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El poeta José Ramón Ayllón recibió dos galardones en el año 2016: Premio Miguel Labordeta y Premio al libro mejor editado en Aragón

ELENA MARTICORENA. En la segunda parte de la entrevista concedida por el poeta José Ramón Ayllón Guerrero a MJD Magazin, el zaragozano afirma que «vivimos unos tiempos en los que las redes y las aplicaciones y los distintos soportes tecnológicos facilitan la proyección inmediata de todo lo que creas, pero eso mismo, en mi modesta opinión, facilita también la frivolidad y el que aparentemente todo valga». Y es que como bien explica el último ganador del Premio de Poesía Blas de Otero de Majadahonda, colgar una foto en Instagram parece convertirte automáticamente en fotógrafo y un texto en Facebook, en escritor. «Si añades un inexplicable interés mayoritario por ser “artista”, que creo que es más bien solo hambre de micro y foco, me lleva a ser pesimista porque, lamentablemente y frente a todo ese abuso de proyección, publicar sigue siendo complicadísimo y muchas veces se habla de poesía cuando en realidad se debería hablar no sé exactamente de qué, pero de otra cosa. Igual el problema lo tengo yo por tomarme la poesía demasiado en serio», concluye Ayllón.

Elena Marticorena

¿Cuáles son tus principales apoyos para seguir escribiendo? El principal apoyo ha sido que nunca me interesó formar parte de lo que estoy describiendo. Por accidente, vi publicados dos poemarios míos que recibieron sendos premios en 1981 y en 1992. Eso quizá me ayudó a descubrir un mundo y unos códigos que no eran los míos y, por consiguiente, mi obra siguió forjándose al margen de esos círculos y del mercado. Después de todo, yo me he hecho visible como escritor hace muy poco, cuando con una edad ya avanzada y seguramente de rebote, con las ideas más claras, decidí ordenar todo lo que tenía guardado en los cajones e intentar hacerlo visible. A partir de ahí debo admitir que los premios que me han concedido han supuesto un apoyo importante.

También has publicado varias obras en prosa, especialmente relatos. ¿Qué te impulsó a lanzarte a este género? –Curiosamente en 1984 y tras haber escrito, como dices, varios relatos, terminé abordando en verso una idea que tenía, ante la convicción de que nunca sería capaz de escribir una novela. Sorpresas te da la vida porque, casi 40 años después, tengo publicadas dos. Quiero decirte con esto que, en realidad, la idea me había rondado muchas veces. Creo que escribir en 2016 un poemario todavía inédito cuyo reto era acercarme a él a la manera de la poesía anglosajona, es decir con una construcción más narrativo-descriptiva que, de rebote, me sacaba de mi zona de confort, fue fundamental para poder después ponerme a escribir una novela e incluso para formalizar Arrecife de sombras, el poemario con el que obtuve el Premio Blas de Otero de Majadahonda.

José Ramón Ayllón Guerrero ha publicado varios poemarios, relatos y dos novelas

Has recibido numerosos premios, ¿son la recompensa del buen trabajo? –No te voy a negar que son un aliciente y un halago y que sí vienen, en parte, a rubricar el esfuerzo y el trabajo, pero, de la misma manera, son un mero accidente. Todo pasa por conectar con una determinada sensibilidad del jurado en cuestión que esté valorando las obras. Una misma obra, independientemente de su valor, puede ser premiada en un certamen y pasar quizá desapercibida en otro… Y eso ciñéndome solo a los premios literarios que son limpios, que no lo son todos. En resumen, no puedes darle o no valor a tu trabajo en función de que te den o no un premio. Lo importante es seguir trabajando con seriedad y autoexigencia y estar satisfecho con lo que vas haciendo. ¿Se puede vivir de la poesía? –Nunca ha sido mi intención, pero te diría que no, a no ser que tengas la suerte de pasar a formar parte de los elegidos por las editoriales que copan el mercado.

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