SERVIMEDIA. La crisis económica y una sociedad cada vez más “impersonal” impulsó la creación de hasta 200 ‘bancos del tiempo’ en España que ya cuentan con unos 6.000 usuarios. Muchos surgieron a partir del 15-M y ahora demandan más apoyo de la administración así como la aprobación de una normativa que regule sus funciones, fije sus diferencias con respecto al voluntariado y les permita desplegar todo su “potencial”. Así lo defendieron, en declaraciones a Servimedia, la impulsora, junto a su marido, del ‘Banco del Tiempo‘ de Sants –Barcelona-, Pilar Español; el responsable del ‘Banco del Tiempo’ de las Letras de Madrid y presidente de la Asociación Iberoamericana de Bancos del Tiempo, Julio Gisbert, y uno de los vocales de la Asociación para el Desarrollo de los Bancos de Tiempo, Andreu Honzawa.
DE MADRID A IBEROAMÉRICA: Con la misma filosofía, el ‘Banco del Tiempo’ del Barrio de las Letras de Madrid, auspiciado por Time Lab, y el Ayuntamiento de la capital están en negociaciones para “optimizar y dinamizar” la red de bancos del tiempo municipales. El reto es convertirlos en “comunidades de cuidados” orientadas a la lucha contra la soledad no deseada y el envejecimiento de la población, según precisó el responsable de este banco, Julio Gisbert. A esta red, integrada por siete entidades, se une el banco gestionado por Cruz Roja y los que también funcionan en Fuenlabrada, Majadahonda y Rivas Vaciamadrid, en la Comunidad de Madrid, éste último el más antiguo de la región y uno de los que resiste después de que durante los años más duros de la recesión llegaran a contabilizarse hasta 35 en toda la comunidad.


Gisbert es, a su vez, presidente de la Asociación Iberoamericana de los Bancos del Tiempo, que nació el pasado mes de noviembre para extender en estos países un “fenómeno muy arraigado” en el mundo anglosajón y ya suma agencias de tiempo en Ecuador, Colombia, México o República Dominicana. Su meta a medio plazo es colaborar con la red portuguesa de bancos del tiempo para “fortalecer” este sistema también en países como Brasil y, en paralelo, construir una red que conecte a las universidades españolas y latinoamericanas con la misma “divisa social” de intercambio de conocimiento para que, en un futuro, los estudiantes puedan incluso pagarse su matrícula con “créditos de tiempo”. Todas estas organizaciones forman parte de la Asociación para el Desarrollo de los Bancos de Tiempo, que cuenta con 43 entidades asociadas que, según uno de sus vocales, Andreu Honzawa, pueden “ayudar mucho en tiempos de crisis”. Una red social vecinal solidaria que define como una “cadena de favores y de intercambio de servicios comunitarios informales” entre los que también mencionó las sesiones de lectura del tarot y los servicios que ofrecen aquellos usuarios que igual se comprometen a hacer una mudanza que a ayudar a “cumplir sueños”.
Honzawa, experto en políticas sociales, aclaró que este tipo de colaboraciones “pueden parecer voluntariado, pero no lo es”. “La diferencia es que en el voluntariado hay una relación de jerarquía entre la persona que ofrece su ayuda y la que la recibe y aquí hay una relación horizontal, porque el tiempo de todos vale igual”, remarcó, al tiempo que urgió a regular esta “herramienta de intercambio del siglo XXI que puede ser cada vez más necesaria para complementar los servicios públicos del Estado del bienestar” y que sólo está regulada en Galicia. En este punto, coincidió con Español y Gisbert en la urgencia de que “queden claras” las diferencias que alejan a esta práctica del voluntariado y la relación profesional y anheló que las administraciones locales puedan llegar a “liderar” este tipo de proyectos, como ya ocurre en países como Alemania, Austria, Italia, Portugal o Reino Unido, donde la participación en estas iniciativas es incluso “recetada” para combatir la depresión.


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