
«Tenerife y Orihuela, este último, uno de los 5 partidos que ganados nos han de valer el ascenso directo, según los expertos. Faltan 4 y el inmediato contra el Yugo-Socuéllamos, club manchego tan simpático como, al parecer, asequible para que el Rayo Majadahonda se salga con la suya»
VICENTE ARAGUAS. La Maldición del Cerro. (Majadahonda, 14 de marzo de 2026). Pocos campos con nombre tan hermoso como el Cerro del Espino. En ubicación, diría yo, ninguno más prodigioso que el Salto del Caballo toledano. Un campo que, honrando su nombre, tal parece que va a saltar desde el acantilado en que se halla. Enfrente la Ciudad Imperial, panorama entre ocres y fucsias, con ese Alcázar descompensando un poco, por su tamaño, la armonía de una ciudad tan sumamente armónica. Por el lugar donde se hallan, tan al borde del mar, me quedo con los Campos del Sardinero (Santander) o Riazor (Coruña). Por el nombre, centrándome en Madrid, me gusta Matapiñoneras (San Sebastián de los Reyes) y –referido a la capital– era muy parcial de “La Peineta”, lo que hoy es el Metropolitano. Recuerdo la cara que puso el gran Adelardo cuando le cité mi parcialidad “peinetera”. Eso, sí, los dos coincidimos en que Don Vicente Calderón fue el mejor presidente del club por el que ambos “torcemos”, dicho a la brasileña. En cuanto a nombres creo que Cerro del Espino es de una gran belleza. Por las palabras que en él viajan, por lo que implican. Esa inmersión en la naturaleza que no desmienten sus fondos. Sobre todo el que está enfrente de la tribuna. Y el que mira al Noroeste.

«Y no, querido Manolo Hernández, no es que me asuste el agua, Es lo que me da la vida, como gallego y nadador. Doblemente, pues. Ajo, también. porque “a la salud por el ajo y el limón”, viejo lema»
El problema, insisto, la gente –ya lo decía André Gide– necesita que se le repitan las cosas por ser de natural amnésico, es que nuestra tribuna es descubierta. No para los gerifaltes (los de antaño, digámoslo con Valle-Inclán, los de hogaño) ni para los elementos radiofónicos (a veces ni uno). La plebe, sin embargo, a aguantar las inclemencias del tiempo. ¡Qué bonito! Claro, un amiguete me preguntaba que tipo de gallego soy yo para quejarme de unas gotas. No, no soy especialmente quejica, pero tampoco un panoli como para no darme cuenta de cómo nos están tomando el pelo nuestro Ayuntamiento, propietario del terreno, y el Atlético de Madrid, arrendatario. Desaparecieron las jaimas que nos protegían del tiempo malsín y nada se puso en su lugar. En abierto desprecio a socios, abonados y público en general. Y yo no sé si eso tendrá que ver con la maldición del Cerro, La que hace que últimamente perdamos o empatemos en casa todo lo conseguido fuera de ella. Así, los 3 últimos partidos en el Cerro del Espino: Las Palmas B, Moscardó, Getafe, nos otorgaron 2 puntos de 9 posibles. Y eso con el penalti más que dudoso que nos sirvió para empatar con el llamado “Mosca”, nombre tomado del militar sublevado, que dio en encerrarse en el Alcázar de Toledo, resistiendo hasta el 27 de setiembre del 36.

«Tal vez sea lo suyo plantar ajos en ambas porterías de Majadahonda. Sistema bueno para ahuyentar vampiros: los 3 últimos partidos en el Cerro del Espino: Las Palmas B, Moscardó, Getafe, nos otorgaron 2 puntos de 9 posibles»
Supongo que la “memoria histórica” no es aficionada al fútbol. Pero los que sí lo somos y, además, rayistas, queremos que el Cerro sea un fortín y no volvamos a tirar a la basura tanto esfuerzo y fruto en los partidos foráneos, Por ejemplo las últimas victorias en Tenerife y Orihuela. Este último, uno de los 5 partidos que ganados nos han de valer el ascenso directo según los expertos. Faltan 4, pues, el inmediato, contra el Yugo-Socuéllamos (al nombre solo le faltan las flechas falangistas, que llevaba Paquito Giménez que nomina su estadio), club manchego tan simpático como, al parecer, asequible para que el Rayo Majadahonda se salga con la suya. Mientras tanto tal vez sea lo suyo plantar ajos en ambas porterías. Sistema bueno para ahuyentar vampiros. Los que nos impiden rendir en el Cerro como debemos y. de paso, aquellos que nos están chupando la sangre o, cuando menos, obligándonos a no asistir al Cerro del Espino cuando llueve. Y no, querido Manolo Hernández, no es que me asuste el agua, Es lo que me da la vida, como gallego y nadador. Doblemente, pues. Ajo, también. porque “a la salud por el ajo y el limón”, viejo lema. Y, como siempre, a los jugadores: tensión, tensión. Y a los (ir)responsables; cubierta, cubierta, cubierta. ESCUCHE LA TERTULIA DE LA OLIVA SOBRE EL RAYO MAJADAHONDA-SOCUÉLLAMOS PINCHANDO AQUI.




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