
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 8 de febrero de 2026). Baldosas y Gatos. No tienen las baldosas el mismo valor literario que los gatos, estos que en los días de frío, de viento criminal, a veces, que tal parece puñal de cristales rotos cuando no de hielo, ya no se dejan ver en el estafermo Hernán Cortés con Pizarro. Dos conquistadores extremeños, Medellín y Trujillo, hidalgo y porquerizo. Pizarro, justo donde el “abarrote” de Alcampo regentado, precisamente, por peruanos, ella, Luz, todo un carácter. Pero los gatos no están a la vista estos días de frío de un invierno de antes. Y los gatos, los de siempre, tan individualistas, tan descocados en sus preferencias, tan –si queréis– sibaritas y aun casquivanos. Sigue, claro, ese monstruo desolador y desolado, un insulto en días de escasez de viviendas, en el país de las “regiones devastadas”, luego de la triste guerra (pleonasmo). Y duele ver cómo la España que une filas, o tal parece, en las tragedias colectivas, luego se polariza y pone, cuando menos, la mueca (ni siquiera gesto) guerracivilista a las primeras de cambio. Y en el edificio por concluir solo moran los gatos, lejos de la mirada en estos días de invierno frío, como antes de antes.









