«Leer un poema es detenerse. Es permitir que una imagen, una metáfora o un ritmo nos atraviesen. Nos enseña a mirar con atención: una hoja que cae, una luz al atardecer, una conversación que cambia el rumbo de un día. La poesía nos recuerda que la vida no es solo productividad y urgencia, sino también contemplación y profundidad»

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 21 de marzo de 2026). La poesía: una necesidad del alma en el mundo de hoy: 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía.La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”, escribió Federico García Lorca. Y quizás en esa frase se encierra una de las verdades más profundas sobre el poder de la palabra poética: la poesía no se impone, se siente; no se explica, se vive. Cada 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, una fecha dedicada a reconocer el valor universal de la palabra poética y su capacidad de unir culturas, lenguas y generaciones. No es casual que esta conmemoración coincida con la llegada de la primavera: la poesía también florece, renace y nos recuerda que siempre es posible volver a empezar.

Miguel Sanchíz

DESDE LOS ORÍGENES DE LA HUMANIDAD, LA POESÍA HA ACOMPAÑADO AL SER HUMANO. Antes incluso de la escritura, los pueblos transmitían su historia, sus creencias y sus emociones a través de versos orales. La poesía fue memoria colectiva, identidad compartida y forma de preservar lo esencial. En ella se guardaban los mitos fundacionales, las hazañas, los sueños y los temores. Pero más allá de su valor histórico, la poesía sigue siendo hoy una herramienta profundamente humana. Nos ayuda a nombrar aquello que a veces no sabemos cómo expresar: el amor, la pérdida, la esperanza, la incertidumbre, la alegría. Un poema puede condensar en unos pocos versos lo que el corazón tarda años en comprender. Ilumina lo invisible y pone palabras a lo que sentimos en silencio. EN UNA SOCIEDAD MARCADA POR LA VELOCIDAD, LA INMEDIATEZ Y EL RUIDO CONSTANTE, LA POESÍA REPRESENTA UN ACTO DE PAUSA. Leer un poema es detenerse. Es permitir que una imagen, una metáfora o un ritmo nos atraviesen. Nos enseña a mirar con atención: una hoja que cae, una luz al atardecer, una conversación que cambia el rumbo de un día. Nos recuerda que la vida no es solo productividad y urgencia, sino también contemplación y profundidad. Su influencia en el ser humano es tan emocional como intelectual. Estimula la empatía, despierta la sensibilidad y fortalece la inteligencia emocional. Cuando leemos un poema, entramos en la mirada de otro; cuando escribimos, exploramos nuestro propio universo interior. En ese intercambio íntimo, la poesía crea vínculos invisibles que nos conectan más allá de las diferencias. A lo largo de la historia, además, la poesía ha sido una forma de resistencia. Los poetas han alzado la voz frente a la injusticia, han defendido la libertad y han dado palabra a quienes no la tenían. La palabra poética puede ser suave como una brisa, pero también firme como una convicción. Puede consolar, denunciar, cuestionar y transformar.

HOY MÁS QUE NUNCA, EL MUNDO NECESITA POESÍA Y NECESITA POETAS. En tiempos de polarización y deshumanización, la poesía puede tender puentes. Nos recuerda que, más allá de ideologías y fronteras, compartimos emociones universales. Nos invita a escuchar con más atención, a sentir con más profundidad y a pensar con mayor conciencia. Celebrar el Día Mundial de la Poesía no significa solo leer un poema ese día. Significa reconocer que la poesía forma parte de nuestra vida cotidiana: en una frase que consuela, en una palabra que inspira, en un gesto que emociona. No es un lujo reservado a unos pocos; es una necesidad del alma. Mientras exista el ser humano, existirá la poesía, porque siempre necesitaremos palabras que nos ayuden a comprender quiénes somos y hacia dónde queremos ir. En Majadahonda, como en cualquier rincón del mundo, la poesía sigue viva en quienes leen, escriben y sienten. Y eso, sin duda, es motivo de celebración.

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