Desde hace décadas, el coche ha sido el protagonista absoluto cuando se trata de moverse por Madrid y sus municipios. Sin embargo, en los últimos años estamos viendo un constante debate acerca de la movilidad urbana, y los cambios que se están produciendo al respecto apuntan a que el uso del coche tal y como lo conocemos puede dejar de ser la principal forma de trasladarse en algunas de estas localidades.
Con la reciente implantación de su nueva Zona de Bajas Emisiones (ZBE), Majadahonda es uno de los municipios madrileños que están en este proceso de redefinir su modelo de movilidad urbana, y la pregunta que muchos de sus habitantes se hacen ahora es: ¿es realmente posible moverse por la localidad sin coche?
El principal reto: cambiar las costumbres
El principal problema al que se enfrentan aquellos que abogan por una movilidad sin vehículos motorizados como los coches es que, más allá de las posibles mejoras en infraestructuras o de restricciones, el uso del coche para desplazarse es cultural.
En un municipio residencial como Majadahonda, donde muchos de los vecinos trabajan en otras partes de Madrid, el coche sigue viéndose como la opción más flexible, y algo a lo que sus usuarios se han acostumbrado.
El “esto siempre se ha hecho así” forma parte de la mentalidad humana, y se ha visto en numerosas ocasiones. Como la oposición de los fumadores a la primera ley antitabaco, que prohibía fumar en interiores; o el aficionado a las tragaperras que ve cómo su casino online de siempre cierra, y recurre a alguno de los nuevos casinos presentados por Casino.org.
Al final, sin embargo, la gente se acostumbra y acaba aceptando las novedades. Y, en este caso, ya se empieza a ver que las costumbres están cambiando: las nuevas generaciones ya no tienen prisa por sacarse el carnet de conducir, y prefieren medios de transporte alternativos o incluso el transporte público.
Pero, en lo que respecta al uso del coche, para que estos cambios de hábito se asienten, es necesario combinar las restricciones al tráfico con alternativas que resulten atractivas, como unos carriles bici seguros, calles peatonales y transporte público eficiente, entre otras.
La ZBE de Majadahonda y la movilidad sostenible
La implantación de la Zona de Bajas Emisiones en Majadahonda llega tras varios retrasos e incluso una amonestación por parte del Defensor del Pueblo en 2024. El equipo de gobierno se vio finalmente forzado a cumplir con esta obligación estatal derivada de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que exige que las ciudades con más de 50.000 habitantes adopten esta medida para reducir emisiones y mejorar la calidad del aire.
Para cumplir con la ley, el Ayuntamiento ha delimitado una ZBE de más de 220.000 metros cuadrados en el entorno de la Gran Vía, con limitaciones progresivas que permitirán que los vehículos censados en el municipio puedan circular libremente por ella hasta 2030.
El proyecto municipal incluye actuaciones complementarias financiadas con fondos públicos, como mejoras en las paradas de autobús, pasos de peatones inteligentes o planes para una movilidad escolar más segura, como parte de las alternativas a las restricciones que mencionábamos antes.
Alternativas al coche
Si estos planes siguen un desarrollo normal, Majadahonda podría evolucionar hacia un modelo de movilidad más equilibrado. Pero no olvidemos que esto no implica eliminar el vehículo privado, sino reducir su protagonismo, que hasta ahora era absoluto, en favor de alternativas que pueden resultar más eficientes y sostenibles. Como por ejemplo…
Ir a pie, la opción más sencilla
En un municipio como Majadahonda, que a finales de 2025 contaba con algo más de 73.000 habitantes y con distancias entre sus barrios relativamente cortas, el “coche de San Fernando” puede ser una opción más que viable para el día a día.
Desde antes de la pandemia, el Ayuntamiento ha venido impulsando proyectos de peatonalización en algunas áreas del centro que, no obstante, no han contado con el consenso entre vecinos y comerciantes, y han suscitado dudas respecto a su impacto real en la movilidad y la actividad económica.
Aun así, los expertos en urbanismo coinciden en que las ciudades que priorizan al peatón suelen mejorar su calidad de vida, al enfrentarse a menos ruido y contaminación, lo que hace que los espacios públicos sean más agradables.
Bicicletas, patinetes y otras formas de movilidad personal
Odiados por muchos, alabados por otros, los vehículos de movilidad personal se han consolidado en muchas partes de Europa como la mejor alternativa al coche para trayectos urbanos. Majadahonda, por su tamaño y topografía, podría beneficiarse del uso de bicicletas y patinetes más que otras localidades.
De hecho, la normativa municipal ya contempla el uso de estos medios de transporte como parte del ecosistema de movilidad urbana, aunque la infraestructura ciclista sigue siendo una asignatura pendiente, con demasiados espacios compartidos con peatones y coches, y un servicio municipal de alquiler de bicicletas que terminó cerrando en 2017 debido a problemas financieros.
Transporte público, la columna vertebral de la movilidad urbana
Un transporte público de calidad es fundamental en cualquier transición de movilidad que se plantée. Para que una ciudad pueda reducir el uso del coche, su red de transporte público ha de ser cómodo, rápido, accesible y tener buenas frecuencias de paso.
Majadahonda destaca por tener varias conexiones clave con Madrid y otros municipios del oeste, como la línea C-10 de Cercanías, que conecta la estación del municipio con el centro de Madrid, además de contar con varias líneas de autobuses que comunican la ciudad con distintos barrios estratégicos de la capital.
Sin embargo, se han denunciado atascos frecuentes o saturación en determinadas rutas, lo que, según diversos colectivos y partidos políticos, complica en demasía los desplazamientos diarios.
Así que, como se puede ver, cuando hablamos de nuestro municipio ya no se trata solo de si es posible moverse sin coche, sino de hasta qué punto está Majadahonda dispuesta a transformarse para que lo sea.



