
El gasto público en RTVE y las televisiones autonómicas en España ha alcanzado un récord histórico de aproximadamente 2.500 millones de € anuales a primeros de 2026, tras un aumento del 22% en 3 años. RTVE supera los 1.220 millones de €, mientras que el conjunto de las autonómicas supera los 1.257 millones, destacando TV3 (Cataluña) con presupuestos superiores a 340 millones de €. (Fuente: El Economista)
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 25 de febrero de 2026). El código QR y el precinto invisible. Vivimos en la era de la hiperconectividad y, paradójicamente, muchos ciudadanos se sienten cada vez más desconectados. No por falta de interés, sino por exceso de prisa ajena. Este comentario no es una protesta tecnológica, sino una reflexión serena sobre cómo el progreso, cuando no se piensa para todos, termina dejando a algunos en el arcén. Uno enciende el televisor para saber si mañana lloverá en su barrio y, en lugar de una información sencilla, aparece un pequeño cuadrado geométrico en la esquina de la pantalla. “Escanee el QR para conocer el tiempo en su comunidad”. Y uno se queda mirando el cuadradito como si fuera una cerradura sin llave. ¿De verdad no se dan cuenta? Nos hablan de inclusión mientras nos excluyen sin mala intención, que es la forma más eficaz de hacerlo.
PARECE QUE TODOS TENEMOS QUE VIVIR DENTRO DE UN TELÉFONO MÓVIL, dominar aplicaciones, actualizar sistemas, recordar contraseñas y mover el pulgar con agilidad adolescente. Pero muchos de nosotros todavía peleamos cada mañana con algo más elemental: abrir un blíster de pastillas cuyo precinto parece diseñado por un ingeniero enemigo del pulgar humano. Desenroscar un tapón sellado “a prueba de niños”, que termina siendo también a prueba de abuelos. Separar el celofán imposible de un envase que promete facilidad de uso y ofrece frustración. Y, por supuesto, leer en letras optimistas “abre fácil”, como si el fabricante compartiera con nosotros una broma privada. NO PEDIMOS PRIVILEGIOS. PEDIMOS COMPRENSIÓN. La tecnología avanza –y qué bien que avance–, pero lo hace con una cierta impaciencia hacia quienes no crecimos con ella. El QR es apenas un símbolo: detrás está la idea de que si no sabes escanear, descargar, validar o registrarte, el problema es tuyo. Y no siempre lo es. Hay una frontera invisible entre progreso y abandono.
LO MISMO OCURRE CON LA INFORMACIÓN PÚBLICA. Los políticos cambian de criterio con una ligereza que desorienta. Hoy una afirmación categórica, mañana su matización, pasado mañana su rectificación. Para quien ya tiene dificultad en seguir el ritmo digital, esa volatilidad añade una segunda capa de desconcierto. Uno acaba preguntándose si la confusión es accidental o estructural. Mientras tanto, discutimos con ardor mediático sobre símbolos, sobre velos y burkas, sobre debates identitarios que ocupan horas de tertulia. Y sin negar la importancia de la libertad de las mujeres –que lo es, y enorme–, sorprende que el foco se concentre en la polémica mientras otras urgencias pasan en voz baja. Pienso, por ejemplo, en los investigadores que piden financiación para continuar ensayos contra el cáncer. El doctor Mariano Barbacid ha reclamado 30 millones de euros para seguir avanzando en su trabajo. Son cifras altas, sí, pero hablamos de vida.

El crecimiento del gasto público en TV en estos 3 últimos años ha sido mucho mayor en las radiotelevisiones autonómicas, con una subida total del 33%, que en el de RTVE, que lo ha aumentado a la mitad, en un 16%.
SIN EMBARGO, AL MISMO TIEMPO FIRMAMOS CONTRATOS DE 30 MILLONES PARA ASEGURAR LA CONTINUIDAD DE UN PROGRAMA DE ENTRETENIMIENTO EN LA TELEVISIÓN PÚBLICA. No se trata de demonizar el humor ni el espectáculo. La risa también cura, dicen. Pero no sustituye a la investigación. Y mientras en los envases leemos “abre fácil” como si fuera una broma privada del fabricante, el país parece practicar el mismo sarcasmo con sus prioridades. 30 millones reclama el doctor Mariano Barbacid para continuar investigaciones que podrían salvar vidas; 30 millones se firman con diligencia para asegurar la continuidad de un programa televisivo. Al primero le responde el silencio administrativo; al segundo, el aplauso y la alfombra roja. No se trata de oponer cultura a ciencia, ni risa a gravedad. Pero uno no puede evitar preguntarse si, en esta contabilidad sentimental, hemos decidido que es más urgente distraernos que curarnos. ¿Hemos escogido morir riendo? Tal vez el verdadero “abre fácil” sea el de nuestra conciencia colectiva: se abre rápido para el espectáculo… y se cierra herméticamente cuando se trata de invertir en esperanza. Porque el progreso que deja atrás a sus mayores no es progreso: es prisa.








Como siempre, el Sr. Sanchiz nos ilustra de forma ágil y comprensible sobre problemas y vivencias cotidianas que muchos compartimos y muy pocos ponemos de manifiesto como el hace. Me identifico totalmente con sus postulados profesor. Muchas gracias por su fluidez de expresión