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Año Nuevo de Ferrol a Majadahonda: «el corazón en marea baja y la melancolía se curan saliendo a la calle»

Año Nuevo de Ferrol a Majadahonda: «el corazón en marea baja y la melancolía se curan saliendo a la calle»
Año Nuevo de Ferrol a Majadahonda: «el corazón en marea baja y la melancolía se curan saliendo a la calle»
«Me detengo, con nostalgia, ante el buzón que recogía mis cartas, tan de adolescente enamorado, tan prosa poética todavía tan tierna como los besos de aquella muchacha en los cines del Zoco de Majadahonda»

VICENTE ARAGUAS. (1 de enero de 2026). Desde Ferrol hasta Majadahonda. Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema. Esto no es mío sino de James Joyce, que no es mala referencia a la hora de las citas. Lo único que mi tema estos días es el Noroeste donde me hallo. Mi punto de partida, seguro, que el de llegada lo veo –afortunadamente– tan inseguro. No, en este último territorio no quiero ni espero seguridad alguna. Venga cuando venga y me sorprenda con el rostro alzado al cielo, si bien marchito (¡qué remedio!). Y la cosa es que vine a Ferrol huyendo, un poco, de los fríos secos y mesetarios para encontrarme aquí con una “friaxe” húmeda de las que se apoderan de los huesos, haciendo mella, dejando el corazón en marea baja como en Jacques Brel. Al volver, melancolía; éramos entonces tan jóvenes, y el mundo tan naranja pidiendo “comedme”, tan poeta ruso suicida luego de haber amado a Isadora Duncan. Y dejo a un lado las sábanas húmedas, los chillidos de las gaviotas en los tejados entrando en la casa a través de los aliviaderos, las baladas tristes en el fondo de los armarios con ropas antiguas que ya nadie volverá a ponerse. Y bajo a la calle.

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Desde Majadahonda: «La muerte de Brigitte Bardot, un mito erótico con 4 matrimonios que cada vez que se enamoraba creía que era para siempre”

Desde Majadahonda: «La muerte de Brigitte Bardot, un mito erótico con 4 matrimonios que cada vez que se enamoraba creía que era para siempre”
Desde Majadahonda: «La muerte de Brigitte Bardot, un mito erótico con 4 matrimonios que cada vez que se enamoraba creía que era para siempre”
«El culo de la Bardot, en línea con el de Harriet Andersson en “Un verano con Mónico”, de Ingmar Berman, tal como nos cuenta Woody Allen en algún lugar. Y yo doy fe, provinciana y diminuta, de la misma visión en algún “cine-club” de aquellos. Lo cual que viene de morir Brigitte Bardot»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 30 de diciembre de 2025). Cada vez que… Le tomo prestado el título a Carles Durán, aquel director de cine de la llamada “Escuela de Barcelona”, quien para nombrar una película suya acortó una frase de Brigitte Bardot. Esa de la que he echado mano tantas veces que debo a BB (quien se acaba de morir y por ella lanzo mi sniff, sniff más compungido) un “copyright” entregadísimo. La frase: “cada vez que me enamoro creo que es para siempre” es tan rotunda como azarosa fue la vida de BB; 4 matrimonios, el último con un particular, las otras con director de cine, Roger Vadim, actor, Jacques Charriere, playboy, Gunther Sachs, y échale hilo a la cometa de la multiplicidad sentimental. En la sombra aquel incógnito camarero de la Costa Brava con quien la joven Brigitte, jovencita, en viaje familiar, tuvo un “affaire”. El tipo en cuestión, he de entender que afortunado, eso que se llevó a la tumba. BB todo un pasado complejo, de actriz tan sexi como poco favorecida en una filmografía en la que me cuesta reconocer cosas memorables. “Vidas privadas”, (Malle), tal vez, si acaso “El desprecio” (Godard), y poco más. Al contrario que Marilyn Monroe, otro “sex symbol” aunque para mí fuese un tanto antañona. BB, en cambio, su imagen en bikini sucinto, a bordo del “Paris-Match” que entraba en casa de mis tíos maternos, despertó, avivando mi pupila, unas extrañas –por ascensionales– ansias preadolescentes. Ahora bien, “Con faldas y a lo loco”, “Niagara”, “La tentación vive arriba” o “Vidas rebeldes” (el ocaso de la diosa) nos hablan de una gran actriz que sabía –también. del “método”.

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Cuento de Navidad en Majadahonda con Antonio Flores y Amy Winehouse a la altura del antiguo Colegio San Luis Gonzaga

Cuento de Navidad en Majadahonda con Antonio Flores y Amy Winehouse a la altura del antiguo Colegio San Luis Gonzaga
«Antonio Flores y Amy Winehouse, almas y cuerpos gemelos en una lucha sin frutos contra los fondos bajos de la vida que empuja, arrastra, no cede ante la estupefacción más íntima, tan solitaria como una procesión de cofrades, tan solos, tan solos, como estar muriendo desde el nacimiento, todo tan definitivamente solitario»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 24 de diciembre de 2025). Cuento de Navidad. Flores para Antonio; esas que -inevitable- le poníamos a Antoñito los espectadores de “Flores para Antonio”, el docudrama que pasaban este domingo en el Zoco de Majadahonda. Cine de los domingos para el sentimiento del niño aquel que iba al cine en el descanso dominical, el único, en la ciudad de la lluvia, donde el agua había depositado verdín en la levita del marqués con gaviota en la cabeza, siempre, siempre. Dentro de la plaza esta estatua, ribeteada por palmeras, y en su borde el buzón que aún persiste. El buzón que albergaba las primeras cartas de amor de un muchacho tan ingenuo como los pinzones o los pardillos o esa paloma buchona que –amparada en su tamaño– cree mandar en las otras cuando son los gorriones, los más listos del barrio, los que se apoderan de los comistrajos caídos del combate de las palomeras que compiten con las palmeras en verticalidad y fracasan. Claro.

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Majadahonda Negra y luces navideñas: los sucesos más famosos ocurridos en la ciudad desde el «Descuartizador» al «Solitario» o «La chica de la curva»

Majadahonda Negra y luces navideñas: los sucesos más famosos ocurridos en la ciudad desde el «Descuartizador» al «Solitario» o «La chica de la curva»
Majadahonda Negra y luces navideñas: los sucesos más famosos ocurridos en la ciudad desde el «Descuartizador» al «Solitario» o «La chica de la curva»
Jaime Giménez Arbe “El Solitario” y Bruno “El Descuartizador de Majadahonda”, dos majariegos protagonistas de dos sucesos que impactaron a la opinión pública en toda España

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 14 de diciembre de 2025). Majadahonda Negra. No, no me refiero a que tengamos carencias lumínicas estos días navideños en la Majada, honda, hondísima en el corazón de quienes la moramos/ amamos. Ni nos falta pero tampoco nos sobra. Que aquí no competimos en derroche chabacano, en lucerío caro, vano y molesto como hacen otras ciudades. La que más, me temo, el Vigo de mi Galicia natal. A cargo de un caballero un tanto chiquilicuatre, que igual baila una pantomima de “break” que larga cuentas atrás en un idioma chapucero,entre gallego, español y un inglés como del Príncipe Gitano cantando “In the Ghetto”. ¡Qué pena! Aquí, mejor, se ilumina lo justo y no hay villancicos en bucle agrediendo los oídos ciudadanos. Algo así. Pero de lo que quiero hablar hoy es de la Majadahonda que, de vez en cuando, salta a los medios por ciertos sucesos que estremecen y que nos hacen desear anonimato en las páginas cruentas.

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Desde Majadahonda: «Los cipreses majariegos, nuestra Avenida España, el Bulevar Cervantes y la Plaza de la Constitución»

Desde Majadahonda: «Los cipreses majariegos, nuestra Avenida España, el Bulevar Cervantes y la Plaza de la Constitución»
Desde Majadahonda: «Los cipreses majariegos, nuestra Avenida España, el Bulevar Cervantes y la Plaza de la Constitución»
«Vuelvo caminando y, mientras fotografío cipreses centinelas me encuentro con Goyo, jugador que fuera en aquel “Plus Ultra” de lejano recuerdo, seguidor fiel de Majadahonda Magazin (MM), lo que nos honra. Y pues me coge en domingo, día en el que basta –o debiera- con la ternura, les dedico a él y a su esposa el soneto maravilloso de Gerardo Diego al ciprés de Silos: “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/ que acongojas el cielo con tu lanza/ chorro que a las estrellas casi alcanza/ devanado a sí mismo en loco empeño.”

VICENTE ARAGUAS. Cipreses Majariegos. Vuelvo del “Go Fit”, hoy me atendía Vivi (que no Bibi como escribí el otro día), gentileza colombiana en estado puro, hacia el Valle por antonomasia, ese declive de la Majadahonda (solo por el nombre ya vale la pena vivir aquí) en donde resido. Vuelvo caminando y, mientras fotografío cipreses centinelas me encuentro con Goyo, jugador que fuera en aquel “Plus Ultra” de lejano recuerdo, seguidor fiel de Majadahonda Magazin (MM), lo que nos honra. Y pues me coge en domingo, día en el que basta –o debiera- con la ternura, les dedico a él y a su esposa el soneto maravilloso de Gerardo Diego al ciprés de Silos: “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/ que acongojas el cielo con tu lanza/ chorro que a las estrellas casi alcanza/ devanado a sí mismo en loco empeño.” Simplemente les digo el primer cuarteto, que no hay que abusar, ni siquiera en día en el que yo ando cazando cipreses. Un árbol, este, que mantiene idéntica prestancia todo el año. Y que, con buen criterio por parte de quien ordenó plantarlos, llenan de elegancia aquellos lugares nuestros a los que dan verticalidad vegetal. “La sombra del ciprés es alargada”, aún no el gran Delibes sino en vías de serlo o “Los cipreses creen en Dios”, del tan injustamente olvidado José María Gironella, como muestras literarias así, a bote pronto del “Cupressus sempervirens”. Siempre verde; de manera que aquí tenemos, perenne, perenne, esta maravilla asociada, ¡vaya por Dios!, a los cementerios. Los cipreses tan aparentemente severos, elegantes como algunos poetas de la estética del silencio. Y apetece glosarlos o. al menos fotografiarlos en el camino de vuelta a casa donde me encuentro con los cáducos plátanos de paseo, “Platanus hispanica”, los últimos en perder la hoja, los postreros en volver a ella.

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De Majadahonda a la aún más fría Córdoba «donde estuve a punto de irme al Valle de Josafat en agosto por hipertermia»

De Majadahonda a la aún más fría Córdoba «donde estuve a punto de irme al Valle de Josafat en agosto por hipertermia»
De Majadahonda a la aún más fría Córdoba «donde estuve a punto de irme al Valle de Josafat en agosto por hipertermia»
«Vuelvo a Córdoba en días de frío gélido, incluso en el lugar donde pasé los mayores calores de mi vida. Aquel mediodía de agosto en Medina Zahara, cuando estuve a punto de irme al Valle de Josafat por hipertermia»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 28 de noviembre de 2025). Romana y Mora, Córdoba. Vuelvo a Córdoba, una de las ciudades donde más veces me he perdido (y encontrado), por razones que no hacen al caso; todo es mundo. Vuelvo a Córdoba en días de frío gélido, incluso en el lugar donde pasé los mayores calores de mi vida. Aquel mediodía de agosto en Medina Zahara, cuando estuve a punto de irme al Valle de Josafat por hipertermia. Aquella tarde en las Tendillas cuando creí morir a la vista del Gran Capitán, cabeza de “Lagartijo”, dizque. Pero esta vez llego a Córdoba, en ferrocarril, 2 horas desde Atocha, bien poco, con frío, que procuro ahuyentarlo sentado al solecillo del Parque de la Agricultura, banco de hierro y azulejos. Muy cerca el monumento a Julio Romero de Torres, luego me acercaré a su museo. Amo a este pintor, inmenso, dueño de una contención hiperbólica, cordobés (como Séneca o Góngora o el Duque de Rivas) capaz de sobrevivir, como García Lorca, a sus imitadores, también a los cromos de los candelarios e incluso a “La morena de la copla”: ya se sabe, “Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena…” Y como él, Córdoba sobrevive, en este caso a la riada turística, mejor que otras ciudades europeas, Praga, por ejemplo, que acabará muriendo de éxito. Como nuestro Madrid, insoportable su centro en estos días.

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Los gimnasios y monitores de Majadahonda y la calle Benavente como «trinchera de desidias»

Los gimnasios y monitores de Majadahonda y la calle Benavente como «trinchera de desidias»
Los gimnasios y monitores de Majadahonda y la calle Benavente como «trinchera de desidias»
«Y lamento que la calle Benavente siga siendo trinchera de desidias con esas losas arrancadas del la acera, y que mes tras mes continúe en el mismo estado de abandono. Lo denuncio aquí, mes tras mes y todo sigue igual. ¡Ay, esos vecinos de verdad, majariegos de cuna o no, que han de luchar, de verdad, por nuestra Majada! Y en el Go Fit, mientras, disfruto de la compañía vigilante de Javi, Elena, Christian, Bibi y la Doctora Yari, que vino de Venezuela y tiene un niño tierno como su edad, con la que a veces me encuentro al borde de de la piscina o en los buses y hablamos de qué pena esa Venezuela, que debiendo de ser próspera tiene a sus hijos, por millones, ganando el pan amargo del destierro»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 23 de noviembre de 2025). Un año ya separados. Y no diré que en el corazón las heridas abiertas, como en aquella canción del otro lado del mar, más que cantada, interpretada por María Dolores Pradera. Se fue hace años, ya no está con nosotros, pero sigue. En cambio el Muladhara ya no vuelve, tan fantasma como los cines urbanos de pueblo, cuando la Majada pueblo era. Tenemos el Zoco, naturalmente, otra cosa, y los multicines del Carralero. Otra historia, también. El Muladhara, lo que quedaba de él, se nos fue hace un año casi. El 6 de diciembre primer aniversario del luto y naufragio, de la isla con palmerita y náufrago barbudo con caña de pescar improvisada, y tiburones alrededor al acecho, siempre acechando. Lo que de nuestro gimnasio queda, un páramo muerto de risa donde nadie hace nada. Un aparcamiento, se dijo, pero no, que aquí reina la soledad más absoluta, cuando no el olvido. Y la gente que lo poblaba, me dicen, por gimnasios de la zona, uno de ellos, sin piscina, claro, regentado por Macu y Mario; amigos os recuerdo con el mayor de los cariños. No os veo, no, pero os siento, al cabo, lo mismo, casi. Yo me fui, hace un año pronto, al Go Fit. Y debo decir que me siento feliz. A mis años, muchos, casi los de Carracuca porque Matusalén me queda lejísimo, sigo nadando. Bastante. Descargando endorfinas y mucho mejor cuando salgo del agua que al entrar en ella. Unos mil metros diarios. Y no más porque debo llegar al Carralero, caminando o en autobús, en guagua como dicen canarios o cubanos. Y nado y me siento auxiliado por esa espléndida panda de monitores, socorristas, doctoras, incluso, que pululan por Go Fit y que me hacen mucho más amable el tránsito de hombre atribulado por las ocupaciones al ser feliz que se sumerge y nada, crol espalda y braza, la mariposa para la juventud avezada y que se contorsiona, para salir después hecho un brazo de mar, y nunca mejor dicho. Y dejar que entonces lo sacudan los cañones de agua, un poco como aquellos con que los “grises” nos atizaban en las manifestaciones insurgentes, cuando el mundo era la naranja del poeta Esenin pidiendo que nos la comiésemos a bocados y la dictadura, oxidada, no terminaba de caer. Tiempos. Los de hoy piden que seamos los vecinos los que arreglemos lo que los foráneos no quieren (más que no pueden).

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Una obra de teatro sobre Antonio Machado en Las Rozas: «función sumamente didáctica que le encantó a la muchachada»

Una obra de teatro sobre Antonio Machado en Las Rozas: «función sumamente didáctica que le encantó a la muchachada»
Una obra de teatro sobre Antonio Machado en Las Rozas: «función sumamente didáctica que le encantó a la muchachada»
Una obra de teatro sobre el poeta Antonio Machado: «Y yo iba a Las Rozas, el otro día, acompañando a los chiquitos de Colegio Logos, y acompañado, bien acompañado, de los profes, Cris, Silvia y Álex, para ver una función sumamente didáctica, que le encantó a la muchachada»

VICENTE ARAGUAS. (15 de noviembre de 2025). Machado en Las Rozas. Ojo, digo Machado, por Antonio, pero también podría decir Manuel. Pena que la guerra civil (los que la llaman incivil no hacen sino camuflar semejante tragedia a través de un pleonasmo) separase a dos hermanos tan liberalmente unidos; el poema de Manuel a Franco no fue sino subterfugio y el de Antonio a Líster un remedo poético. Pero la cosa es que la biografía del mayor de los Machado da para poco, la de Antonio para mucho. Tal como volvimos a ver el otro día, en el Auditorio Joaquín Rodrigo de Las Rozas, en espectáculo muy surtido, a cargo de la Compañía Ibérica de Danza, “residente” en dicho auditorio. Muy variado, digo, bien que el baile sea elemento central en la función titulada: “Se hace camino al andar…” Título, ya se ve, previsible pero, queramos o no, inevitable al citar a Don Antonio. De manera que al final, con los siglos, se acabará perdiendo el nombre del autor, incorporada al acervo popular. Y es que, ya lo dijo Manuel Machado: “Hasta que el pueblo las canta/ las coplas, coplas no son/ y cuando las canta el pueblo,/ ya nadie sabe el autor.” Pero, ya se sabe, al personal hay que darle, al menos de entrada, lo consabido. Y yo iba a Las Rozas, el otro día, acompañando a los chiquitos de Colegio Logos, y acompañado, bien acompañado, de los profes, Cris, Silvia y Álex. Para ver una función sumamente didáctica, que le encantó a la muchachada. Porque combina música, textos, poemas, dicción, locución y, sobre todo, danza, a cargo de tres danzarines: una muchacha, espléndida, también cuando para ilustrar la estancia machadiana en París se toca con la boina tan francamente nerudiana del Poema VI de los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”: “Te recuerdo como eras en el último otoño/ eras la boina gris y el corazón en calma…”. Su “partenaire”, igualmente acertado a la hora de encarrilar tangos o chotis por la vía correcta.

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De Majadahonda al Palacio de los Deportes con Vicente Araguas para ver el último concierto de Joaquín Sabina

De Majadahonda al Palacio de los Deportes con Vicente Araguas para ver el último concierto de Joaquín Sabina
De Majadahonda al Palacio de los Deportes con Vicente Araguas para ver el último concierto de Joaquín Sabina
«Y nos dieron las diez (y media), luego de un concierto que duró un par de horas, con apenas un descanso de dos canciones para Sabina. Y salíamos a Felipe II, Andrea, mi anfitriona, y yo mismo, arropados por un gentío feliz, con esa alegría que la belleza causa. Y del metro Goya a Moncloa. Y de aquí a Majadahonda»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 12 de noviembre de 2025). Un Cadáver Exquisito. Nada puede gustar más a mis aprendices de Poesía que jugar conmigo a aquel juego dadaísta, el papá, Tristan Tzara, consistente en que cada partícipe escriba en un papel cualquier palabra, sustantivo o adjetivo, que –agrupadas por un secretario– vendrán a las manos del árbitro, el profe para el caso, quien pondrá las conjunciones, preposiciones o artículos necesarios para que los versos resultantes tengan una cierta lógica (tampoco excesiva.) El primero de aquellos poemas dadaístas rezaba: “Un cadáver exquisito.” Y eso se me ocurre después de escuchar (y ver, opípara escenografía, monumental sonido, el del concierto llamado “Hola y adiós”) a Joaquín Sabina, en el Palacio de los Deportes madrileño. Sí, ya sé que ese recinto tiene otro nombre, posterior al que tuvo años atrás, pero yo prefiero el habitual del edificio alzado donde estuvo aquella Plaza de Toros, posterior a la de la calle de Alcalá, y anterior a la de Ventas. Y allí me acomodé el otro día, sentaditos todos, que el pueblo sentado está más descansado (y -por lo tanto- proclive a la paz y el amor), a disfrutar una despedida continuada que, cruzo los dedos, no será para tanto. Pues este cadáver exquisito puede y debe dar mucha paz, camuflado bajo los diferentes sombreros con que se tocó según avanzaba el concierto. Arropado, y nunca mejor dicho, por una banda muy competente, cuerda, percusión y viento, y una corista andaluza que se llama Mara Barros y sostiene los trinos de su “boss” si estos en algún momento decaen.

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