
«Y ya puestos, ya que el “Premio Francisco Umbral” nació en Majadahonda aquí deberían centrarse deliberaciones y entrega. Que si no tendré que recordar aquel partido de Copa, Rayito-Atlético de Madrid, que una cacicada llevó al Metropolitano. Me negué a ir por dignidad» (Vicente Araguas).
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 25 de febrero de 2026). Premio Francisco Umbral 2026. Invitado por el premiado al mejor libro del año, Marcos Giralt Torrente, por quien he demostrado mi parcialidad, también a través de estas páginas digitales, tan livianas como las nubes que pasan, asistí a la entrega del premio “Francisco Umbral”. 23-F en la Casa de Correos de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. En la dictadura lugar siniestro donde los esbirros de la DGS detenían/ torturaban a las voces disidentes de todo aquello. Actualmente los calabozos o mazmorras, por los que pasó el Max Estrella valleinclanesco, albergan un salón de actos, donde quienes debían hacerlo o disfrutaban de representación hicieron uso de la palabra. Entre otros nuestra alcaldesa, Doña Lola Moreno, quien se expresa bien, dígase ya, controlando el “tempo” requerido.
Habló Doña Lola de la gran vocación lectora de Majadahonda, lo que se contradice con una ciudad que, salvo un par de excepciones, carece de librerías. Aparte el benemérito puesto de libros de lance, “Kiosko Manuel”. Verán; vine aquí en 1979. Y estaban “Mariana Pineda” y “Eliseo” (en el Zoco), abasteciendo de lectura a 25.000 habitantes. Además 13 kioskos de prensa contra el único que hoy queda. Mientras, el estafermo cuadrangular del Bulevar de los Sueños Rotos, muerto de risa. Ya no es tan siquiera bar y resulta utopía la buena biblioteca que se podría hacer en él. Vengan libros a sus estantes. Que en la Majada sobran bares, aunque estos igual sí contribuyen a la longevidad majariega citada por la alcaldesa. Si bien, y aquí coincido con Doña Lola, leer alarga la vida, al menos, la interior.

«Y luego coloquio con Andrea Aguilar y, sobre todo, con Fernando Rodríguez Lafuente, majariego él también»
Y ya puestos, ya que el “Premio Francisco Umbral” nació en Majadahonda aquí deberían centrarse deliberaciones y entrega. Que si no tendré que recordar aquel partido de Copa, Rayito-Atlético de Madrid, que una cacicada llevó al Metropolitano. Me negué a ir por dignidad. Ayer fui, y no me arrepiento, porque adoro a Marcos y, sí, “Los ilusionistas” es el libro de 2025. Espléndida novela de “la” familia, más que de “una” familia. Descrita con el pincel afiladísimo de una ternura que hace de los cuerpos y de las almas más manteca colorada que mantequilla de Soria. Y Marcos, una vez recogido el premio, de manos de España Suárez, viuda de aquel escritor tan enraizado como preciosista, tan dado al fular seda como a la daga florentina que se hizo llamar Umbral, siendo Pérez, y pasó toda su vida reescribiéndose, habló de su libro, con palabra precisa y el necesario distanciamiento de la familia Torrente-Malvido, por obra y gracia de su estilo y concepto que hacen de ella “una” familia. Insisto.

«Habló Doña Lola de la gran vocación lectora de Majadahonda, lo que se contradice con una ciudad que, salvo un par de excepciones, carece de librerías»
Y luego coloquio con Andrea Aguilar y, sobre todo, con Fernando Rodríguez Lafuente, majariego él también desde hace bastantes años, y con quien coincidía en aquella revista mágica y muy buena pagadora, que se llamó “Revista de Libros”. Pero, también en “Altazor”, calle Altozano, cuando en Majadahonda se leía más, y se presentaban libros; ¡ay, Doña Lola, que sí, que habría que volver a los viejos y buenos tiempos! Y que sí, que leer (y nadar, y guardar la ropa) aviva los cuerpos y aun las almas. Y leyó su texto, prolijo y bien cementado, Manuel Llorente, del equipo fundador de “El Mundo”, nada ajeno este periódico a Francisco Umbral, quien desde aquella página trasera tatas veces me llevó a hacerme con este periódico. Umbral vivió en Majadahonda, y lo recuerdo en los cines del “Zoco” y en “El Cóndor” y en la “Vieja Galería”, librerìa de lance, en la Majada tal vez más lectora. Cerró el acto Mariano de Paco, consejero cultural de la Comunidad de Madrid, campechanote como una liebre corriendo por nuestra Dehesa. Sí.







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