
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 24 de agosto de 2026). La Habana. Dónde y cómo Dormir. Dormir “a pelo” en La Habana, sin aire acondicionado, o un ventilador potente enchufado al rostro del, de los durmientes, un dormir individual habanero parece oxímoron, es tarea bien dura. Y es que el calor húmedo, 27 grados aquí son los 35 de Madrid, y así seguido. Si a esto añadimos las continuas restricciones de luz, tipo posguerra española, la mía, la segunda, y no la olvido, el dormir en la capital de Cubita la Bella, es labor complicado. Los afortunados que dormimos en hoteles o casas de renta, lo más parecido a una pensión bastante confortable, lo tenemos más fácil. Laborioso el proceso de hallar hotel. Palmetada a las cadenas españolas que huyeron al dictado del loco de pelo naranja y adláteres dejando La Habana convertida en espacio yermo a estos efectos. Pero quedan lugares donde dormir. Por ejemplo el Habana Libre, donde pasé mis primeras noches este verano. Hotel histórico, creado por la cadena Hilton, nacionalizado después. Tiene el Habana Libre la cosa histórica de que en él el Comandante Castro mantuvo su primer despacho luego del 1 de enero de 1959, siendo, también, sede de la embajada soviética en algún momento. Se está bien en este hotel, vistas a la bahía. Lo menos simpático la recepción, o “carpeta”, pero donde encontré a Clara, una muchacha diligente y eficaz que facilitó mi estancia, tan habaneramente libre como es posible en tiempos amargos para toda Cuba.

DEL HABANA LIBRE PASÉ AL NACIONAL, pegado al mar, conservando en su ámbito el cañón Krupp con el que los artilleros españoles arañaron el buque yanqui “Montgomery”, 1898, canto del cisne, luego del “Maine” y del desastre después del bloqueo de Santiago de Cuba. El Nacional tiene, en sus céspedes y terrazas, pavos reales y gallos y gallinas de Guinea, que alborotan el ambiente con sus plumajes y carreras, cacareos y chillidos (de almas en pena decía mi madre ante los pavoneos acústicos del Parque Municipal ferrolano.) Lo cual que el Hotel Nacional tiene también mucha historia. Y por él, de Churchill para abajo, pasando por John Wayne, Ava Gardner o Cantinflas, se agitaron (o no) figuras, figurantes y figurones. Aconsejo de corazón el Nacional, ventana al mar de La Habana, para dormir el sueño plácido que en él también durmieron, veo en la panoplia de visitantes, Sarita Montiel o Javier Bardem, entre los españoles famosos que por aquí pasaron. Bañándome en la “piscina histórica”, hay otra popular, “del miau” como dice Julita González Guerra, pensaba en tanto cuerpo glorioso que en ella se sumergieron, antes y después de la Revolución del 26 de julio. El Hotel Nacional, por cierto, está muy bien de precio. Y tiene una recepcionista joven, Amalita, que es un encanto eficacísimo.

MI TERCER HOTEL, EN ESTOS DÍAS, RAZONES PRÁCTICAS, FUE EL CAPRI, ENTRE EL HABANA LIBRE Y EL NACIONAL EN EL VEDADO, SIEMPRE. Un hotel ligeramente “cascado” yo, también, más barato que los anteriores. Con piscina sencillita en el cielo del hotel. Donde se está bien, con decoración y estructura sesentera (inaugurado el 1957; otra Habana, otra Cuba). Hoy en día se mantiene bastante bien para las dificultades en un país donde el papel higiénico empieza a ser un lujo. Yo, al menos, dormí bien en él. Con apenas algún corte de luz. Peor lo llevan los sufridos habitantes de un pais, asfixiado desde el Norte y agobiado por la inercia de un sistema que se halla ante una encrucijada. Esperemos de la imaginación cubana y del apoyo de las naciones generosas un cambio radical. Para que todos puedan dormir, y alimentarse bien, en La Habana, Y en toda Cuba, Ita sit o asi sea. ¡Cuba sí!


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