
El gesto del Papa con la V: «Su capacidad de convocatoria es tremenda. Y bien lo hemos visto en un Madrid, en estos días bastante insoportable, de gente. Que el hombre cae bien, o eso parece, a mí, lo repito, sin duda, agustiniano que siempre me sentí, luego de haber leído, muy de joven, las “Confesiones” de “El Africano”…
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 8 de junio de 2026). Luz Papal. Anda el Papa por Madrid y tal parece que, contradiciendo a Don Manuel Azaña, España no hubiese dejado de ser católica. Un país oficialmente laico ¿hace falta recordar lo que el futuro presidente de la II República quiso decir? que recibe con semejante estruendo, los medios oficiales, radio, televisión, no dejan de trompetear, la visita de –no nos engañemos- un Jefe de Estado. El único, por cierto, que ha osado plantarle cara al caradura de Trump. Un punto, muchos, mejor, en su haber. Que en materias de dogma no me meto. Ni en las afinidades futboleras del ciudadano Prevost (que no del Papa, como él mismo dijo: madridista, por cierto). Lo cual que su capacidad de convocatoria es tremenda. Y bien lo hemos visto en un Madrid, en estos días bastante insoportable, de gente, digo, o “insopapable”. Que el hombre cae bien, o eso parece, a mí, lo repito, sin duda, agustiniano que siempre me sentí, luego de haber leído, muy de joven, las “Confesiones” de “El Africano”. Y hasta le disculpo el gestito, desde el papamóvil, de mecer las manos marcando ese tan pueril 67 que prodigan mis alumnos de Primaria.
Claro que en estas “movidas”, como de fuego de campamento , aunque este tenga lugar por la tarde, lo suyo es ver, por ejemplo, alegres grupos de monjitas cantando eso de “peregrinas p´alante, peregrinas p´atrás”. O bien presenciar el numerito de “Godspell” que nos retrotrae a los tiempos de “Jesucisto Superstar”, versión española con Camilo Sesto antes de la debacle. Tiempos aquellos en que las guitarradas entraron en las iglesias y el “Blowin´¨in the wind” dylaniano (“Te ofrecemos el vino y el pan” en el “Ofertorio”, claro.) Y por cierto que cuando Bob Dylan cantó en Bolonia ante Juan Pablo II, 1997, lo hizo a pesar del boicot del Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Fe, entonces, por considerarlo un moderno anticristo. Ratzinger luego sería Benedicto XVI, y no parece que fuese su dilentantismo musical, era un consumado intérprete de Bach, lo que lo llevó al no consumado veto.

El Papa recibirá a las víctimas: «En “La luz”, título de la película del director Fernando Franco, un hombre que siempre arriesga y suele salir bien de sus apuestas, vemos un Alberto San Juan, actor muy versátil, haciendo de sacerdote valiente».
Y es que en el Vaticano suenan músicas, celestiales o de las otras. Así el himno de “Ciudad del Vaticano”, que escucho en este momento y que tiene un aquel de marcha “ma non troppo”, un poco como las andanzas de León XIV por este Madrid tan nuestro porque es tan de todos. Y que va a llevar a Robert Francis Prevost a escuchar a las víctimas de abusos clericales. De lo que trata, precisamente, la película que acabo de ver en el Zoco de Majadahonda. Un film muy al pelo de tema tan vidrioso que la Iglesia debe coger cual toro por los cuernos, so pena de que se siga desmadrando. En “La luz”, título de la película del director Fernando Franco, un hombre que siempre arriesga y suele salir bien de sus apuestas, vemos un Alberto San Juan, actor muy versátil, haciendo de sacerdote valiente. Quien luego de intentar una cierta componenda cos dos de sus víctimas (la tercera, suicida) decide abrirse en canal y hacer públicas sus fechorías. Y no anticipo su valentía adonde lo lleva por no sustraer nada a los posibles espectadores, En el Zoco de Majadahonda, insisto, Ese lujo cultural que tenemos en nuestro pueblo; sí ya sé que ciudad, pero yo soy de aquellos, de antes digo. Y en el que “La luz” va a estar todavía un tiempo. Como León XIV en España. Sigámosle dando la bienvenida. También a su palabra, de hombre comprometido con la paz. De hombre que no tiene reparos en abrir los brazos en señal ecuménica. De hombre que sabe que religión tiene que ver con ”religare”. Unir. Sí.







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