Una costumbre de Escocia para San Valentín: «Y llegados a este punto voy a hacer como mis alumnos escoceses para dedicaros a quienes me hacéis el favor de leerme, a bordo de este vehículo magistral que es Majadahonda Magazin (MM), una tarjeta valentina. Porque de nada valdría el esfuerzo si no tuviese el eco y el calor que encuentro en vosotros cada vez que este digital salta en el aire». (© Tarjeta de Laila Gordo, alumna de Poesía)

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 14 de febrero de 2026). Mi Valentina. Setiembre de 1972, recién terminados mis estudios de Filosofía y Letras (Filología Inglesa), me iniciaba como profesor de español en Saint Andrew´s Secondary School, en Glasgow, Escocia. Iba con toda la ilusión del mundo. Un mundo nuevo, un país diferente, lejos de la atmósfera color ala de mosca, música de sables y frufrú de sotanas que todavía impregnaba el tardofranquismo. Que luego no todo fuese idílico en la cuna del pop que tan alto nos subía a los jovenzuelos de aquellos años: otro cantar. Pero en mis días de Glasgow yo aprendía de aquellos chicos y chicas las canciones de Slade, Marc Boland, Jackson Five o Gary Glitter, un poco lejos ya los Beatles. Aquellos muchachitos, que se apellidaban Dingwall, Mac Innally, GInley, Crrearie, Hughes, que hoy ya estarán jubilados, dando de comer a las palomas de George Square, o jugando al golf en Glasgow, asequible a todos, en cualquiera de aquellos parques, verdes como mi espíritu entonces.

Vicente Araguas: un buen día para regalar libros o flores: «Como sé que hay gente a quien no le agrado o incomodo por mi manera de escribir, decirles que también los quiero».

IR AL CINE EN SAN VALENTÍN: LAS PELÍCULAS PARA EL DÍA DE LOS ENAMORADOS. Lo cual que el 14 de febrero del 73, cuando las aves estallan y destellean, y la primavera se acerca, y los petirrojos se mueven ya sobre la nieve derretida de los campos de Escocia, aparecieron en mi mesa de docente bisoño tarjetas, algunas, rústicas, otras, presentables y aun muy bien presentadas. Eran las “valentine cards”, que si bien pueden dirigirse a la persona amada en el sentido habitual del término, en Escocia y en otros países sajones apuntan también a la gente de tu querencia en sentido lado. Cosa para mí nueva puesto que yo venía de la España aquella de la película “El día de los enamorados”, con Jorge Rigaud, si lo recordáis, tan guapo, tan elegante, tan San Valentín zurciendo los descosidos amorosos. Jorge Rigaud murió malamente en Leganés y a mí me da mucha pena el final de aquel actor de doscientas películas que fue a morir tan solo como tantas veces mueren los santos como San Valentin. Martirizado por orden de Claudio II por contravenir su orden de no casar a soldados. Valentìn, entiéndase, era sacerdote en ejercicio. En aquella película salía un plantel estupendo. Entre las chicas, Concha Velasco, Katia Loritz, Mabel Karr y María Mahor. Y aquella canción que vuelvo a tararear en este 14 de febrero: “Hoy es el día de los enamorados/juntemos tu sonrisa y mi canción/ que al unirse por un beso, nuestros labios con amor/ tendrás para siempre mi corazón.” Música: Algueró Dasca y Algueró Algueró, padre e hijo, pues, y la letra (inseparable de la melodía, naturalmente, es lo que es), de Santiago Guardia.

Un buen día para ir al cine: películas sobre «San Valentín«. Desde el «Yo odio el Día de San Valentín» a «El Día de los Enamorados»

Y LLEGADOS A ESTE PUNTO VOY A HACER COMO MIS ALUMNOS ESCOCESES PARA DEDICAROS A QUIENES ME HACÉIS EL FAVOR DE LEERME, a bordo de este vehículo magistral que es Majadahonda Magazin (MM), una tarjeta valentina. Porque de nada valdría el esfuerzo si no tuviese el eco y el calor que encuentro en vosotros cada vez que este digital salta en el aire. Pero como sé que hay gente a quien no le agrado o –simplemente– incomodo por mi manera de escribir, quiero decirles que también los quiero. Como quiero igualmente al que va dentro de mí y se basa en el esqueleto que a los dos sustenta. Porque, me consta, que el tal Vicente Araguas comenzaba a estar cansado de la cantinela del “Día de los enamorados”, vivero de grandes almacenes, imitadores para su beneficio de una moda “Made in USA”. Pero llegó a Glasgow, Escocia, y le entregaron aquelllas “valentine cards”, anónimas o firmadas, y todo pasó a tomar aspecto de petirrojo abriéndose paso entre las nieves del invierno. Como yo ahora, al tiempo que os deseo un “¡Feliz San Valentín!” Si enamorados, mejor, si no, queriendo y queridos. Naturalmente.

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