero.” De manera que por ese acceso, dejando el aparcamiento hiperbólico a un lado, subo a la vía número 2, la que me llava, por ejemplo, a Chamartín, adonde suelo ir, machadaniamente “ligero de equipaje.” Y, sin embargo, cuando vuelvo de Galicia, Ferrol-Coruña-Madrid- Majadahonda, lo hago bastante más cargado de lo que iba; libros, bastantes, parafernalia diversa, cosas varias que me hacen un poco porteador de mis atavíos. De modo que, una vez en la estación majariega, vía 1, Las Rozas-Príncipe Pïo, mi instinto me lleva a la entrada principal, a la que conduce (debiera) escalera mecánica, “fuera de servicio” casi desde los tiempos de María Castaña (un decir) o del Rey Carolo (otro tanto). No sé el tiempo exacto que lleva el artilugio mecánico sin uso pero lo suficiente para que en mis últimos viajes de vuelta de Galicia la eche en falta y, luego de jurar, no sé si en arameo pero sí en las lenguas que me son familiares, recompongo el paso y salgo de la estación por la salida que desemboca en la carrera de El Plantío.

Esto me lleva, definitivamente, a cuando esta estación no existía y sí en la proximidad un apeadero conocido como El Plantío/ Majadahonda. Hecho con motivo del enlace regio entre Victoria Eugenia Battenberg y Alfonso XIII, para que la que iba a ser reina de España pudiese ir directamente a El Pardo, su lugar de residencia antes del desgraciado casorio con quien lejos de amarla se dedico a los amores ni siquiera furtivos con consecuencias filiales bien conocidas. Lo cual que este apeadero acabó siendo restaurante de ciertas ínfulas. Si bien aún funcionaba como parada ferroviaria empezando los ochenta cuando en él me bajé de un tren procedente de Valladolid.


Y en esa línea férrea había un paso a nivel, que da nombre cariñoso a mi amigo y ferviente seguidor del Rayito Majadahonda: “José el del Paso”. Historias añejas de nuestra estación y antecedentes en los que sitúo a Mateo Morral, el regicida, en los días previos a su descomunal fechoría de la Calle Mayor, el dia de las bodas reales (31 de mayo de 1906), en mi libro de relatos “Majariegos”. Y es que Morral, andarín y aventurero, bien pudo estar en el apeadero, acechando a la pareja casadera aquel 26 de mayo de 1906, cuado “Ena” llegaba a El Plantío/ Majadahonda, acompañada desde la frontera franco-española por Alfonsito de Borbón.

No, no había escaleras por las que descender, que las mecánicas son de ahora. Las que en un alarde de gran desidia llevan tiempo y tiempo sin funcionar, “fuera de servicio” dicen los cartelitos. “Fuera de servicio perenne” señalo en la hoja de reclamaciones que un atento taquillero pone en mis manos para que me vaya despachando. En el interín canto por los bajines aquella canción de Led Zeppelin, que habla de una dama segura de que es oro todo lo que brille y que está comprando una escalera que lleve al cielo. Y yo, que no pido tanto, me conformo con reclamar una mecánica que funcione. Que la de nuestra estación es un petardo parada en el tiempo del Rey Carolo. O de cuando “Ena la Bella”, la que enamoraba al joven Alberti, acortaba el camino a El Pardo, bajando en El Plantío-Majadahonda. Sí.


La estación de Majadahonda parece una escena de una película post apocalíptica. La dejadez de los responsables es inadmisible. No es una estación accesible. Luego querrán que usemos el transporte público para ir a Madrid. Una vergüenza.
Muy de acuerdo, Roberto. Hoy el tema es la escalera mecánica. Seguiremos. Gracias y un saludo afectuoso.