«¿Dónde están las historias de los que siguen vivos? No he encontrado —y lo lamento profundamente— apenas una línea sobre los heridos que permanecen en los hospitales. Sobre las familias que no saben aún cómo será el mañana. Sobre esa niña de 6 años cuyo nombre apenas se pronuncia, pero cuya vida ha quedado suspendida en un antes y un después que nadie eligió. Sobre tantas otras casas en las que el tiempo se ha detenido, no por la muerte, sino por el miedo, la incertidumbre y el dolor prolongado»

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 25 de enero de 2026). Una reflexión sobre los trenes desde Majadahonda: cuando la política lo ocupa todo. Vivimos días en los que las páginas se llenan con una facilidad pasmosa. Declaraciones, contradeclaraciones, estrategias, perfiles políticos minuciosamente trazados, biografías extensas de cargos públicos que ya no están o que siguen orbitando alrededor del poder como si fuera el único centro de gravedad de la vida colectiva. Y, sin embargo, algo chirría. En el terrible accidente ocurrido en Adamuz, hemos leído —con razón— necrológicas cuidadas, semblanzas respetuosas de quienes perdieron la vida. Cada una de ellas merecida. Cada nombre, un mundo que se apagó. Pero al cerrar el periódico, al pasar la pantalla, queda un silencio que pesa más que las palabras. ¿Dónde están las historias de los que siguen vivos?

Miguel Sanchiz

No he encontrado —y lo lamento profundamente— apenas una línea sobre los heridos que permanecen en los hospitales. Sobre las familias que no saben aún cómo será el mañana. Sobre esa niña de 6 años cuyo nombre apenas se pronuncia, pero cuya vida ha quedado suspendida en un antes y un después que nadie eligió. Sobre tantas otras casas en las que el tiempo se ha detenido, no por la muerte, sino por el miedo, la incertidumbre y el dolor prolongado. LA MUERTE CONMUEVE. EL SUFRIMIENTO CONTÍNUO INCOMODA. Quizá por eso resulta más fácil escribir biografías cerradas que mirar de frente a quienes aún necesitan ayuda. La política ofrece ruido, relato, confrontación. El dolor silencioso exige algo más incómodo: propuestas, soluciones, acompañamiento, compromiso real. Echo de menos —y lo digo como denuncia serena, no como reproche airado— páginas dedicadas a explicar qué se está haciendo por esas familias, qué necesitan, qué podemos hacer como sociedad.

ECHO DE MENOS ALGO MENOS DE POLÍTICA Y MÁS DE HUMANIDAD. Menos discurso y más manos tendidas. Menos protagonismo de los políticos y más foco en las personas anónimas que hoy libran su batalla lejos de los titulares. No se trata de restar importancia a la información política. Se trata de recuperar el equilibrio moral de los medios. De recordar que informar no es solo contar lo que ocurre en los despachos, sino iluminar lo que duele en las habitaciones de hospital, en las cocinas en silencio, en los pasillos donde alguien espera una noticia que no llega. Desde Majadahonda, y para Majadahonda Magazin, dejo esta reflexión como una llamada tranquila pero firme: hablemos menos de quienes ya tienen voz y más de quienes ahora solo tienen esperanza. Porque el periodismo, cuando es de verdad, no solo narra el poder: acompaña al ser humano cuando más lo necesita.

Majadahonda Magazin