
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 18 de septiembre de 2026). Majadahonda en Fiestas y el miedo a la Inteligencia Artificial: una reflexión necesaria. Majadahonda está en fiestas. Las calles vuelven a llenarse de música, de familias, de risas y de ese bullicio que solo aparece cuando un pueblo se reconoce a sí mismo. Y, sin embargo, mientras aquí celebramos los festejos, fuera de nuestro entorno cercano se acumulan titulares inquietantes: grandes directivos de empresas tecnológicas advierten que la inteligencia artificial podría “acabar con la humanidad”. La frase es tan rotunda que, inevitablemente, genera preocupación. ¿Qué está pasando? ¿Por qué quienes lideran estas compañías hablan en esos términos? ¿Hay algo que debamos temer? Conviene bajar el volumen del miedo y subir el de la reflexión. Para empezar, la inteligencia artificial no es un ser, ni una conciencia, ni una voluntad. No tiene deseos, ambiciones ni intención de dominar nada. Es un conjunto de modelos matemáticos que procesan información y generan respuestas. No siente, no decide, no actúa por sí misma. La IA no quiere nada porque no puede querer nada. Lo que sí puede hacer es amplificar capacidades humanas: acelerar cálculos, analizar datos, ayudar en diagnósticos médicos, mejorar procesos educativos o facilitar tareas creativas. La herramienta es poderosa, sí, pero sigue siendo herramienta.

ENTONCES, ¿POR QUÉ LOS GRANDES CEOS HABLAN DE RIESGOS EXISTENCIALES? La respuesta es menos dramática de lo que parece. En realidad, esos mensajes tienen tres objetivos muy humanos. El primero es pedir regulación. Las empresas tecnológicas saben que la IA avanza rápido y que los gobiernos suelen avanzar despacio. Cuando un directivo dice que la IA “puede destruirnos”, lo que está diciendo, en términos prácticos, es: “Necesitamos reglas claras, límites y supervisión”. Es una forma de presionar a los legisladores para que actúen. No es una profecía, es una estrategia.

EL SEGUNDO OBJETIVO ES GESTIONAR EXPECTATIVAS. La Inteligencia Artificial, a la que ya se conoce popularmente por sus siglas IA, se ha convertido en un fenómeno global. Hay entusiasmo, inversión, titulares, promesas… Y los líderes del sector de la tecnología saben que, si no moderan el discurso, la sociedad puede esperar milagros que luego esa misma tecnología no puede ofrecer. Hablar de riesgos sirve para equilibrar el entusiasmo con prudencia. Y un tercer objetivo es la responsabilidad reputacional. Si algún día ocurre un problema —un mal uso, una manipulación, una aplicación dañina— las empresas quieren demostrar que ya habían advertido de los riesgos. Es una forma de protegerse ante futuros escenarios. No es miedo a la IA: es miedo a la responsabilidad.

MIENTRAS TANTO, AQUÍ EN MAJADAHONDA, LA VIDA SIGUE CON SU RITMO PROPIO. Las fiestas de Majadahonda que se celebran este año de 2026 nos recuerdan que la tecnología no sustituye lo esencial: la convivencia, la música, la conversación, la alegría compartida. La inteligencia artificial puede escribir textos, analizar datos o ayudar a un médico, pero no puede sentir el calor de una peña, ni el olor de la barbacoa de un puesto en la Gran Vía durante el Mercado Medieval o antes en las barras nocturnas, ni la emoción de ver a un niño subirse por primera vez a un castillo hinchable o cualquier otra atracción en el Recinto Ferial. La humanidad no está en riesgo porque la humanidad no es un algoritmo: es una experiencia. Lo que sí debemos hacer –y este es el mensaje que conviene transmitir desde un municipio que sabe pensar con calma– es usar la Inteligencia Artificial con criterio. Igual que usamos un coche, una medicina o una red social. Con responsabilidad, con sentido común, con supervisión. La tecnología no destruye sociedades: lo hacen los malos usos de la tecnología. Y esos usos dependen de personas, no de máquinas.

POR ESO, DESDE MAJADAHONDA Y DURANTE ESTAS FIESTAS 2026, QUIZÁ LA REFLEXIÓN MÁS SENSATA SEA ESTA: la inteligencia artificial no es un enemigo sino un desafío. No viene a sustituirnos, sino a obligarnos a ser más humanos, más críticos, más conscientes de lo que hacemos. Y si algo ha demostrado este pueblo a lo largo de su historia es que sabe adaptarse, sabe pensar y sabe convivir. La IA no va a acabar con la Humanidad pero sí puede ayudarnos a mejorarla si la usamos bien. Y eso, en medio de estas entrañables fiestas, es una buena noticia.


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