«El culo de la Bardot, en línea con el de Harriet Andersson en “Un verano con Mónico”, de Ingmar Berman, tal como nos cuenta Woody Allen en algún lugar. Y yo doy fe, provinciana y diminuta, de la misma visión en algún “cine-club” de aquellos. Lo cual que viene de morir Brigitte Bardot»

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 30 de diciembre de 2025). Cada vez que… Le tomo prestado el título a Carles Durán, aquel director de cine de la llamada “Escuela de Barcelona”, quien para nombrar una película suya acortó una frase de Brigitte Bardot. Esa de la que he echado mano tantas veces que debo a BB (quien se acaba de morir y por ella lanzo mi sniff, sniff más compungido) un “copyright” entregadísimo. La frase: “cada vez que me enamoro creo que es para siempre” es tan rotunda como azarosa fue la vida de BB; 4 matrimonios, el último con un particular, las otras con director de cine, Roger Vadim, actor, Jacques Charriere, playboy, Gunther Sachs, y échale hilo a la cometa de la multiplicidad sentimental. En la sombra aquel incógnito camarero de la Costa Brava con quien la joven Brigitte, jovencita, en viaje familiar, tuvo un “affaire”. El tipo en cuestión, he de entender que afortunado, eso que se llevó a la tumba. BB todo un pasado complejo, de actriz tan sexi como poco favorecida en una filmografía en la que me cuesta reconocer cosas memorables. “Vidas privadas”, (Malle), tal vez, si acaso “El desprecio” (Godard), y poco más. Al contrario que Marilyn Monroe, otro “sex symbol” aunque para mí fuese un tanto antañona. BB, en cambio, su imagen en bikini sucinto, a bordo del “Paris-Match” que entraba en casa de mis tíos maternos, despertó, avivando mi pupila, unas extrañas –por ascensionales– ansias preadolescentes. Ahora bien, “Con faldas y a lo loco”, “Niagara”, “La tentación vive arriba” o “Vidas rebeldes” (el ocaso de la diosa) nos hablan de una gran actriz que sabía –también. del “método”.

Vicente Araguas

BB, EN CAMBIO, VINIENDO DE UN MUNDO BURGUÉS era la apariencia salvaje de la muchachita pija, desnaturalizada aun más por Roger Vadim (quien casaría más adelante con Jane Fonda, desestructurando un mito). Ingenuas las dos, pero Marilyn de una ingenuidad que no hacía sino despojarse de lastre y que acabaría llevándola a la muerte voluntaria “ma non troppo” en Brentwood, Califiornia, verano del 62, y yo en un campamento OJE donde “radio macuto” hizo correr la noticia recibida por uno de los “mandos” con un comentario sumamente despreciativo. Como aquellas acampadas, revestidas de un falangismo descafeinado pero donde todavía los brazos se alzaban en verticalidad azul marino y las montañas eran nevadas y las banderas al viento atascado en tiempos de penitencia. Lo que contrastaba aun más con el descaro de Brigitte Bardot, culo al aire en “Una parisina”, calificada como (4) Gravemente peligrosa” en aquellos cartelitos, fichas en puridad, que se mostraban en los vestíbulos de las iglesias del nacional-catolicismo, y nos llevaban, si había complicidad porteril (vid, Cine Callao, Ferrol), al cine pero que muy en directo.

«BB, en cambio, viniendo de un mundo burgués era la apariencia salvaje de la muchachita pija, desnaturalizada aun más por Roger Vadim»

EL CULO DE LA BARDOT, en línea con el de Harriet Andersson en “Un verano con Mónico”, de Ingmar Berman, tal como nos cuenta Woody Allen en algún lugar. Y yo doy fe, provinciana y diminuta, de la misma visión en algún “cine-club” de aquellos. Lo cual que viene de morir Brigitte Bardot. La primera musa de Bob Dylan, para una canción de la que no nos queda sino la ceniza –y el diamente– del recuerdo dylaniano. Porque nunca se grabó. Sí se llevó al estudio de grabación un tema de Miguel Gustavo, a ritmo de samba y marchinha, llamado precisamente “Brigitte Bardot”, que cantamos los alegres muchachitos de 1960 y por ahí seguido. La letra en español, cantada por Rudy Ventura y su conjunto, decía: “Brigitte Bardot tu estilo triunfó, triunfó/ y así la nueva ola de la moda se creó”. Claro, en portugués brasileiro, versión de Jorge Veiga, tiene mucha más gracia. Suele pasar con las versiones. Ha muerto Brigitte Bardot, y las focas, por ella prohijadas,y los adolescentes de los sesenta perdemos nuestro santo y seña, el mito erótico, sí.

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