«Hoy, amigo Fernando, no quiero hablar solo de historia ni de política. Hoy quiero hablar del hombre. Del vecino con quien se cruzaban miradas cómplices. Del amigo con el que era fácil compartir una conversación tranquila, sin solemnidades. Del periodista que nunca dejó que el oficio le robara la humanidad.» (Miguel Sanchiz (Majadahonda), ex presentador de Telediarios en TVE)

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 5 de marzo de 2026). Carta a un amigo que se ha ido al cielo de Benedetti. Querido Fernando: Hoy escribo estas líneas con la extraña sensación de estar hablándole a alguien que ya no está en la silla de enfrente, pero que sigue muy cerca en la memoria. Quizá por eso prefiero imaginar que no te has ido del todo, que simplemente has tomado ese camino del que hablaba Mario Benedetti, ese “cielo de las golondrinas y los misiles”, donde conviven la poesía, la historia y la vida que aún resiste. Te escribo como quien continúa una conversación que empezó hace muchos años. Conversaciones de vecinos, de amigos, de periodistas que sabían que la palabra —cuando se usa con respeto— puede ser un puente entre las personas y también entre las épocas. Tuviste el raro privilegio –y también la enorme responsabilidad– de vivir muy cerca de la historia. No como un espectador lejano, sino como uno de los hombres que la contaban mientras sucedía. Y lo hiciste siempre con ese estilo tuyo: sin ruido innecesario, con elegancia, con la serenidad del que entiende que el periodismo no es un espectáculo, sino un servicio.

Las periodistas Sonsoles Ónega, su pareja y su hermana, Cristina Ónega, en la capilla ardiente de su padre, Fernando Ónega. Europa Press

«EL VECINO CON QUIEN SE CRUZABAN MIRADAS CÓMPLICES. DEL AMIGO CON EL QUE ERA FÁCIL COMPARTIR UNA CONVERSACIÓN TRANQUILA, SIN SOLEMNIDADES». Muchos recordarán siempre aquel momento que quedó grabado para siempre en la memoria de España. Aquellas palabras que tú escribiste para que otro las dijera ante todo un país expectante: “Puedo prometer y prometo”. No era solo una frase. Era una manera de hablarle a un país que buscaba certezas, una forma de acercar la política a la gente con un lenguaje claro y directo. Aquella noche no hablaba solo un candidato; hablaba también la inteligencia discreta de un periodista que sabía cómo convertir las palabras en un puente de confianza. Pero hoy, amigo Fernando, no quiero hablar solo de historia ni de política. Hoy quiero hablar del hombre. Del vecino con quien se cruzaban miradas cómplices. Del amigo con el que era fácil compartir una conversación tranquila, sin solemnidades. Del periodista que nunca dejó que el oficio le robara la humanidad. Porque si algo distinguía tu manera de estar en el mundo era esa mezcla tan rara de sabiduría y sencillez. Podías hablar de los grandes acontecimientos del país y, al mismo tiempo, escuchar con atención la historia pequeña de cualquiera.

La viuda de Fernando Ónega y su hijo pequeño, Fernando, en la capilla ardiente de Fernando Ónega

Presentadores de Televisión: Vicente Valles, Susanna Griso (A3) y Lorenzo Milá (TVE) en el funeral de Fernando Onega

ERAS, EN EL FONDO, UN HOMBRE DE PALABRAS. Y eso, en estos tiempos de ruido y de prisas, es casi una forma de resistencia. Hoy muchos dirán que el periodismo pierde a una de sus voces más respetadas. Y es verdad. Pero quienes tuvimos la suerte de compartir contigo algo más que titulares sabemos que también se ha ido un amigo leal, un hombre bueno, uno de esos compañeros de camino que hacen más amable la travesía de la vida. Por eso me gusta imaginarte ahora en ese cielo del que hablaba Benedetti. Un cielo donde vuelan golondrinas y también pasan, de vez en cuando, los misiles de la historia. Un cielo donde los periodistas siguen observando el mundo con curiosidad infinita, tomando notas invisibles sobre lo que ocurre en la eternidad.

La Reina Letizia y Marta Carazo, el presidente Pedro Sánchez (PSOE) y el ex presidente Mariano Rajoy (PP) en la capilla ardiente de Fernando Onega

Iñaki Gabilondo (SER) y su mujer, Lola Carretero, Terelu Campos y Joaquin Prat (T5) rinden su respeto a Fernando Onega

SI ES ASÍ, ESTOY SEGURO DE QUE YA ESTARÁS ESCRIBIENDO ALGO. Tal vez una crónica tranquila sobre la memoria, sobre la amistad o sobre esa rara costumbre de los seres humanos de seguir hablando con quienes ya se han ido. Aquí abajo, mientras tanto, seguiremos recordándote. Y cada vez que alguien pronuncie con claridad una frase justa, cada vez que un periodista elija la elegancia antes que el grito, cada vez que la palabra vuelva a tener dignidad, sabremos que, de alguna manera, sigues acompañándonos. Buen viaje, amigo. Nos volveremos a encontrar en alguna conversación pendiente.

Majadahonda Magazin