
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 24 de agosto de 2026). Cuentos reales de Verano: Cuando la vida te regala un regreso. Este lunes 24 de agosto será un día luminoso en Majadahonda. No porque el sol vaya a brillar más que otros días, sino porque dos personas queridas, J. y L., van a sentir ese tipo de alegría que no se puede medir en grados ni en horas: la alegría de ver llegar a sus nietos pequeños desde el otro lado del charco, esta vez para quedarse definitivamente en el Oeste de Madrid, muy cerca de Majadahonda. Es un acontecimiento que transforma una casa, un barrio y hasta la respiración de quienes lo viven. Conozco a J. desde hace años, y sé que detrás de su serenidad hay una sensibilidad profunda, de esas que no necesitan palabras para expresarse. L., por su parte, tiene esa luz que solo poseen quienes saben acoger, cuidar y celebrar la vida en todas sus formas. Hoy, ambos se convierten en los protagonistas de una historia que no se escribe con tinta, sino con emoción: la historia del reencuentro, del abrazo que se esperaba, del futuro que por fin se acerca sin billetes de ida y vuelta. Me alegra verlos así, con esa mezcla de nervios y felicidad que solo aparece cuando uno sabe que algo bueno está a punto de ocurrir. Porque recibir a los nietos no es solo abrir la puerta de casa: es abrir la puerta del corazón. Es recuperar sonidos que parecían dormidos —las risas, los pasos pequeños, las preguntas infinitas— y es volver a mirar el mundo con la curiosidad de quien empieza a descubrirlo todo. J. me decía hace unos días que esta llegada es “como si la vida nos devolviera algo que nunca debió estar lejos”. Y tiene razón. Hay familias que se construyen en la distancia, pero se consolidan en la cercanía. Y cuando los nietos son pequeños, esa cercanía es un tesoro: cada gesto, cada juego, cada conversación mínima se convierte en un puente entre generaciones.

LA FELICIDAD DE LOS ABUELOS ES UN FENÓMENO CURIOSO. No es ruidosa, no presume, no exige. Es una felicidad que se instala en lo cotidiano: en preparar un desayuno, en acompañar al colegio, en escuchar un cuento mal contado, en ver cómo unas manos diminutas se aferran a las suyas. Es una felicidad que rejuvenece, que ordena prioridades, que devuelve sentido a cosas que parecían rutinarias. Cuando los nietos llegan de lejos, esa felicidad se multiplica. Porque no solo llegan ellos: llega la posibilidad de compartir tiempo, de transmitir historias, de enseñarles dónde está el parque, cuál es el árbol que da sombra en verano, dónde se compra el pan, qué vecinos saludan siempre y cuáles no. Llega la oportunidad de que los niños crezcan con raíces, con memoria, con afectos que no se conectan por videollamada, sino por presencia.
LOS ABUELOS SABEN ALGO QUE LOS PADRES, OCUPADOS EN MIL TAREAS, A VECES OLVIDAN: que la infancia pasa deprisa. Que los niños cambian cada semana. Que lo que hoy es un juego mañana será un recuerdo. Por eso los abuelos miran distinto. Miran con gratitud. Miran con paciencia. Miran con esa ternura que no compite con nada, porque no necesita demostrar nada. J. y L. van a vivir ahora esa etapa maravillosa en la que cada día trae una sorpresa. Un dibujo torcido, una palabra nueva, una caída sin importancia, una pregunta que desarma, una carcajada que contagia. Van a descubrir que los nietos pequeños convierten cualquier casa en un hogar más grande, más vivo, más verdadero. Y yo, que he visto muchas historias y he contado otras tantas, sé que esta merece ser celebrada. Porque no habla solo de ellos: habla de todos los abuelos que sienten que la vida les regala una segunda oportunidad para acompañar, para enseñar, para disfrutar. Habla de la fuerza silenciosa de la familia. Habla de la belleza de los regresos. J., L.: enhorabuena. Que este lunes sea el primero de muchos días felices. Que la llegada de vuestros nietos os llene de luz, de energía y de esa alegría serena que solo conocen quienes han aprendido que la vida, a veces, sabe devolver lo que más se quiere.


gracias Miguel por expresar tan maravillosamente la alegria que nos hacen sentir los nietos.
Disfruten de los nietos a tope mientras son niños .Después pasará como con los hijos, tendrán sus vidas en otros intereses y ese nuevo silencio será muy difícil de llenar con nuevas risas y juegos.
Como siempre Miguel gracias por tus palabras, por escribir los sentimientos de muchos con esa esa forma tan maravillosa de express Eli.
Como siempre Miguel expresas con mucha sensibilidad, emoción lo que supone la acogida y acompañamiento a los nietos.
Que bonito que emotivo y que acertado. Gracias.
Muy bonito Miguel. Cómo siempre muy acertado en tu análisis de cómo los abuelos nos sentimos con los nietos. Gracias!!
Así es Miguel, abrazo extensivo a los abuelos en este grupo de este «colega abuelo» en Bariloche, en la Patagonia Argentina.
Como siempre , historias que llegan muy hondo. Precioso Miguel, aprovecho para decir que ame a mis abuelos , eran tal cual lo describes , uno de mis abuelos cuando llegaba a pasar algunos días con nosotros , solo tenía tiempo para mi , jugábamos todo el día juntos , era fantástico . Gracias por este temazo Miguel