
Camino de Copygraf, Santa María de la Cabeza, comido por la curiosidad de ver a cuánto cotiza la buena de María Jesús la fotocopia (aunque solo sea una, aclaro para mal pensados y perspicaces). A 20 céntimos, me dice, con su sonrisa habitual. Y salgo de su tienda diciendo con José Maria González-Sinde: ¡Viva la clase media! Y los precios buenos para la mesocracia, y lo que quede de proletariado, igualmente. Y para encuadernaciones, la imprenta del Callejón del Gato, unos cuarenta euros el trabajo, letras en el lomo y tal. En el sitio en cuestión, el doble.
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 13 de junio de 2026). Una fotocopia, euro cincuenta. Cuando vine a vivir a Majadahonda, 1979, y me hice un poco –o bastante, y aun muy- majariego, la bromita amistosa era, “así que te vas con los millonarios”. Hoy, ya se sabe, el término este, para los favorecidos por la fortuna (económica) ha ido desapareciendo y, en todo caso, nuestra ciudad es, básicamente, clase media; Galdós, finales del XIX, ya se preguntaba que dónde estaba el pueblo si todos querían llegar a ser mesocracia. En todo caso Majadahonda ha sufrido diferentes transformaciones o metamorfosis, desde aquella guerra tan lamentable, por civil, por destructora que nos redujo al tres por ciento de lo que entonces había. Y en internet se puede encontrar la evolución demográfica desde que aquellos pioneros renacidos, casi como los del “Mayflower”, reconstruyeron, desde cero, casi, lo que es hoy una ciudad bellamente planificada. Donde tenemos de todo, excepto determinadas instalaciones deportivas; la falta de piscinas municipales clama al cielo. La cubierta del Cerro del Espino, otro cantar, cierto, y al tiempo otro lamento. Y sigo sosteniendo que una sola Biblioteca Pública es pecado mortal, que solo conseguiría absolución creando dos o tres más, y algún que otro punto de lectura.
EL TEATRO CARMEN CONDE SE HA QUEDADO PEQUEÑO Y EL AUDITORIO ALFREDO KRAUS, YA SE SABE, INSERVIBLE. No sé si es un caso insólito en el país pero sí un ejemplo extremo de chapuza nacional. Un espacio externo tan hermoso, sobre todo para ser visto a vista de pájaro, tan imposible a efectos auditivos. Esto suena a chiste pero así es. Y pues la reforma del “Alfredo Kraus” no parece viable lo suyo sería crear un nuevo auditorio. Y ojo, si tal se hace, con los comisionistas. Plaga nacional, igualmente, muy de actualidad pero con historial añejo. Ya ni hablo de los enjuagues que hubo en la dictadura o en la monarquía alfonsina, pero es que en la II República el escándalo del estraperlo; aquella ruleta eléctrica amañada de Strauss y Perlowitz que fulminó al Partido Radical y supuso el final del “bienio negro” y la caída de Don Ale Lerroux. La palabra dio origen al término que denomina ciertas corruptelas en los trapicheos de nuestra posguerra. Y, si como digo, Majadahonda es más bien clase media, en líneas generales, a veces me sorprendo con precios para gente si no de muchos posibles, dispuesta a aflojar la cartera o tirar de tarjeta sin mayores miramientos.
ASÍ DETERMINADA COPISTERÍA, NOMBRE ANGLICANO QUE DA MÁS PISTO, ADONDE HUBE DE DIRIGIRME EL OTRO DÍA, con premura pues necesitaba copia urgente de un documento para una reunión vecinal. Hete ahí mi sorpresa cuando la señorita que me atiende solicita, eso sí, sonriente, un pago de un euro con cincuenta por la fotocopia en cuestión. Añadiendo, ante mi cara de sorpresa, un irónico “hay más tiendas.” Y claro que las hay. En ese momento, tomado de la sorpresa y la prisa no rechacé la oferta, tomé la fotocopia e hice mutis por el foro. Camino de Copygraf, Santa María de la Cabeza, comido por la curiosidad de ver a cuánto cotiza la buena de María Jesús la fotocopia (aunque solo sea una, aclaro para mal pensados y perspicaces). A veinte céntimos, me dice, con su sonrisa habitual. Y salgo de su tienda diciendo con José Maria González-Sinde: ¡Viva la clase media! Y los precios buenos para la mesocracia, y lo que quede de proletariado, igualmente. Que un euro cincuenta, la fotocopia, es más bien precio para muy pudientes, como aquellos millonetis que, según mis amigos, poblaban la Majadahonda setentera. El lugar donde tanto exageran el valor de un simple folio fotocopiado es céntrico y tiene nombre sajón. Y no digo más que todo es mundo. “Averigúelo, Vargas”, como dice el dicho. Y para encuadernaciones, la imprenta del Callejón del Gato, unos cuarenta euros el trabajo, letras en el lomo y tal. En el sitio en cuestión, el doble. Tomemos nota. Yo la he tomado hace tiempo.







Estimado compañero, rayista fútbolero y de afición viajera, Dn. Vicente Araguas, hazle una visita a la tienda de Doña Carlota en la calle Escudero donde Mercedes y su hermano Aurelio te atenderán de maravilla, como han hecho conmigo y con mis proyectos durante muchos años.
Cierto. Me encanta. Y he comprado allí bastidores para pintar la mona, lo que hago de vez en cuando. Pero yo hablaba esta vez de fotocopias. Y encuadernaciones. Lo que no hace Doña Carlota. Gracias, Don Ignacio. Conmilitón mío en unas cuantas cosas buenas. Un abrazo.