
Vicente Araguas, viajero de Majadahonda (Madrid), enseña dos ciudades fuera de los circuitos más turísticos de Italia: «San Vital, Ràvena. Pisa, donde el Arno»
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 19 de abril de 2026). Rávena y Pisa. Los viajeros por Italia, hablo del viajero común, no del especializado, el que se mueve por los circuitos habituales, incluso el que va a su libre albedrío, sin someterse a la tortura (hablo por mí, si alguno hice, acabé harto) de los “tours”, con sus paradas medidas al minuto, suelen dejar a su lado estas dos ciudades, Una de ellas, toscana, Pisa. La otra, romañola, bien que inserta en la región de Emilia-Romagna, Rávena. Si bien los circuitos se detienen sin otra atención/ intención que la famosa “Torre Pendente.
Por más que muchos de los que hasta allí llegan no suban a ella, ni tampoco entren en el “duomo” o en el “baptisterio” vecinos, limitándose a tomar la consabida foto de la torre con el personal haciendo como que intenta detener su caída con las manos o lo que sea. (He visto algún borriquete en posición asnal a coces, fingidas, claro, con el bellísimo “campanile”.) Que continúa en su lentísima caída, unos centímetros anuales, luego de que se hubiese conseguido detener –con tirantes fortísimos de acero- lo que amenazaba desastre a no tardar demasiado. Pero, de momento ahí sigue la torre con su vértigo marmóreo, que escalo cada año, solo o en compañía de mis alumnos de Logos. Estos, por cierto, si menores, no podrían subir sin la presencia de un profesor, para evitar sucesos extraños, que la juventud, y no descubro nada nuevo, es de suyo volandera y, aun, arrojadiza. Por más que Palito Ortega cantase “La juventud, ja, ja, sabe lo que quiere, sabe adónde va.” Y, bueno, me precio que la mía, la que conmigo va, al menos lo intenta (y yo con ellos).

Pisa, bañada por el mismo río de Florencia, el Arno, por lo tanto, rivalizaba con la capital del ducado de Toscana, en riqueza y virtudes
Pero la cosa es que hay mucha más Pisa que la del “Campo dei Miracoli”, donde se halla la torre. Que se trata de abandonar esa zona, donde los turistas afanados en hacer como que atrapan con manos y pies el declive marmóreo (debido a las aguas subterráneas en el suelo pisano) para dirigirnos a las ciudad de Pisa. Todo un recuerdo medieval digno de un marco. Cuando Pisa, bañada por el mismo río de Florencia, el Arno, por lo tanto, rivalizaba con la capital del ducado de Toscana, en riqueza y virtudes. De hecho ambas ciudades lucharon con intensidad. Cual lo hizo Florencia, tan peleona, también con Siena. De hecho hasta 1406, integración de Pisa en el dominio florentino, la ciudad pisana, y su ámbito, con poderío marítimo (hoy existe todavía la llamada “marina” de Pisa) había convertido en su sombra el caudal mercantil y bancario de Florencia. Pasear hoy por la parte menos conocida de Pisa es un lujo: edificios nobles, tenderetes callejeros de todo tipo, fruta, legumbres, libros, también, y -por supuesto- un “Lungarno” como el de Florencia, un paseo a lo largo del Arno, prodigioso. Pisa, tan bellamente desconocida.

«De momento ahí sigue la torre con su vértigo marmóreo, que escalo cada año, solo o en compañía de mis alumnos de Logos. Estos, por cierto, si menores, no podrían subir sin la presencia de un profesor, para evitar sucesos extraños, que la juventud, y no descubro nada nuevo, es de suyo volandera y, aun, arrojadiza»
Y, para el turismo, también lo es Rávena. Por mí tan amada que en y con ella finalicé mi libro de poemas: “Guarda che luna!” Rávena, ciudad llanísima con ciclistas en lugar, casi, de transeúntes, es –sobre todo- ese conjunto con protagonismo bizantino, pero muchas más cosas. En orden de visita: San Vital, iglesia.fortaleza centrada en los mosaicos, donde Justiniano y Teodora juegan al futuro, luego de tantas invasiones en la que fuera capital del Imperio Romano de Occidente. Cerca, muy cerca, el Mausoleo de Gala Placidia. Con bóveda en lo que doy en llamar la “Capilla Sixtina del Mosaico”. Luego, después, el Batisterio. Con esa pila de inmersión octogonal. Y sobre nosotros Juan el Bautista con el Hijo del Hombre en el Jordán. Y una decoración de veneras, que viene de Venus. Otro cantar. Como el que nos lleva a San Apolinar el Nuevo: Reyes Magos y vírgenes camino de los puertos. Rávena: Gloria.






Me encantan esas ciudades y tienes razón, Pisa es mucho más que el complejo catedralicio y el circo de las fotos…
Gracias por leerme. El circo de las fotos, como bien dices, tan bizarro que no deja de fascinarme, pero solo un ratito.