Borja Álava en una imagen del fotógrafo Patricio Julve publicada en El Heraldo de Aragón: su pueblo de Cascante (Navarra) tiene parajes muy parecidos al Monte del Pilar de Majadahonda

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 27 de marzo de 2026). LXXXIX Encuentro Poético en Majadahonda. Día 27 de Marzo 2026 a las 18,30 en la Casa de la Cultura Carmen Conde. Coordinado por Eduardo Benítez Romero y Lola Deán Guelbenziu. Poeta Invitado: Borja Álava. Hay autores que irrumpen con estruendo y otros que lo hacen en silencio, casi como quien no quiere perturbar el aire. Borja Álava pertenece, sin duda, a estos últimos. Nacido en Tudela y vecino de Cascante, su trayectoria ha estado marcada por una escritura paciente, casi secreta, que ha madurado lejos de la prisa editorial. Miembro de Traslapuente, (Grupo Literario de La Ribera de Navarra), Álava ha cultivado durante años una voz propia que encuentra en la brevedad no una limitación, sino una forma de intensidad. Su primer libro, «Haikus & Senryus», publicado por la editorial Olifante en la colección Papeles de Trasmoz, no es tanto un debut como una revelación largamente gestada.

Atlas de Geografía Humana, por el periodista Miguel Sanchiz

En sus páginas, la tradición japonesa del haiku se reinterpreta desde una sensibilidad contemporánea viva y cercana: la naturaleza, lo cotidiano y la experiencia íntima se entrelazan en composiciones que funcionan como destellos, como pequeñas iluminaciones. Cada poema parece surgir de una mirada atenta, capaz de detener el tiempo y extraer de lo mínimo una verdad inesperada. Pero junto a esa vertiente contemplativa, también emerge el pulso del senryu, donde lo humano —con sus ironías, fragilidades y contradicciones— asoma con una honestidad desarmante. Con Borja Álava no estamos ante una promesa, sino ante una voz ya formada que ha sabido esperar su momento. Hoy conversamos con un poeta que demuestra que, a veces, lo más breve es también lo más profundo. Diez preguntas para Borja Álava. Después de años de silencio creativo, ¿qué detonó finalmente la escritura —y sobre todo la publicación— de Haikus & Senryus? –Principalmente, la insistencia de un buen amigo: Pepe Alfaro, poeta. Tu libro recoge una selección muy depurada de poemas. ¿Qué criterios utilizaste para decidir qué piezas “merecían” permanecer y cuáles no? –La misma voz que las dejó llegar hasta aquí. Supongo que también podríamos llamarle intuición. El libro se compone de 150 piezas. Calculo que quedaron fuera otras tantas.

El haiku exige una mirada muy concreta. ¿Crees que primero se aprende a escribir haikus o primero se aprende a mirar como un poeta de haikus? –Casi todo puede aprenderse. Pero hay cosas que vienen de serie. Cuando la poesía hierve dentro, nadie puede darle la espalda. No preocuparse. En tu obra, la naturaleza parece atravesada por una experiencia íntima. ¿Hasta qué punto hay autobiografía en estos “fogonazos de luz”? –Esta es una pregunta trampa, sobre todo si no matizamos primero qué es y qué no es naturaleza: La naturaleza es el corazón del mundo. En el caso del senryu la respuesta es clara: son autobiográficos, al menos hasta donde alcanza no solo la propia vivencia del autor, sino también hasta donde alcanza la observación ̶ también del autor ̶ de la propia vida del resto del mundo. Pero, como sabes, el haiku no puede escribirse desde el yo. En el haiku la cosa cambia, sería indecoroso,si se me permite la expresión, considerar autobiográfico un haiku. Me parece condición indispensable que, cualquiera de estas dos formas, haiku y senryu, ̶ tan a menudo desacertadamente confundidas ̶ sean como mínimo fruto de una experiencia real. No puede haber haikus de escritorio.

Has optado por una forma japonesa clásica. ¿Qué te atrajo de esta tradición frente a formas más habituales en la poesía española contemporánea? –Llegué como llega un niño hasta el barro: jugando. Fue, al ir pringándome poco a poco, como descubrí parte de sus entresijos. Pero no me consideraré nunca un haijin. Desconozco la cultura japonesa. Actualmente, estoy más próximo a otras formas. Adoro el soneto, la décima… pero me es imposible alejarme por completo del 5-7-5. El senryu introduce una dimensión más humana, incluso irónica. ¿Cómo equilibras en el libro esa tensión entre contemplación y mirada crítica? –De la misma forma que cada ser humano lo hace en su día a día, sin conocer el secreto. Mi intención en el libro ̶ Pepe Alfaro lo explica muy bien en el prólogo ̶ es que el lector vaya saltando de dentro afuera. Ha de ser él mismo quien vaya lidiando ante los diferentes contrastes. Otra cosa es el orden de los poemas dentro del libro. Ahí entran en juego el fondo, la forma, el ritmo… el oficio, en resumidas cuentas. Muchos de tus poemas parten de lo cotidiano. ¿Dónde encuentras lo poético: en el objeto observado o en la forma de observarlo? –Bajo la lupa cobra lo cotidiano su dimensión. ¿Sientes que la brevedad del haiku es una limitación o, por el contrario, una forma de libertad radical? –En una moneda hay dos caras. Pero todo es moneda.

Formas parte de un colectivo literario. ¿Cómo ha influido el Grupo Traslapuente en tu evolución como poeta? –No me cansaré de repetirlo: el Grupo Literario Traslapuente me salvó la vida. Así, literal y literariamente. Mi mayor soledad ha sido la literaria. Llegar, con cuarenta y pico largos, a encontrar con quien compartir tu verdadera inquietud, más que un oasis, es agua pura. Para alguien que se acerca por primera vez al haiku, ¿qué le recomendarías?: leer, escribir o ¿simplemente detenerse a mirar el mundo de otra manera? –Recomendaría no recomendar. Pero sí puedo darte un par de poemas. El primero, es el que abre el libro… Cae la tarde. El rumor de la orilla me ofrece asiento… y el segundo, (que acabó quedando en la página 128) es cómo me hubiese gustado comenzarlo en realidad: Recurro a veces a esa única arma. Ser. En silencio.

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