
«Leído hoy, este cuento nos recuerda algo que el consumo olvida con facilidad: que el amor no se mide con objetos, sino con renuncias que no duelen porque nacen de un querer sincero. Tal vez por eso, tras cerrar la historia, sentimos que hemos recibido también nosotros un pequeño obsequio: la certeza de que aún existen gestos capaces de iluminar el corazón en estos instantes finales en los que vemos terminar la Navidad»
MIGUEL SANCHIZ. (5 de enero de 2026). El regalo de los Reyes Magos de O. Henry. Cuentos que hacen Invierno: Pequeñas Navidades. Hay relatos que envejecen con nosotros y otros que, sencillamente, no envejecen nunca. Vuelven cada Navidad como esos visitantes discretos que no llaman a la puerta, pero que uno reconoce por la manera en que iluminan la estancia. Cuentos que hacen Invierno nació para recibirlos con un poco de ceremonia: para detener el ritmo apresurado de estos días y escuchar historias que, sin ser nuestras, hablan de lo que también vivimos. Tal vez porque la Navidad —cuando se mira sin ruido— es eso: un instante en el que la vida parece pedirnos un gesto más hondo, un regalo que no se compra, una palabra dicha con un tono distinto. Entre esas historias que se resisten al desgaste del tiempo, pocas hay tan puras como El regalo de los Reyes Magos, publicado por O. Henry en 1905. Su argumento cabe en muy pocas líneas, pero su significado desborda cualquier resumen. Della y Jim, un matrimonio joven que apenas llega a fin de mes, desean hacerse un obsequio de Navidad. Ella atesora una melena hermosa; él conserva un reloj heredado, casi su único bien valioso. Para comprarle a Jim una cadena de plata, Della vende su cabello. Para comprarle a Della unos peines de lujo, Jim empeña su reloj. Al intercambiar los regalos, descubren que cada uno ha renunciado al objeto que hacía útil el presente del otro. No obstante, la emoción del cuento no radica en ese pequeño desencuentro, sino en lo que revela: que ambos han dado lo mejor de sí, sin cálculo, sin lamento, sin exigir nada a cambio.
O. HENRY PRESENTA ESTA DOBLE RENUNCIA CON UNA DELICADEZA QUE DESARMA. No hay dramatismo, sino una sonrisa tierna que envuelve a los personajes. Della se mira en el espejo con el pudor de quien teme no gustar, pero con la esperanza intacta. Jim entra en casa y comprende al instante lo que ha ocurrido, pero no pronuncia reproche alguno; solo contempla en silencio la hondura del gesto de su esposa. Ambos se han equivocado, sí, pero se han equivocado por amor, y ese es el único error que el cuento absuelve con plenitud. En su desenlace, O. Henry los llama “los Magos”, no por los presentes que intercambian, sino porque han entendido —sin saberlo— el misterio esencial de la Navidad: que el valor de un regalo no reside en su utilidad, sino en la intención que lo ofrece. Leído hoy, este cuento nos recuerda algo que el consumo olvida con facilidad: que el amor no se mide con objetos, sino con renuncias que no duelen porque nacen de un querer sincero. Tal vez por eso, tras cerrar la historia, sentimos que hemos recibido también nosotros un pequeño obsequio: la certeza de que aún existen gestos capaces de iluminar el corazón en estos instantes finales en los que vemos terminar la Navidad.





Me ha dado, Miguel Sanchis. Muy oportuno. Hay que difundirlo. Pienso yo.
Tu relato de hoy nos hace pensar en otro tipo de regalos, lo de entregar amor que en estas fechas se hace más entrañable.
Sin lugar a dudas, el mejor regalo en este día de Reyes es regalar Amor, mucho Amor porque realmente es lo que más necesitamos y lo que más Felices nos hace. Un cuento precioso Miguel. Gracias
iGracias Miguelito por tan linda Historia, es el verdadero significado de la Navidad» El Amor Sincero»
Un fuerte abrazo y iFeliz Año Nuevo 2026!
Salud Miguel, excelente nota. Que Viva España… !!! Abrazos desde la Patagonia Argentina.
Así es Miguel , amor es desprendimiento y entrega del uno en el otro
Gracias por este regalo de Reyes