JORGE RUBIO. De entrenar en Majadahonda a hacerlo en Estados Unidos: la historia de Alonso. «Nuestras tardes de diario ya nunca fueron las mismas. Le recogía en el cole e inmediatamente, ya en el interior del coche, comenzaba a merendar mientras llegábamos al aparcamiento de las instalaciones deportivas, en Majadahonda, después de un viaje de más de 40 km, donde, además, hacía los deberes del día siguiente antes de empezar a entrenar. Una buena parte de las horas de sábados o domingos se dedicaban ya a los partidos». Con estas palabras, el diario El País se hace eco del relato de los padres de un joven futbolista que ha pasado de entrenar en Majadahonda a hacerlo en Estados Unidos. «Un viaje con el que inicia una etapa como futbolista en la liga “preprofessional” líder en Estados Unidos y Canadá, que se extenderá durante los próximos meses. Allí le ha llevado una pasión por su deporte, el fútbol, que comenzó hace ya bastantes años, creo que en el mismo momento en que empezó a caminar«, relata la madre del futbolista que en aras de alcanzar su sueño ha tenido que dejar su casa en España para buscar oportunidades en Estados Unidos. La razón estriba en que la rigidez de la reglamentación en la Universidad española no favorece que los deportistas puedan compatibilizar los estudios con los entrenamientos, al contrario que en EE.UU, donde los “student-athlete” son el reclamo para acudir a ellas dada su popularidad entre los alumnos.
«No le recuerdo de ninguna otra manera que no fuera con una pelota próxima a sus pies. Durante sus primeros años siempre iba al parque con un balón y las dimensiones del mismo daban igual; golpear el esférico, correr detrás de él, esquivar obstáculos que dificultaran su conducción o intentar marcar gol en cualquier improvisada portería, ya fueran árboles o ropa tirada en la hierba, resultaba su mejor diversión. Conforme fue creciendo, como muchos niños y niñas, el patio del colegio se convirtió en otro entorno ideal en el que disfrutar jugando al fútbol con sus compañeros de clase. Algunos días podía observarle a hurtadillas, en el recreo o justo a la salida de clase, y allí estaba siempre regateando, chutando y golpeando el balón. Le veía feliz«, prosigue la madre del joven futbolista.
«Pero en nuestro país no existe ninguna estructura o reglamentación que ayude a compatibilizar ambas facetas, permaneciendo ambos mundos totalmente separados y sin ningún tipo de coordinación entre los clubes de fútbol y la administración académica. Los chicos y chicas futbolistas se encuentran en el inicio de su etapa universitaria en una verdadera encrucijada», prosigue. Y concluye: «había que buscar una alternativa, una tercera vía, que permitiera a Alonso continuar su formación y seguir compitiendo al más alto nivel. De este modo, el pasado verano se incorporó a Florida Atlantic University (FAU), que compite en la NCAA División I, después de obtener una beca deportiva y académica con el apoyo de AGM Education. En Estados Unidos, los estudiantes que compiten con los equipos de su universidad son considerados “student-athlete”, una calificación que favorece la adecuación del calendario, la coordinación entre entrenadores y profesores, el apoyo académico con tutores, etc. Alonso ha continuado este curso sus estudios de “Economics” y finalizado su periodo de novato (“Freshman”) en el equipo de soccer de la universidad».
Guillermo Mondelo
La situación de Alonso lejos de ser única es una realidad extendida entre las familias de jóvenes deportistas que buscan oportunidades de mantener su vínculo profesional con el deporte y compaginarlo de forma efectiva con sus estudios. Precisamente desde AGM Education se han llevado a cabo varias campañas en Majadahonda con el objetivo de becar a futbolistas para que puedan cumplir sus sueños en Estados Unidos. Una de estas últimas iniciativas consiguió que 71 jóvenes madrileños pudiesen desarrollar su carrera deportiva y estudiantil como Alonso. Desde Majadahonda hay varios ejemplos de jóvenes en su misma situación como Guillermo Mondelo que estudia Comercio tras dos años en el The Kiski School de Pittsburgh con una beca de natación y que contaba que “allí aprendes más rápido. No teníamos más de ocho alumnos por clase y los profesores y entrenadores viven en el campus. Las tutorías las hacíamos en sus casas”.
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