

Julia Sáez-Angulo
“Estamos en 1952, acabo de estrenar mi 22 cumpleaños. Cuando tenía 14 años, un hermano mío me llevó a Cataluña y luego me olvidó allí durante 7, los mismos que llevo sin ver a mi madre, durante los cuales, siendo menor de edad, no podía viajar sola. Ahora sí puedo. Con la mayoría de edad me entraron unas ganas locas de ir a ver a mi madre, de correr hacia ella y decirle: ‘Cuanto me has faltado…’”, cuenta Sectiva en la introducción al libro. “Para mi suerte se acercaba el verano, y la Universidad de Barcelona, donde se encontraba el restaurante en el cual yo trabajaba, cerraba”. Sectiva cuenta cómo en aquel viaje su madre le reveló, que aunque siempre la habían llamado Consuelito, su verdadero nombre era Sectiva: “Pide tus papeles con este nombre y todo quedará resuelto”.

La autora se convirtió en escritora a los 81 años con ‘María y Sectiva’.
La autora del libro explica el por qué de ese nombre tan poco habitual, tal y como se lo explicó su progenitora: “En esos días de guerra ella –mi madre- se dirigía a casa de sus padres, a Villanueva de Algaida (Málaga) y necesitaba un salvoconducto para atravesar la frontera que había entre Sevilla y Málaga, con un conflicto entre republicanos y franquistas. Mi verdadero nombre, Sectiva, era ateo, por lo que mi madre temía que no nos dejaran pasar, y desde ese mismo instante decidió bautizarme con el nombre de Consuelo, como se denominaba la misma iglesia donde me concedieron la fe: la iglesia de la Consolación de Utrera». En suma, un libro, unas vivencias, una autobiografía de una mujer luchadora por sobrevivir y salir adelante, dentro y fuera de su país. El libro se lee bien por su amenidad y es un testimonio de una vida común y corriente en la España de posguerra. Una intrahistoria, que diría Unamuno.






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