«Majadahonda no necesita gestos puntuales ni rectificaciones tardías. Necesita una política de cooperación estable, transparente y participativa, que devuelva a los ciudadanos la sensación de que viven en una comunidad comprometida con algo más que su propio confort».

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 12 de febrero de 2026). Seis años de silencio solidario. Cuando Majadahonda convirtió la ayuda internacional en un gesto tardío. Hubo un tiempo en que Majadahonda presumía de ser un municipio moderno, próspero y, sobre todo, solidario. No lo digo por nostalgia ni por romanticismo político, sino por memoria histórica. Por eso me cuesta aceptar sin indignación lo ocurrido durante los últimos 6 años con la ayuda municipal destinada a los países más pobres. 6 años de retraso, de bloqueo institucional, de excusas cambiantes y, finalmente, de una rectificación que llega tarde, mal y con un preocupante aire de improvisación. La reciente aprobación de una subvención de 15.000 euros para un proyecto humanitario en Haití ha sido presentada como un gesto positivo, casi como una muestra de sensibilidad social. Pero la realidad es otra. No estamos ante una iniciativa ejemplar, sino ante el tímido reconocimiento de un error político prolongado en el tiempo. Durante 6 años, el Ayuntamiento mantuvo paralizada la cooperación internacional, primero bajo el mandato del anterior alcalde y después con la actual alcaldesa, lo que supone una decisión política consciente, no un simple descuido administrativo.

Atlas de Geografía Humana, por el periodista Miguel Sanchiz: «En un momento en el que organismos internacionales alertan del aumento de enfermedades y mortalidad infantil debido al recorte de ayudas globales, la política local no puede permitirse actuar con indiferencia o con cálculos electorales»

LO MÁS PREOCUPANTE NO ES SOLO EL RETRASO, sino la actitud que lo ha acompañado. Durante este periodo, las asociaciones y colectivos sociales que históricamente han trabajado en la cooperación internacional han sido ignorados o relegados a un papel meramente testimonial. Incluso se ha llegado a rechazar la convocatoria del Consejo de Cooperación, el órgano que debería canalizar el diálogo entre la administración y la sociedad civil, apostando en su lugar por negociaciones individuales que debilitan el tejido asociativo y reducen la transparencia. Aún más inquietante resulta comprobar que el cambio de postura no parece responder a una reflexión ética ni a un compromiso social renovado, sino a presiones internas y a ajustes estratégicos dentro del propio partido gobernante. Cuando la solidaridad depende de un toque de atención político y no de una convicción moral, deja de ser solidaridad para convertirse en propaganda. No olvidemos, además, que la cuantía aprobada es simbólica si la comparamos con el presupuesto global del municipio. Durante años, la Plataforma 0,7% ha denunciado la escasa dotación económica destinada a cooperación y ha recordado que Majadahonda, por su nivel económico, podría asumir un papel mucho más relevante en la lucha contra la pobreza global. Sin embargo, las respuestas municipales han insistido reiteradamente en priorizar ayudas puntuales de emergencia frente a políticas estables de cooperación al desarrollo, una visión cortoplacista que reduce la ayuda internacional a un gesto ocasional en lugar de convertirla en una política estructural.

Las organizaciones sociales de Majadahonda han señalado que la concesión de esta ayuda no se ha realizado con los mecanismos de transparencia y eficacia deseables. Resulta paradójico que se hable de control del gasto mientras se evita convocar los órganos participativos que precisamente garantizan ese control democrático

PERO LO VERDADERAMENTE GRAVE no es solo la cantidad, sino la forma. Incluso las organizaciones sociales de Majadahonda han señalado que la concesión de esta ayuda no se ha realizado con los mecanismos de transparencia y eficacia deseables. Resulta paradójico que se hable de control del gasto mientras se evita convocar los órganos participativos que precisamente garantizan ese control democrático. En un momento en el que organismos internacionales alertan del aumento de enfermedades y mortalidad infantil debido al recorte de ayudas globales, la política local no puede permitirse actuar con indiferencia o con cálculos electorales. La cooperación internacional no es un lujo ni una concesión ideológica: es una responsabilidad ética de las sociedades que han alcanzado niveles de bienestar como el nuestro. Majadahonda no necesita gestos puntuales ni rectificaciones tardías. Necesita una política de cooperación estable, transparente y participativa, que devuelva a los ciudadanos la sensación de que viven en una comunidad comprometida con algo más que su propio confort. Porque la solidaridad que se practica cuando conviene políticamente no es solidaridad: es oportunismo con barniz humanitario. Y eso, además de injusto para quienes más lo necesitan, empobrece moralmente a la propia sociedad que lo permite.

Majadahonda Magazin