«Si la «borrasca Oriana» estaba en las agendas de los meteorólogos y en la opinión pública el miércoles 11 de febrero a las 21:33 horas ¿no se pudo advertir entonces a los comerciantes de lo que se avecinaba hasta el viernes 13 a las 22:47 para que la fruta, verdura, flores y productos frescos no terminasen tirados en los contenedores?»

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 16 de febrero de 2026). El Ayuntamiento de Majadahonda decidió suspender el mercadillo del sábado 14 de febrero de 2026, Día de San Valentín, ante la previsión de vientos huracanados. Madrid no lo hizo. Pozuelo tampoco. En Majadahonda, sí. ¿Por qué no se informó antes y mejor a los comerciantes ambulantes y a los vecinos? Si la «borrasca Oriana» se conoció el miércoles 11 de febrero a las 21:33 horas, ¿por qué no se informó a los comerciantes ambulantes de la previsión hostil para que adoptasen la posibilidad de una posible suspensión dejando de comprar género perecedero? El viento, finalmente, no se llevó tejados ni arrancó farolas, aunque sí derribó árboles. También se llevó la jornada de trabajo de decenas de pequeños vendedores que viven de ese mercado semanal, al igual que ocurrió con los autónomos y comerciantes que pagan locales de alquiler a precios muy altos y cuotas fiscales generalmente abusivas. Quizás ellos también se vieron afectados por la pérdida de visitantes en la ciudad, por no citar a la siempre recurrente hostelería majariega, cada día más al alza por su calidad. Y eso, a diferencia de las rachas anunciadas, no era una previsión: era una certeza.

Miguel Sanchíz

UNA DECISIÓN DIFÍCIL. Se nos dice que la decisión de cerrar el Mercadillo de Majadahonda durante toda la mañana del sábado fue por “prudencia”. No es mal consejo guiarse por la prudencia pero advertir que la palabra «prudencia» se ha convertido en el gran refugio retórico de la política contemporánea. Bajo su amparo cabe casi todo: suspender, prohibir, cerrar, limitar… Siempre es más cómodo impedir que trabajar, prevenir, regular y autorizar. Siempre es más seguro cancelar que asumir la responsabilidad de evaluar, coordinar e informar. Pero la prudencia no es miedo. La prudencia es ponderación. Y la ponderación exige medir riesgos reales frente a daños ciertos. Y ayudar con las precauciones limando al máximo las pérdidas y perjuicios económicos o laborales.

AEMET informa el miércoles 11 de febrero: «rachas muy fuertes de viento»

¿CUANDO SE APERCIBIO QUE EL RIESGO CONCRETO, OBJETIVABLE Y EXTRAORDINARIO DE LA «BORRASCA ORIANA» JUSTIFICABA LA SUSPENSIÓN TOTAL? ¿PUDO HABERSE OPTADO POR UNA SUSPENSIÓN PARCIAL? (por ejemplo dejar abrir a las 12 para cerrar a las 4, previos cortes de ramas y árboles en riesgo)? ¿Hubo un informe específico que señalara peligro inminente? Si la «borrasca Oriana» estaba en las agendas de los meteorólogos y en la opinión pública el miércoles 11 de febrero a las 21:33 horas ¿no se pudo advertir entonces a los comerciantes de lo que se avecinaba? ¿O simplemente se optó por la solución administrativa más cómoda: esperar al viernes por la noche, clausurar el sábado y evitar cualquier posibilidad de crítica futura el domingo? Parece que sí, que los técnicos evaluaron el riesgo la noche del viernes anterior o que al menos. O si fue antes, lo único cierto es que la comunicación a los comerciantes se realizó el viernes a altas horas de la noche, ya sin apenas tiempo o margen de maniobra para reaccionar. De ahí el descontento.

AEMET informa el miércoles 11 de febrero: «El viernes y sábado provocará rachas muy fuertes de viento, temporal marítimo y lluvias intensas. También nevará en cotas bajas del norte. Oriana puede ser, al menos por unos días, la última borrasca de esta larga serie que comenzó a finales de diciembre.»

FALLÓ OTRA VEZ EL EQUIPO DE COMUNICACIÓN: VECINOS TAMBIÉN SIN RESPUESTA. ¿Por qué no se respondió a las llamadas de los vecinos que solicitaban información? Y hubo especialmente 3: por medio de las redes sociales conocemos las siguientes: «¿Nos pueden decir si se anulan los partidos de fútbol al aire libre? Tenemos partido en el colegio Benito Pérez Galdós y desde la Concejalía de Deportes no nos dicen nada. Gracias»; «¿Y los centros deportivos al aire libre? Los partidos en colegios como el Benito Perez Galdós se cancelan? y sobre todo: «¿Que significa “se suspenden actividades en la vía pública»?. Nadie respondió en el Ayuntamiento, quizás porque era fin de semana… Los encuentros deportivos se celebraron y las actividades en la vía publica también: venta de flores por San Valentín (su mejor jornada del año) y terrazas o expositores callejeros estaban llenos en un día de sol radiante.

Mensaje de AEMET el viernes: «el viento será notable, aunque en niveles generalmente inferiores»

«SI OCURRE ALGO, SE PIDEN RESPONSABILIDADES A QUIEN AUTORIZÓ, SI NO OCURRE NADA, NADIE PIDE CUENTAS POR EL PERJUICIO ECONÓMICO CAUSADO». Porque esa es la cuestión de fondo: vivimos en una política obsesionada con evitar titulares adversos. Si ocurre algo, aunque sea improbable, la responsabilidad recae sobre quien permitió la actividad. En cambio, si se suspende y no pasa nada, nadie pide cuentas por el perjuicio económico causado. El resultado es una administración que actúa bajo el principio del “por si acaso”, aunque el “por si acaso” lo paguen otros. El mercadillo no es una actividad recreativa que pueda aplazarse sin consecuencias. Es el sustento semanal de muchas familias. Un sábado perdido no se recupera con una nota de prensa. No se compensa con buenas intenciones. No se reembolsa con declaraciones de responsabilidad institucional.

Mensajes del Ayuntamiento de Majadahonda a los comerciantes del Mercadillo (viernes noche)

DEBIÓ INFORMARSE CON MAYOR ANTICIPACIÓN PARA EVITAR QUE LOS COMERCIANTES COMPRASEN MERCANCÍA PERECEDERA, para que la fruta, verdura, flores y productos frescos no terminasen tirados en los contenedores… Y las formas: un mensaje de texto vía teléfono a las 22.47 de la noche del viernes y una confirmación a las 00:20 de la madrugada del sábado no es forma ni manera de alertar. ¿No pudo hacerse antes? ¿Tanto trabajo resulta descolgar el teléfono? ¿No se pudo hacer nada desde el miércoles a las 21:33 hasta el viernes a las 22:47? ¿Tan difícil resulta convocar al día siguiente (sábado) una reunión de urgencia a las 8.00 de la mañana para trasladar la evaluación de riesgos y cortar árboles, ramas en mal estado, prohibir accesos con peligro, cortar aceras y calles y dirigir el tráfico humano por las sendas que la Policía Local y Protección Civil estime más seguras?. En Majadahonda se decidió «cortar por lo sano» y lo sano era el Mercadillo de Majadahonda.

Comunidad de Madrid rebaja el sábado la situación operativa de los planes de emergencia activados

¿EL VIENTO EN MAJADAHONDA ES DIFERENTE AL VIENTO DE POZUELO Y DE MADRID?. Lo verdaderamente llamativo es la comparación inmediata: municipios vecinos, bajo la misma previsión meteorológica, mantuvieron la actividad. No parece que Majadahonda esté situada en una cordillera distinta ni expuesta a un microclima apocalíptico. Entonces, ¿qué ocurrió? ¿Un exceso de celo? ¿Una interpretación maximalista del riesgo? ¿una demora en las actuaciones comunicativas y gerenciales desde el miércoles? ¿O simplemente una cultura administrativa que prefiere la cancelación sistemática a la gestión inteligente? A la espera de conocer si se aplicaron planes previos de Protección Civil y si estos siquiera existen, el problema no es el viento. Es la mentalidad. Una sociedad que aspira al riesgo cero termina paralizándose. Si el criterio es que cualquier eventualidad meteorológica justifica la suspensión, pronto habrá que cancelar también la vida cotidiana. La lluvia resbala. El calor deshidrata. El frío provoca caídas. El viento sopla. Siempre habrá un argumento preventivo para no hacer nada.

Mensaje de la alcaldesa el domingo: «Gracias a la Policía Local, Protección Civil, Medio Ambiente, Bomberos CM y a las urbanizaciones por su rápida actuación y colaboración ante las incidencias provocadas por el viento. La coordinación y el trabajo conjunto han sido claves para garantizar la seguridad de todos».

GOBERNAR NO ES BLINDARSE ANTE CUALQUIER POSIBILIDAD, Y DIFERENCIAR ENTRE LO POSIBLE (MIÉRCOLES), LO PROBABLE (VIERNES) Y LO REMOTO (SÁBADO). Eso fue lo que ocurrió. La evaluación de la AEMET fue variando desde el miércoles al sábado. El Ayuntamiento de Majadahonda poseía esta información pero ni la comunicó a la opinión pública (sus servicios de prensa siempre tan activos con la propaganda de su partido y su alcaldesa) ni la compartió con los afectados (los comerciantes). Gobernar es asumir que la vida implica riesgos razonables y que la función de la autoridad no es eliminar toda incertidumbre, sino administrarla con sensatez. La cancelación del mercadillo no ha demostrado prudencia; ha evidenciado inseguridad política. Y cuando el poder actúa movido más por el temor a la responsabilidad que por el criterio ponderado, quienes pagan la factura son siempre los mismos: los pequeños, los que no salen en la foto, los que trabajan cada sábado para llevar dinero a casa y si no lo hacen les toca pagar. El vendaval, esta vez, no fue meteorológico. Fue burocrático. Y quizá ese sí merezca una reflexión más profunda.

 

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