Ana Utrera Soler (1940-2026) falleció este martes 21 de abril en Almería y su funeral se realiza este miércoles a las 10 de la mañana en el Tanatorio Albia, frente al Cementerio y junto al Hospital de Torrecárdenas. Tenía 86 años de edad.

FEDERICO UTRERA. (22 de abril de 2026). Algunos pacientes oyentes y espectadores de mi conferencia que este lunes 20 de abril tuvo lugar en la Casa de la Cultura de Majadahonda sobre las novedades biográficas en torno a la vida y muerte del poeta, dramaturgo y también videoartista Federico García Lorca, mostraron al inicio cierta extrañeza. Lo hacían con benevolencia porque mencioné la curiosidad de que dos miembros de mi familia hubiesen conocido al legendario poeta granadino y así lo mencioné en la charla, mostrando incluso sus fotos: eran mi abuelo, el médico Federico Utrera y mi tía abuela (en realidad mi tercera abuela) Encarnación Soler Salmerón, conocida familiarmente como “Chon”. Que alguien te hable de Lorca habiendo visto su rostro y escuchado su voz (de la cual no se han encontrado registros todavía, aunque sí descripciones muy detalladas) fue un privilegio pero no fui el primero ni el único: una de mis fuentes para esta conferencia fue mi tía Ana Utrera Soler, hermana de mi madre y pionera universitaria en los años 60 del pasado siglo, que obtuvo la licenciatura en Farmacia en la Universidad de Granada.

Conferencia de Federico Utrera sobre Lorca este lunes: su abuelo y una tía abuela conocieron al poeta en diferentes circunstancias

Pocas mujeres procedentes de la Andalucía profunda podían entonces estudiar y mi tía Ana tenía una personalidad arrolladora: simpática, independiente, inteligente y disfrutona, desde bien joven se hizo la más popular de la familia. Su divorcio fue una conmoción en aquella pequeña y entrañable ciudad de provincias que es todavía Almería, a pesar de que rehizo su vida con Ramón, empresario que queda ahora viudo. Ana Utrera Soler (1940-2026) falleció a los 86 años de edad este martes 21 de abril en Almería y su funeral se realiza este miércoles a las 10 de la mañana en el Tanatorio Albia, frente al Cementerio y junto al Hospital de Torrecárdenas. Su obituario sale a colación aquí porque existe una extraña relación de esta familia Utrera con Majadahonda, ciudad madrileña donde está muy arraigada. El primero que llegó aquí fue Arturo Utrera Soler, también médico ginecólogo, que según el diario ABC casó en 1969 con Teresa Hergueta Martín-Artajo, sobrina del que fuera ministro de Asuntos Exteriores en la época de Franco. Alberto Martín-Artajo fue un hombre clave en la reinserción internacional de España tras la Segunda Guerra Mundial, logrando la firma del Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid con EE.UU. A esta boda asistió el que fuera médico republicano Gregorio Marañón, según la reseña de este diario y de ese matrimonio nacieron dos hijos, el periodista Luis y el farmacéutico Federico Utrera, ambos majariegos. La familia vivía en la urbanización Virgen de Icíar y hoy ambos son vecinos de Adra (Almería), la ciudad de la que procede este apellido desde el año 1505, según un estudio realizado por el historiador Víctor Rodríguez Segado titulado «Historia de un linaje abderitano poco conocido: los Utrera«.

Ana Utrera Soler junto a su hermana Carmen y su pareja Ramón: su divorcio causó una pequeña conmoción en aquella pequeña y olvidada ciudad de provincias que era Almería

Arturo Utrera, médico de Cruz Roja (Reina Victoria y Getafe) que vivía en Virgen de Iciar (Majadahonda) junto a sus hermanas Ana Utrera (fallecida este martes), Elisa y Carmen, su cuñado el médico Juan Martínez Muley y el abuelo Federico Utrera, también médico

En esta preciosa ciudad, perdida y escondida en el sureste peninsular, habitada por gentes generosas y muy emprendedoras, viven el singular Loren y la farmacéutica Elisa Utrera, habiendo sido concejal su hermano, el informático Juan Federico Utrera (ahijado mío). En esta antigua Abdera se encontró la primera tumba judía de Europa, correspondiente a una niña llamada «Salomonula«. Y aquí se desarrolló también una colonia fenicia productora de aquella salsa de pescado llamada «garum» que la hizo tan próspera como Cádiz (la célebre Gadir). Allí pasé parte de mi infancia y primera escuela con la maestra Doña Isabel Latorre, cuyos dos hijos también he conocido y admirado en mi madurez. Uno de ellos es biógrafo del compositor Angel Ortiz de Villajos, que trajo el charlestón a España gracias a los ritmos que le tarareaba mi abuelo, oyente espontáneo en sus travesías Europa-América en la época en la que ejerció como médico marino y eran los españoles los inmigrantes. Sus descendientes ingresan todavía sus derechos de autor por sus canciones españolas en películas (“Ay Carmela” o «Yo soy esa» (1990) y los charlestones «Al Uruguay» y «Mami, cómprame un negro».

Los cuatro hermanos Utrera, hijos de «Don Federico»: Carmen, Ana, Arturo y Elisa

Ana Dolz Utrera (derecha), farmacéutica fallecida prematuramente y que asomó en una fotografía de mi conferencia majariega sobre Lorca junto a mi tía «Chon» y mi hermana Elisa, terapeuta rehabilitadora en el Hospital de Fremap, cuya sede central también está en Majadahonda.

Por azares del destino, en Majadahonda también recaló otra parte de esta familia, pues Ana Utrera Soler estuvo casada en primeras nupcias con Tomás Dolz Romero, hermano de Loles, la que fuera concejala de Izquierda Unida en la transición. De aquel matrimonio nacieron el economista Fran y Ana, farmacéutica fallecida prematuramente y que asomó en una fotografía de mi conferencia majariega sobre Lorca junto a mi tía «Chon» y mi hermana Elisa, terapeuta rehabilitadora en el Hospital de Fremap, cuya sede central también está en Majadahonda. Y como despedida a mi adorable tía Ana quiero reproducir una entrevista que le realicé en 2024 en su casa de de la Avenida de la Estación, Edificio Torres Bermejas de Almería y grabada en vídeo, donde esbozó su autobiografía: «Me llamo Ana María Utrera Soler, soy hija de Federico Utrera Cuenca, mi padre era el médico de Adra y anteriormente, cuando terminó la carrera, hizo unas oposiciones en la Real Armada Inglesa. Entonces, sacó la plaza y se embarcó en un transatlántico inglés aunque al principio fue en otro barco de menor categoría, donde tenía que estar viajando como médico con el mismo rango que el capitán. Renunció a esa plaza porque pensaba en casarse después de toda la vida siendo novio de mi madre, en los pueblos ya sabes que de chiquitillo decían que la novia de Federico era Elisita, hija de don Antonio Soler Bayona (Adra, 1876-1928), presidente de la Diputación. Sin embargo, no eran arreglos entre familias, porque iban juntos al colegio juntos desde chiquitillos (ambos nacieron en el año 1901)». 

Las prácticas las hizo su padre junto con don Emilio Muñoz Fernández, «que entonces fue Rector de la Universidad en la época que yo estaba en Granada estudiando Farmacia. Y eran muy amigos. Yo iba de vez en cuando a verlo y a comer a su casa, porque mi padre me lo decía. A mí me daba mucha vergüenza, pero yo le hacía caso a mi padre».

«Mi padre sabía inglés perfectamente, en Adra decían que don Federico era muy llano, hablaba con todo el mundo y ayudaba a todos… Venían a verlo desde los cortijos cuando tenían alguna niña que estaba muy malita y mi padre tenía aparte mucho ojo clínico. Las prácticas las hizo junto con don Emilio Muñoz Fernández, que entonces fue Rector de la Universidad en la época que yo estaba en Granada estudiando Farmacia. Y eran muy amigos. Yo iba de vez en cuando a verlo y a comer a su casa, porque mi padre me lo decía. A mí me daba mucha vergüenza, pero yo le hacía caso a mi padre. Y él me hablaba y me decía: «tu padre es una persona maravillosa, amigo de sus amigos, tan dado a la amistad, casi hermandad… Mi padre y Federico García Lorca eran casi de la misma quinta. Todo eso lo supe en la posguerra, una época en la que no se hablaba mucho de política ni de nada. Y él se atrevía a afirmar: «¡con lo liberal que soy yo!». Tenía a gala su libertad de pensamiento, haber terminado su carrera, irse fuera de España, haber sacado su oposición… No hablaba mucho y menos hablar mucho de aquello porque aquella generación tenía miedo… Conoció a Lorca en el café de «El Rinconcillo» de Granada y aunque yo era la más chica de todos los hermanos, la pequeña de mi casa, la niña… recuerdo que «El Rinconcillo» sonaba en mi casa. Y esa palabra la decía mi padre y se oía en privado y en familia como comentario para decirnos: «tened mucho cuidado con lo que habláis porque viene fulano que está deseando denunciar a todos los que tenemos contacto con los del Rinconcillo…». Sirvan estos y otros recuerdos míos que me llevo y comparto para acompañar a mi tía Ana en mi memoria y en mi corazón… DEP.

Majadahonda Magazin