A 300 km desde Majadahonda por la A-5 (aproximadamente 3 horas en coche), un palacete del siglo XVI en Cáceres ha resucitado bajo el paraguas de Hilton con una idea singular: tender un puente entre la Extremadura monumental y el Perú virreinal.

LIDIA GARCIA. (Majadahonda, 10 de mayo de 2026). Viajes: Escapadas con sello. Palacio de Godoy: la casa del indiano renace en Cáceres como el 5 estrellas más evocador de Extremadura. A poco más de 3 horas de Madrid, un palacete del siglo XVI ha resucitado bajo el paraguas de Hilton con una idea singular: tender un puente entre la Extremadura monumental y el Perú virreinal. Hablamos de una apertura que ya está dando que hablar. Hay aperturas hoteleras y hay aperturas que, además, cuentan algo. La del Palacio de Godoy Cáceres, Curio Collection by Hilton, pertenece sin duda al segundo grupo. El edificio, levantado a mediados del siglo XVI junto a la Plaza Mayor y frente a la Iglesia de Santiago, acaba de estrenar vida como cinco estrellas tras cerca de treinta meses de obras y una inversión próxima a los 14 millones de euros. La operación ha sacado a la luz uno de los palacetes indianos más bellos de la ciudad vieja, en un año en el que Cáceres celebra sus 4 décadas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y figura entre las candidatas a Capital Europea de la Cultura 2031.

Imprescindibles: atardecer en la azotea, spa con circuito de aguas, cena en Mamay Aldana y cóctel en el bar Virú.

LA HISTORIA ARQUITECTÓNICA DEL EDIFICIO MERECE, DE POR SÍ, UN CAPÍTULO APARTE. Su promotor fue Francisco de Godoy Aldana, un joven cacereño que apenas cumplidos los 22 años embarcó hacia las Indias y terminó sirviendo como lugarteniente de Francisco Pizarro cuando llegó a Perú. Llegó a ser alcalde de Lima en dos ocasiones y, como tantos otros de su generación, regresó a la península enriquecido y decidido a levantar una casa a la altura de su nueva condición. No llegó a verla terminada —la muerte le sorprendió antes de que las obras concluyeran—, pero sus descendientes completaron el proyecto en las décadas siguientes. Cuatrocientos setenta años después, aquella casa del conquistador se abre por fin al público con otra vocación: acoger a quienes busquen escaparse del ruido por un fin de semana. UN DIÁLOGO ENTRE EXTREMADURA Y PERÚ: El proyecto ha sido impulsado por Scipion Real Estate, la inmobiliaria hispano-peruana, y reconstruye con fineza esa biografía transatlántica. La huella andina aparece en cada recodo: murales cerámicos inspirados en la cultura mochica, telares peruanos pintados a mano que hacen las veces de cabecero, una carta con pisco, café ecológico y tarta tres leches de Arequipa, y unos jardines firmados por el codiciado paisajista Álvaro de la Rosa que combinan plantas autóctonas con especies americanas, en un guño evidente a los jardines limeños de los siglos XVI y XVII. Bajo el suelo, un manantial de agua mineral brota de forma natural y regala al conjunto una discreta banda sonora.

En los salones conviven lámparas sobredimensionadas, muebles de autor y una selección rotatoria de arte contemporáneo: estos días, el estallido cromático lo firma el pintor portugués Pedro Calapez

LA OTRA CARA DE LA MONEDA ES LA COLECCIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y LA ARTESANÍA EXTREMEÑA, MIMADA HASTA EL DETALLE. La vajilla procede de Terracota Mérida, las tinajas se encargaron a Torrejoncillo y una espectacular colección de gorras de Montehermoso recibe al viajero en la entrada. Incluso los uniformes del personal toman como punto de partida el clásico pañuelo extremeño de cien colores. El director general del hotel, Jaime Garrido, insiste en que cada pieza ha sido elegida con cuidado y producida a medida, una máxima que se percibe nada más cruzar el umbral. En los salones conviven lámparas sobredimensionadas, muebles de autor y una selección rotatoria de arte contemporáneo: estos días, el estallido cromático lo firma el pintor portugués Pedro Calapez. Hay un detalle que conmueve a los cacereños y que el equipo del hotel cuida especialmente: Del claustro maternal al refugio de lujo. Durante 30 años, este mismo claustro albergó la Casa de la Madre, la primera maternidad pública de la ciudad. Por estos arcos de medio punto, bajo los mismos escudos de armas y gárgolas, vinieron al mundo alrededor de veinticuatro mil niños. La rehabilitación ha conservado la memoria como parte del relato, lo que explica el silencio casi reverencial que se instala en el patio principal al atardecer, cuando los cómodos sofás y las esculturas escondidas en las esquinas invitan a quedarse.

Habitaciones, spa y una azotea con vistas a un skyline milenario con cócteles espectaculares

HABITACIONES, SPA Y UNA AZOTEA CON VISTAS A UN SKYLINE MILENARIO CON CÓCTELES ESPECTACULARES: El hotel suma 73 habitaciones y suites —desde 140 euros la noche— de aire cálido y contemporáneo, en las que el diseño peruano se cuela sin estridencias. La joya de la corona es la suite Godoy, con un balcón esquinero en una de las torres defensivas que quizá sea el gesto arquitectónico más elocuente del poderío del antiguo señor indiano. Quien busque relajarse encontrará un spa con piscina interior y circuito de aguas, así como un gimnasio de última generación con los estándares propios de la marca. Pero el verdadero broche lo pone la azotea. No existe otra igual en Cáceres: se eleva sobre la piedra dorada de la ciudad vieja, abraza con la mirada la torre de Santiago y, cuando el sol desaparece por el oeste, se convierte en el mejor mirador posible para brindar con un pisco en la mano, ya que los cócteles son la especialidad de la casa.

La historia arquitectónica del edificio merece, de por sí, un capítulo aparte. Su promotor fue Francisco de Godoy Aldana, un joven cacereño que apenas cumplidos los 22 años embarcó hacia las Indias y terminó sirviendo como lugarteniente de Francisco Pizarro cuando llegó a Perú.

EN LO GASTRONÓMICO. El bar Virú, abierto al jardín, es una de las estampas más bonitas del conjunto y un lugar idóneo para un cóctel de media tarde. El restaurante Mamay Aldana, bajo la dirección del chef Antonio Manuel Céspedes, rinde homenaje a la cocina extremeña con guiños peruanos: un soufflé relleno de Torta del Casar con Denominación de Origen Protegida causa impresión, y la presa cien por cien ibérica a la brasa pide repetir. Si se aventura a salir del hotel, las 3 estrellas Michelín del restaurante Atrio rondan los 150 euros aunque puede subir a los 300 euros con la carta de vinos pero con los mismos equipos de cocina tiene una segunda marca de 50/60 euros que es el Torre de Sande. A 3 HORAS DE MADRID: RECOMENDACIONES PARA AUTOPISTAS Y APARCAMIENTOS. Desde Majadahonda son poco más de 300 kilómetros por la A-5, una distancia cómoda para una escapada desde 1 a 2 o 3 noches que permite además recorrer y pasear por la ciudad monumental, acercarse al Museo Helga de Alvear, la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballestero o perderse por las dehesas del entorno para ver el Museo Vostell de videoarte en Malpartida, a 6 kilómetros de la capital. En una primavera en la que Cáceres vuelve a mirarse en el espejo de su historia, el Palacio de Godoy aparece como la mejor excusa para redescubrirla: un hotel que no se limita a ofrecer alojamiento, sino que propone un viaje dentro del viaje. Entre 2 continentes, entre 2 épocas y, sobre todo, entre la piedra y la luz.

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GUÍA PRÁCTICA. Dónde: Palacio de Godoy Cáceres, Curio Collection by Hilton. Plaza de Santiago, Cáceres. Desde: 140 € la noche (73 habitaciones y suites). Cómo llegar: Unos 300 km desde Majadahonda por la A-5 (aproximadamente 3 horas en coche, preferentemente por autovía de pago por tan solo 3 euros). Para aparcar: preferentemente parkings del hotel o de pago o en zonas libres de limitación horaria (ORA). AVE hasta Plasencia y traslado, alternativa cómoda. Imprescindibles: atardecer en la azotea, spa con circuito de aguas, cena en Mamay Aldana y cóctel en el bar Virú. No se pierda: la suite Godoy, con balcón esquinero en la torre, y la colección rotatoria de arte contemporáneo (actualmente, Pedro Calapez).

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