La extrema derecha y la extrema izquierda organizan actos por separado este sábado 10 de enero (2026): ha sido imposible reunirlos a debatir conjuntamente sobre lo ocurrido en Majadahonda el 13 de enero de 1937, efeméride sobre la que se va a cumplir casi un siglo, aunque los datos históricos son bastante coincidentes.

MANU RAMOS. (Majadahonda, 10 de enero de 2026). Aunque han pasado casi 100 años (faltan 9 para que se cumpla el primer siglo), como cada mes de enero se celebra este sábado 10 de enero (2025) en Majadahonda (Madrid) un acto en el que diversos grupos de extrema derecha (Falange, Patriotas y la Asociación Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos Caídos en Majadahonda, que tiene sus redes sociales inactivas desde 2020) recuerdan el bombardeo que destruyó la ciudad de Majadahonda el 13 de enero de 1937 y en el que murieron varios brigadistas internacionales procedentes de Rumanía. La Falange de Madrid programó este viernes en el Espacio Ardemans la conferencia “Mártires de ayer”. Por contra, el PCE, Más Madrid e Izquierda Unida han organizado junto a otros 4 colectivos otro acto a la misma hora titulado «Memoria Democrática Antifascista: una mesa redonda sobre la verdad, justicia, reparación y no repetición”.

Manu Ramos

Ofrecemos dos versiones sobre este episodio, la primera a cargo de la web “Guerra en Madrid” que escriben Alberto Laguna, Victoria de Diego, Antonio Vargas y Daniel Olivares, «cuatro profesionales de diferentes gremios (periodismo, historia y psicología) que la administramos de manera altruista y apasionada. Los cuatro estamos enamorados de la investigación histórica y procuramos escribir cada uno de los artículos de la manera más objetiva posible». Por otro lado, David Rodríguez Tallón escribe sobre los actos alternativos programados por la extrema izquierda y sus razones.

“Guerra en Madrid” la escriben Alberto Laguna, Victoria de Diego, Antonio Vargas y Daniel Olivares, «cuatro profesionales de diferentes gremios (periodismo, historia y psicología) que la administramos de manera altruista y apasionada y procuramos escribir cada uno de los artículos de la manera más objetiva posible»

ALBERTO LAGUNA, VICTORIA DE DIEGO, ANTONIO VARGAS Y DANIEL OLIVARES. (GUERRA EN MADRID). «En la carretera de Majadahonda a Boadilla del Monte, detrás al cementerio majariego, se vislumbra un extraño monumento cuyo origen se remonta a la guerra civil. Es un monumento en mitad del campo, al que se accede por un camino de tierra y que durante los fines de semana ha servido de lugar idílico para los amantes del botellón. Un monumento que convive en la actualidad entre pintadas de grafiteros y la basura que vierten en la zona los ciudadanos poco civilizados. Se trata de una construcción de piedra poco corriente en la que aparecen grabados dos nombres rumanos; Ion Mota y Vasile Marin, que según reza “cayeron por Dios, España y Rumanía el 13 de enero de 1937″. En las próximas líneas vamos a relatar la historia de estos dos miembros de la Guardia de Hierro de Rumanía, que murieron en plena Batalla de la Carretera de la Coruña en este punto de Majadahonda. La defensa del Alcázar de Toledo y su posterior liberación fue utilizada internacionalmente por Franco como propaganda de su lucha. En Rumanía, la gesta del General Moscardó no pasó desapercibida y muy rápidamente, la extrema derecha, el partido nacional campesino y la Guardia de Hierro (un grupo paramilitar fascista, ultranacionalista y antisemita) organizaron una expedición a España para homenajear a Moscardó y a los defensores del Alcázar. La delegación estaba formada por las siguientes personas:

El coloquio en Espacio Ardemans sobre “Mártires de ayer” acerca de lo ocurrido en Majadahonda 1937

General Georgios Cantacuceno: Tenía unos 70 años y era el segundo jefe de la Guardia de Hierro. Pertenecía a una familia aristócrata de Rumanía y fue considerado un héroe durante la Primera Guerra Mundial. Banica Dobre: Tenía 20 años y había nacido en Transilvania. Su profesión era la de maestro. Nicolae Totu: Abogado e Ingeniero Agrónomo. Tenía 32 años y había nacido en Moldavia. Príncipe Alexandru Cantacuceno, de 32 años y de la misma familia del general. Ion Mota: Uno de los fundadores de la Guardia de Hierro. Tenía 34 años y había nacido en Transilvania. Había intentado ir a Etiopía de voluntario con los fascistas italianos. Vasile Marin: Abogado de 32 años y dirigente de la Guardia de Hierro en la región de Bucarest. Había estado en prisión durante algunos meses acusado de participar de alguna forma en el asesinato del Primer Ministro Rumano Ion Duca en 1933. Dimitru Borsa, sacerdote ortodoxo. Gheorge Clime: Ingeniero de 47 años. El general Cantacuzino- Granicerul lideró al grupo de 8 personas entre los que viajaba un sacerdote y el príncipe Alexandru Cantacuzino. El 24 de noviembre salieron rumbo a la España nacional previa parada en Portugal. En Lisboa la comisión rumana fue recibida por el embajador español y por numerosos simpatizantes nacionalistas lusos. Después, por carretera, se desplazaron hasta Salamanca donde fueron recibidos por los colaboradores más directos del General Franco. De Salamanca viajaron a Soria, ciudad en la que se encontraba el General Moscardó, al que le regalaron el sable de honor de la Guardia de Hierro, forjado según ellos, en Toledo. El general Cantazuzino pronunció el siguiente discurso ante Moscardó, su Estado Mayor y los periodistas sorianos: “Este es un sable de verdad, que me acompañó en la Gran Guerra y con el que gracias a su acero de Toledo podéis atravesar a miles de comunistas. Lo he traído para que os traiga suerte en la lucha para derrotar al comunismo. Os presentó a 7 jóvenes, todos ellos oficiales del ejército rumano. Todos héroes. Han venido a luchar y a morir por la España nacional.”

«Su primera toma de contacto con el combate fue en Boadilla del Monte, después intervinieron en el ataque Las Rozas, la lucha por el control de la Carretera de la Coruña y después participaron en la defensa del Cerro de la Radio en Majadahonda»

Tras los abrazos y agradecimientos de rigor y después de hacer turismo por Castilla se marcharon a Toledo donde visitaron los restos del Alcázar. Días más tarde, los 7 oficiales rumanos se presentaron voluntarios para participar en lo que ellos creían “la cruzada contra el comunismo”. En tierras toledanas se integraron en la 21 Compañía del Tercio de Yagüe y el 19 de diciembre, tras semanas de instrucción, partieron para el frente de Madrid. Su primera toma de contacto con el combate fue en Boadilla del Monte, después intervinieron en el ataque Las Rozas, la lucha por el control de la Carretera de la Coruña y después participaron en la defensa del Cerro de la Radio en Majadahonda. Así es como se llama el lugar donde se levantó el extraño monumento, puesto que allí tuvo su sede la emisora de radio Madrid – Argentina cuyas emisiones empezaron en 1929. El 13 de enero de 1937 una escuadrilla de cazas rusos atacó a muy baja altura el Cerro de la Radio, posición defendida por un grupo de soldados nacionales entre los que estaban los rumanos Ion Mota y Vasile Marin. Un certero obús soviético impactó en la posición matando a los 2 miembros de la Guardia de Hierro e hiriendo a otros tantos militares.

La ofensiva republicana por recuperar Majadahonda y el Cerro de la Radio fracasó, pero los dos oficiales rumanos fallecieron en el combate. Tras la batalla, los cuerpos de Mota y Vasile fueron trasladados a la Capilla del Hospital Militar de Toledo donde recibieron todos los honores militares y religiosos. Tras enterarse de la noticia, Codreanu, máximo responsable en Rumanía de la Guardia de Hierro, ordenó a la delegación rumana regresar a su país, todos juntos, vivos o muertos. En febrero de 1937, la expedición rumana salía de la frontera española por Francia con los cadáveres de dos de sus miembros. Mes y medio después de llegar a nuestro país y sin demasiada participación en la contienda, se terminaba la aventura para estos 8 rumanos. Desde aquel 13 de enero de 1937 hasta nuestros días, Ion Mota y Vasile Marin son homenajeados en este monumento de Majadahonda por la extrema derecha española y un sector de la iglesia ortodoxa en Madrid.

David Rodríguez Tallón (Majadahonda).

DAVID RODRÍGUEZ TALLÓN (UNIVERSIDAD FRANCISCO DE VITORIA). La inacción institucional y la normalización del fascismo: la respuesta vecinal en Majadahonda. Mientras el Ayuntamiento calla, Majadahonda sigue siendo escenario de homenajes fascistas a Mota y Marin. Frente al silencio institucional, vecinas y colectivos del municipio impulsan un ciclo anual para reivindicar la memoria antifascista. En la carretera que une Majadahonda con Boadilla del Monte, detrás del cementerio del municipio, se levanta un monumento de varios metros de altura coronado por una gran cruz. A lo largo del año, este monumento (habitualmente rodeado de basura) resulta una ubicación perfecta para quienes buscan un lugar apartado donde realizar grafitis o botellones sin ser molestados. Sin embargo, lejos de constituir unos restos históricos sin relevancia, este enclave funciona como un espacio activo de exaltación fascista que acoge anualmente peregrinaciones de grupos de extrema derecha para homenajear las figuras de Ion I. Mota y Vasile Marin, dos militantes de la Guardia de Hierro rumana que combatieron junto al bando franquista y que murieron en Majadahonda durante la Guerra Civil española. Estos homenajes no son espontáneos ni aislados. Organizaciones de extrema derecha como Falange Española de las JONS, junto a agrupaciones afines, han participado de forma reiterada en actos celebrados en este lugar, convocando concentraciones con simbología fascista, saludos romanos y discursos de reivindicación del fascismo. La persistencia de estas prácticas revela una pasividad tanto del Ayuntamiento como del Gobierno a la hora de hacer cumplir la Ley de Memoria Histórica. Ante esta situación varias vecinas y colectivos del municipio se han unido para plantear un ciclo anual que reivindique una memoria antifascista.

«Tras la denominada “batalla de la niebla” o “batalla de Majadahonda”, participaron en la defensa del cerro de la Radio, sede de la emisora Radio Madrid-Argentina, en el municipio de Majadahonda»

Para comprender lo que supone la permanencia de este monumento, es necesario remontarse a la ideología del movimiento en el que militaron Mota y Marin. La Guardia de Hierro fue fundada en 1927 por Corneliu Zelea Codrenau y combinó ultranacionalismo, antisemitismo, violencia y religión. Durante las décadas de 1920 y 1930, Rumanía atravesó una intensa inestabilidad política y social. En este contexto, la Guardia de Hierro prometía la “purificación moral” de la nación y señalaba a los judíos, el liberalismo y el comunismo como responsables de la situación nacional. Durante la rebelión organizada por este movimiento contra el gobierno de Antonescu, en enero de 1941, se produjeron pogromos contra población judía que se saldaron con al menos 127 personas asesinadas. La decisión de la Guardia de Hierro de viajar a España para combatir junto al bando sublevado se inscribe en una red transnacional de solidaridades fascistas. El 24 de noviembre de 1936, Mota y Marin, junto a otros militantes fascistas, llegaron a España para homenajear al general Moscardó, una de las figuras clave en la defensa y posterior liberación del Alcázar de Toledo para el bando franquista. El grupo se integró en la 21ª Compañía del Tercio de Yagüe y, el 19 de diciembre, partió hacia el frente de Madrid. Tras la denominada “batalla de la niebla” o “batalla de Majadahonda”, participaron en la defensa del Cerro de la Radio, sede de la emisora Radio Madrid-Argentina, en el municipio de Majadahonda.

«El monumento fue inaugurado en 1948, durante la dictadura franquista, y, pese a que en 2015 el Ayuntamiento de Majadahonda aprobó una moción para su retirada (en la que el Partido Popular se abstuvo), nunca se llegó a retirar. El principal argumento utilizado por el PP para justificar su inacción es que el monumento se encuentra, supuestamente, en “propiedad privada”

El 13 de enero de 1937, el Cerro fue atacado por una escuadrilla de cazas republicanos y un obús impactó en la posición ocupada por los sublevados y el grupo de rumanos, causando la muerte de Mota y Marin. Su fallecimiento fue rápidamente instrumentalizado por la propaganda de la Internacional fascista: los funerales celebrados en Rumanía se convirtieron en grandes actos de exaltación del sacrificio y ambas figuras fueron elevadas a la categoría de mártires. El monumento fue inaugurado en 1948, durante la dictadura franquista, y, pese a que en 2015 el Ayuntamiento de Majadahonda aprobó una moción para su retirada (en la que el Partido Popular se abstuvo), nunca se llegó a retirar. El principal argumento utilizado por el PP para justificar su inacción es que el monumento se encuentra, supuestamente, en “propiedad privada”. La Asociación para la Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos caídos en Majadahonda presentó un informe que afirmaba que el lugar se encontraba en una “propiedad privada”, y sus miembros se presentaron como propietarios del terreno, alegando estar al corriente de los pagos y tributos correspondientes. Aunque el Ayuntamiento reconoce el carácter problemático del monumento, en la práctica ha permitido que continúe funcionando como un espacio de exaltación fascista. En noviembre del 2023, el Gobierno señaló que procedería a registrar el monumento en un catálogo que recoge el conjunto de elementos que incumplen la Ley de Memoria Histórica y que deben ser retirados. El Ejecutivo matizó que, “en el caso de no producirse la retirada o eliminación de los elementos incluidos en dicho catálogo de manera voluntaria, la administración pública competente incoará de oficio el procedimiento para la retirada de los mismos”.

«No han recibido ninguna comunicación por parte del Gobierno»

Desde entonces, los colectivos y organizaciones de Majadahonda, hastiados por la situación, no han recibido ninguna comunicación por parte del Gobierno. Este caso pone de relieve las limitaciones de las políticas de memoria cuando no van acompañadas de una voluntad política sostenida en el tiempo. La ausencia de una gestión activa del pasado y la inacción no son neutrales: favorecen la continuidad de un relato que legitima el pasado autoritario y dificulta la construcción de una memoria antifascista. Ante este escenario, distintos colectivos y organizaciones del municipio se han unido para impulsar una estrategia de protesta sostenida en el tiempo, organizando un ciclo anual de antifascismo que se desarrollará a lo largo de este 2026 en fechas claves para la memoria antifascista.

Mesa redonda en el teatro Escenarte de Majadahonda»

El primer evento del ciclo será una mesa redonda, que tendrá lugar este 10 de enero, a las 11:30h, en el teatro Escenarte de Majadahonda. El encuentro se concibe como un espacio pedagógico y de debate y contará con la participación de Miguel Urbán, Santiago Vega y Marta Hernangómez, tres figuras con trayectorias políticas y académicas vinculadas al antifascismo y la memoria democrática. La elección de este formato no es casual. Responde a varios objetivos: plantear una forma de protesta no violenta, visible y legitima que interpele tanto a la ciudadanía como a las instituciones; desplazar el foco del monumento hacia el debate público; producir conocimiento mediante la introducción de contexto, análisis y voces que cuestionen el relato fascista; y, por último, fortalecer redes entre colectivos locales, activistas y representantes políticos, consolidando una base social para futuras acciones. La permanencia del monumento de Majadahonda no es una anomalía sin responsables, sino el resultado de decisiones políticas concretas y de una inacción sostenida. Que sean colectivos vecinales y organizaciones quienes tengan que recordar que el fascismo es incompatible con una democracia dice mucho de nuestras instituciones. Este caso evidencia la dificultad, tanto institucional como social, para asumir que el fascismo no es un residuo del pasado, sino una amenaza.

Majadahonda Magazin