
Ayer y Hoy: Su ahora viuda, la simpática periodista canaria, Cristina Ramos, me conocía también como corresponsal de Canarias 7, el periódico con el que entonces yo ejercía como cronista parlamentario. Y a pesar de su público agnosticismo, Diego Carcedo se interesó mucho por mi edición del libro sobre «León El Africano: Descripción de Africa», traducción del manuscrito del siglo XVI por parte del arabista y monje escurialense Luciano Rubio, hasta el punto de que ambos se prometieron ir a El Escorial para conocer algo más sobre su desconocida figura
FEDERICO MARTINEZ UTRERA*. (Majadahonda, 6 de abril de 2026). *Periodista y miembro de la Asociación de Periodistas Europeos (1992-2012). Aquellas conversaciones con Diego Carcedo. «Funeral por Diego Carcedo (86 años, 1940–2026), en el Tanatorio de Majadahonda (Madrid). Despedimos sus restos al son de las gaitas y el himno de Asturias». Con estas palabras, el periodista José Antonio Martínez Soler (JAMS) recordaba en las exequias por Diego Carcedo celebradas este domingo 5 de abril en Majadahonda, sus mejores momentos con el informador asturiano. «Nos veíamos con frecuencia en la Asociación de Periodista Europeos (APE) de la que era presidente. Entre risas, recordábamos a menudo anécdotas de cuando no le dejaba dormir durante todo el año 1986. Juntos fundamos entonces el «Buenos Días», el primer informativo matinal de TVE. Diego era corresponsal de RTVE en Nueva York y yo era el director y presentador del «Buenos Días» en Madrid. Le necesitaba cada mañana, en directo, a las 2 de la madrugada para él, para repasar cómo iba el mundo. Nunca puso pega alguna. Era generoso y gran profesional. Si viajaba fuera de Nueva York, le pasaba el testigo a la grandísima Rosa María Calaf. Carcedo y Calaf nos ponían al día con noticias y análisis desde la capital del mundo. Diego nos deja una huella de generosidad y bonhomía, imposible de olvidar. Gracias, querido Diego, por tu magisterio y amistad. No te olvidaremos», señala su obituario.

Federico Martinez Utrera, que fue secretario general de la Asociación de Periodistas Parlamentarios y Miguel Angel Aguilar, secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos
UNA VISITA A EL ESCORIAL. El periodista Diego Carcedo, quien fue director de los Servicios Informativos de TVE, director gerente de Relaciones Internacionales de RTVE y director de RNE, falleció este domingo y a mí también me han venido a la memoria algunas de las numerosas conversaciones que mantuvimos en la Asociación de Periodista Europeos y en el contiguo Congreso de los Diputados, que ambos frecuentábamos. Su ahora viuda, la simpática periodista canaria, Cristina Ramos, me conocía también como corresponsal de Canarias 7, el periódico con el que entonces yo ejercía como cronista parlamentario. Y a pesar de su público agnosticismo, Diego Carcedo se interesó mucho por mi edición del libro sobre «León El Africano: Descripción de Africa», traducción del manuscrito del siglo XVI por parte del arabista y monje escurialense Luciano Rubio, hasta el punto de que ambos se prometieron ir a El Escorial para conocer algo más sobre su desconocida figura. Anécdotas que ahora quedan lejanas y borrosas de aquellos tiempos tan pretéritos. «El periodismo despide a Diego Carcedo: elogios al profesional y a la persona «Era familia de todos los españoles», resumía el padre Ángel desde el tanatorio de Majadahonda donde está siendo velado», resumen los periodistas M. F. A. y Miguel Rojo de El Comercio de Asturias. Su crónica es la más detallada de las que han aparecido sobre lo que sucedió este domingo en Majadahonda:

Funeral en Majadahonda: ««Era tan humilde que no le gustaría que en estas horas tan tristes escribiera todos los elogios que merece»
«PUEDE QUE A DIEGO CARCEDO NO LE HUBIERA GUSTADO ESCUCHAR ELOGIOS UNÁNIMES EN SU ADIÓS, COMO ESTE DOMINGO SE ENCARGABA DE RECORDAR GRACIANO GARCÍA. Pero cierto es que desde que se conoció a primera hora de la mañana su muerte, las reacciones enfocaron hacia ese lugar. «Era tan humilde que no le gustaría que en estas horas tan tristes escribiera todos los elogios que merece. Solo diré que creo que es el mejor periodista que ha tenido Asturias en estos tiempos tan convulsos. Brilla aún su valentía para estar en el centro de la noticia y su honradez, su compromiso con la verdad y su humildad», dijo su colega presidente emérito de la Fundación Princesa de Asturias, que miró al pasado para concluir su relato del paisano Carcedo: «Como Pericles ante el féretro del valeroso soldado ateniense muerto en combate, puedo decir que la primavera ya no es igual». Para él era un gran amigo, tal vez el mejor. Para el grueso de los españoles a los que la Casa del Rey representa, un rostro cercano de la televisión, una voz conocida de la radio, una firma ilustre de estas mismas páginas y otras muchas».

El padre Ángel, también amigo: «Era una de esas personas que hace amigos, tenía una mirada que lo decía todo, en su cabeza y su corazón tenía la España de antes y la España de ahora», subrayaba el sacerdote
Y DESDE LAS REDES SOCIALES DE ZARZUELA TAMBIÉN SE LE RECORDÓ: «Hoy decimos adiós a Diego Carcedo, voz del periodismo internacional, testigo de la historia», apuntó un tuit que invitaba a recordar sus fotografías con los Reyes en diferentes actos siempre vinculados con el que fue el oficio de la Reina Letizia. «En cada historia contada con rigor, valentía y compromiso con la verdad, perdurará su huella», anotaba la Casa del Rey. Fueron muchos los amigos y compañeros que desfilaron por la capilla ardiente instalada en el tanatorio de Majadahonda, donde se dejó ver otro asturiano ilustre en Madrid, el padre Ángel, también amigo. «Era una de esas personas que hace amigos, tenía una mirada que lo decía todo, en su cabeza y su corazón tenía la España de antes y la España de ahora», subrayaba el sacerdote mierense. «Fue quien nos comunicó muchas noticias de Portugal y de EE UU, es familia de muchos españoles», aseguró. Y su conclusión clara y meridiana: «Lo mejor que nos puede pasar es que nos recuerden como buena persona, como amigos». Es el caso que nos ocupa.

Miguel Angel Aguilar, secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos, en el tanatorio de Majadahonda
EL PERIODISTA MIGUEL ÁNGEL AGUILAR TAMBIÉN SE DEJÓ VER POR EL TANATORIO MAJARIEGO donde fue velado por los suyos, como Javier Fernández Arribas, ambos de la Asociación de Periodistas Europeos, que presidía Carcedo. «Siempre se van los mejores, y se quedan otros que deberían marcharse antes», lamentaba Fernández Arribas. Fueron múltiples los mensajes en redes sociales de compañeros de oficio. Y hubo también declaraciones de personajes públicos, como la del presidente asturiano, Adrián Barbón: «Se va un grande entre los grandes. Un gran periodista, un gran comunicador, que fue capaz de transmitir sosiego y serenidad en todos sus análisis y debates», subrayó Barbón, que concluyó afirmando que «Asturias pierde a uno de sus hijos y la memoria colectiva de nuestro pueblo suma su ejemplo de vida». También los periodistas de esta Asturias nuestra dejaron sentir su pesar. La Asociación de la Prensa de Oviedo y el Colegio Profesional de Periodistas de Asturias le calificaron como «una de las figuras más destacadas del periodismo español, testigo y relator de los acontecimientos nacionales e internacionales más importantes del siglo XX». Añadieron las agrupaciones profesionales que fue nuestro colega «un firme defensor del asociacionismo profesional, trabajó toda su vida en defensa de los valores periodísticos de veracidad, objetividad y honestidad». Ángel González, director del periódico El Comercio, ponía la mirada en ese mismo territorio: «Ha sido un gigante del reporterismo español, analista agudo de la actualidad, excepcional periodista y persona, del que nos sentimos sumamente orgullosos quienes hacemos por haberlo tenido siempre tan cerca y tan dispuesto. Un referente de la profesión para todos nosotros».

Otro periodista asturiano, el televisivo Juan Carlos Franganillo, compartía su recuerdo de Carcedo: «Tuve el lujo de conocerle en profundidad, era todo un referente para todos los periodistas. La suya es la imagen arquetípica del corresponsal de televisión, la que se te viene a la cabeza cuando piensas en un reportero internacional. Era inmensamente curioso, siempre al tanto de la actualidad, siempre al día»
PERIODISTAS EN EL FUNERAL. Otro periodista asturiano, el televisivo Juan Carlos Franganillo, compartía su recuerdo de Carcedo, con quien tuvo relación a través de la Asociación de Periodistas Europeos. «Tuve el lujo de conocerle en profundidad, era todo un referente para todos los periodistas. La suya es la imagen arquetípica del corresponsal de televisión, la que se te viene a la cabeza cuando piensas en un reportero internacional. Era inmensamente curioso, siempre al tanto de la actualidad, siempre al día, y una persona que se preocupó mucho de hablar de todo lo que él conocía con los periodistas más jóvenes», anotó. Entre octubre de 2006 y de 2010 fue presidente internacional de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y desde 2007 presidía la sección española de esta organización, de la que es su secretario general Miguel Ángel Aguilar. Allí tuve el honor de crear y organizar los primeros desayunos informativos de la prensa española, mucho antes de que se hicieran habituales en las televisiones, gracias a la cobertura que me brindaron otro clásico del periodismo económico como Jesús García, y el editor de «El Boletín», Carlos Humanes, también desaparecido. Muy pocos de ese casi centenar de desayunos se perdió Diego Carcedo, que entre otros galardones, recibió el Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo (1985), la Antena de Oro extraordinaria de 1992 y el Premio APEI de la Asociación Profesional de Informadores de Radio y TV (1996).
FUE AUTOR DE NUMEROSOS LIBROS como «Neruda y el barco de la esperanza: la historia del salvamento de miles de exiliados españoles de la Guerra Civil», «El «Schindler» de la Guerra Civil: la historia del diplomático mexicano que salvó a centenares de refugiados de ambos bandos», «Sáenz de Santamaría: el general que cambió de bando», «Fusiles y claveles: la revolución del 25 de abril en Portugal», «23-F: Los cabos sueltos sobre el 23-F», «Un español frente al Holocausto: cómo Angel Sanz Briz salvó a 5.000 judíos», «Sobrevivir al miedo», «Entre bestias y héroes: los españoles que plantaron cara al Holocausto» y la novela «El niño que no iba a misa», que ganó el Premio Espasa de Ensayo en 2011. La capilla ardiente por Diego Carcedo se instaló en el Tanatorio de Majadahonda (Madrid) y estuvo abierta de 12:00 a 20:00 horas. Fue la última mueca del destino, su despedida de esta ciudad. Y de ahí que con este modesto obituario que la recoge, forme también parte de la historia del municipio.




Descanse en Paz un hombre bueno y un gran periodista.
Coincido contigo Ana y con Fernando Jáuregui, periodista y escritor que recuerda a compañeros de profesión como Diego Carcedo, Fernando Ónega o Raúl del Pozo: «Se va una generación que, pasados los 80 años, seguían trabajando»
Tuve la oportunidad de entrevistar a Diego Carcedo, y es de lo mejor que recuerdo. Pausado, correcto y un referente del periodismo real, y no de la prensa de folletín.
El Español tituló «Muere a los 86 años Diego Carcedo, el marido de la mítica presentadora Cristina García Ramos». Vaya titular… como si Diego Carcedo no tuviese suficiente entidad. Qué mal. Infravalora al lector, asumiendo que el público solo reconoce nombres de la crónica social y también desdibuja la historia borrando décadas de crónicas, libros y gestión informativa de Diego Carcedo. Para mí, es indignante.
Amigos y familiares quedaron desolados, especialmente su viuda, Cristina García Ramos, una histórica del ente público recordada especialmente por su trabajo como presentadora del espacio Corazón, Corazón. Formaban uno de los matrimonios más sólidos y discretos del gremio y, curiosamente, jamás coincidieron juntos en el plano profesional: «Eso lo hicimos muy bien. Las circunstancias fueron las mejores», dijo ella.
Durante una entrevista con Julia Otero, Cristina desveló cómo comenzó su historia de amor con Diego: «Nos conocimos en los pasillos de Televisión Española, pero somos incapaces de precisar en qué momento exacto. Cuando yo vine a Madrid a hacer el telediario, Diego viajaba por el mundo: era corresponsal, iba y venía… Así que no sé, coincidiríamos en la máquina del café», contó entre risas. «Yo empecé a trabajar en televisión antes que Diego y terminé la carrera de Periodismo antes que él. Además, soy más joven», añadió.
Diego Carcedo sin arrogancia: nunca se incapacitó entregándose a la arrogancia del desapego, ni cayó en la trampa de demostrar que había hecho lo suficiente limitándose a probar que los demás hicieron menos, ni jaleó a los poderosos para que agredieran a los desvalidos en situaciones cotidianas, ni criticó a las víctimas por no ser lo bastante fuertes, ni las impulsó, como señalaba Milan Kundera, a la búsqueda incansable de su culpa. Cumplió como periodista, oficio en el que fue evaluado por su mérito y capacidad. Pegado al terreno supo bien por propia experiencia las interrelaciones que guardan la presse, le pouvoir et l’argent antes de que las explicara Jean Schwoebel, fundador de la sociedad de redactores de Le Monde.
Cuando aplaudir al régimen era un deporte bien remunerado, que encaminaba a la prosperidad, se abstuvo de practicarlo. Renunció al ventajismo y prefirió aplicarse el adagio per aspera ad astra. Se abrió camino buscando los puestos, las misiones, de mayor riesgo y fatiga como se ha recordado estos días. Disfrutó y padeció bajo los puentes dejando constancia de la historia que pasaba. Inclinado a la izquierda nunca apuntó maneras ni actitudes sectarias y si alguna vez los afines le propinaron algún cargo relevante, enseguida su falta de calor en el elogio le malquistó con quienes solo entienden de adhesiones inquebrantables para quienes «toda crítica es excesiva y todo elogio, insuficiente» como indicaba la leyenda que acompañaba la inolvidables viñeta de El Roto.
Entendía que el concepto de amistad podía ayudar a la creación de un nuevo vínculo político entre las personas, tal y como lo hizo en su momento el concepto de ciudadanía, en línea con lo que escribe Ece Temelkuran en su libro La nación de los extraños. Y estaba advertido de que el golpe más certero, el que de verdad te rompe, no viene del otro lado, viene de quienes creías los tuyos, de quienes pensabas que estaban contigo. Nunca formó parte de las clases pasivas y prestó servicios de primer orden en la presidencia de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Siempre «por Europa y las libertades». Compromisos que intentaremos seguir honrando en su memoria. Sea.