
«No nos dejan beber alcohol, ni fumar, ni salir solos, ni andar sin bastón (los que pueden), ni hacer cualquier otro tipo de «excesos»…
JOSE Mª BABOT. (Majadahonda, 8 de abril de 2026). La Longevidad. ¿Qué es esto? se preguntarán quizás algunas personas. Pues esto, para los que están «in albis» es, ni más ni menos, el haber cumplido la edad de 90 años y de ahí para arriba. Yo ya voy subiendo la escalera. Pero ¿qué es y cómo se encuentran los metidos en esa palabreja?. Todos nos encontramos, más o menos, como un día antes de la –para mí– fatídica fecha: cumplir la cifra de los 90. ¿Qué les pasa a ellos y cómo se comportan con los cumplidores de esa cifra?. Los que llegamos a celebrarla, de momento no nos atañe, pero sí llevamos dentro de nosotros un cartelito que nos avisa de «no hagas esto», «no comas de eso», «no corras», etc, etc… Sin embargo, los que la llevan peor, aunque disimulen y digan que no, son los que están alrededor de los longevos, ya que siguen pendientes de lo que hacemos o vamos a hacer, sobre todo la mujeres, que no nos dejan beber alcohol, ni fumar, ni salir solos, ni andar sin bastón (los que pueden), ni hacer cualquier otro tipo de «excesos» según ellas, cuando de todos es bien sabido que un vasito de vino no hace nada de daño… Pues ni eso. Cumplida esa edad, el cuerpo queda bastante deteriorado, por los excesos –o no– cometidos con anterioridad, por ejemplo, el fumar que nos destroza, el beber en demasía, que también, el correr maratones, y otros que no se me ocurren ya…
PERO ESTÁ LO PEOR DE LO PEOR PARA NOSOTROS Y ES QUE NO NOS QUIEREN EN NINGÚN SITIO. ESTORBAMOS. Vas a apuntarte a cualquier sociedad médica y te echan para atrás de un soplo. Vas al metro y se levantan los bien educados, y eso martiriza, por lo menos a mí. Entras en una bar a degustar una cerveza o un vasito de vino y como poco te miran extrañados y a veces la «mestressa» te pregunta: «¿ya puede Vd. beber?». Luego viene lo peor de lo peor: que unos chicuelos nacidos ayer –es un decir–, camareros o lo que quieran ser, te preguntan: «¿hola chicos, que queréis tomar?». ¿»Chicos«, me llama un chavalín de recién cumplidos 18 añitos?. Nos pierden el respeto, y a más de uno le he llamado la atención y le he dicho que soy una persona mayor y se me debe una cortesía. El que lo entiende mejor, pide disculpas, y los que no, dan media vuelta se van y no vuelven a preguntarte qué deseas tomar.
PERO LA VERDAD DE SI ESTAMOS CÓMODOS Y TRANQUILOS ES QUE, MIRADO DESDE NUESTRO PRISMA, PUES SÍ: PESAN, Y MUCHO, ESA CANTIDAD TAN ENORME DE AÑOS ENCIMA DE LAS ESPALDAS. Y la responsabilidades que hemos tenido y que todavía tenemos, aunque tengamos esa cifra tan fuerte de años en el carné de identidad. Y es, pensándolo bien, muy duro y fuerte, y aunque parezca mentira y queramos escondernos, nuestros familiares las pasan algo canutas porque sin querer nos sabemos escabullir de los vetos que nos imponen. Y así nos siguen pasando los días. Eso no quita para que en mis salidas diarias me fije, y bien, en cómo tiene a nuestra ciudad, esa gran Majadahonda, la aprendiz de alcalde que nos han colado sin que nos demos cuenta. Siguiendo con sus desaguisados, siguen las letras mal puestas en el letrero de «Majadahonda«, que hoy me he dado cuenta que, aparte de la «J» y las «D», hay otra más, la»N» que está fuera de sitio y se me saltó por estar ofuscasdo con el letrerito. Y una preguntita más: ¿para cuando está previsto por ese dechado de ediles, con su aprendiz al frente, arreglar los setos, parterres y demás denuncias que se han hecho en este Magazin?. Mientras me vayan cayendo los días, uno tras otro, y tenga fuerza para andar, leer y escribir, seguiré dando la tabarra con ello. Y espero que a quien se lo digo recoja el guante y actúe con diligencia y veracidad, que los días van pasando para todos, longevos y no longevos…





Animo!