El Juzgado de lo Penal nº 2 de Santiago de Compostela condenó en 2024 a 2,5 años de prisión tanto al maquinista, Francisco Garzón, como al jefe de Seguridad en la Circulación de ADIF, Andrés Cortabitarte, por el descarrilamiento del tren Alvia en la curva de Angrois el 24 de julio de 2013 cuando iba a 190 km/h en un tramo de 80 km/h por despiste al atender al móvil: 79 delitos de homicidio, 143 de lesiones por imprudencia grave, inhabilitados por 4,5 años y embargados por 25 millones de € para las víctimas, pagados por las aseguradoras de RENFE y ADIF (sentencia)

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 22 de enero de 2026). Muerte en las vías. El personal, de natural olvidadizo, y por eso –como decía André Gide necesita que se le reiteren las cosas, especialmente las trágicas– quizá haya puesto en el desván de la memoria, el horrendo accidente de A Grandeira, Angrois, Santiago, 24/7/2013. Yo siempre lo llevo en la memoria, y vuelve a mí en todo su horror, en estos días terribles de Adamuz. Cuando los cadáveres vuelven a ser un bulto deshecho en un amasijo de hierros y cristales hay buitres empeñados en arrancar morbo escénico y –aun– provecho político de la tragedia. En aquel tren de Angrois, que hubiese muerto en “mi” Ferrol, viajaban amigos y conocidos míos. Y años después, paseando por allí con alguien que había resultado herido en el descarrilamiento, este me contaba cómo, inconsciente, oyó pasar a su lado, abuela y nieta, y a la primera diciendo: “Mira, está muerto”. Y como la segunda, mirándole a los ojos, con brillo empañado, se abrazó a él. Y mi amigo, sabiéndose aún vivo, no se desprendía de aquel abrazo que lo devolvía a la vida. Por eso en estos días negros pienso en los vecinos de Adamuz y en todos nuestros paisanos, capaces de lo mejor cuando el drama lo requiere.

El apeadero de El Plantío (Majadahonda) antes de llegar el Tren Real

Vicente Araguas

Y ME DUELE TAMBIÉN, EN UN SEGUNDO PERO NO DESDEÑABLE SENTIR, PORQUE SI ALGO SOY, EN TÉRMINOS VIAJEROS, ES FERROVIARIO. Lo fui, de niño, tranviario, pero hace tanto de ello que tengo seco el lagrimal con la música oxidada del hierro viejo de sus carriles. Ferrocarriles: he ido tanto en ellos, he varado tanto en sus estaciones, que hasta descendí en el apeadero aquel de El Plantío-Majadahonda, volviendo de Valladolid. Años ochenta y poco después adiós a todo aquello. Hubo luego un restaurante. El apeadero en cuestión se hizo poco antes de que Victoria Eugenia Battenberg viniese a Madrid a contraer matrimonio con Alfonso XIII (31 de mayo de 1906). Y la idea era de que tan bella y escocesa dama pudiese ir directamente a El Pardo, donde se iba a alojar en los días previos al himeneo. En el Convoy Real, recibido en El Plantío por Don Segismundo Moret, representando al Gobierno, y al Ayuntamiento de Majadahonda su alcalde, Don Natalio Gala y el teniente de alcalde, Don Rufino Bustillo. Hay fotos de la llegada del tren, en el que también venía, desde Irún, Alfonso XIII, todo un pimpollo. Se había alzado un arco de triunfo para la ocasión, como muestra una postal de la época. Y entre los presentes, el anarquista Mateo Morral, caminante curioso desde Madrid hacia Majadahonda, tal como cuento en mi libro en marcha “Majariegos”, para ver a su amigo, otro ácrata, llamado Dutrem Semovich, representante de un producto farmacéutico llamado “Lacitina Billon”.

«Ferrocarriles: he ido tanto en ellos, he varado tanto en sus estaciones, que hasta descendí en el apeadero aquel de El Plantío-Majadahonda, volviendo de Valladolid. Años ochenta y poco después adiós a todo aquello. Hubo luego un restaurante»

El anarquista Mateo Morral, caminante curioso desde Madrid hacia Majadahonda, tal como cuento en mi libro en marcha “Majariegos”, para ver a su amigo, otro ácrata, llamado Dutrem Semovich, representante de un producto farmacéutico llamado “Lacitina Billon”.

MORRAL, UN CANALLA, NO SOLO NO FUE REGICIDA SINO QUE EN SU INTENTO, EN LA CALLE MAYOR, SE LLEVÓ POR DELANTE A 25 PERSONAS (resultando 100 heridas). Hoy, ya digo, el apeadero de marras no es sino una historia de la Historia. Y en su lugar Majadahonda tiene una estación cuyo edificio está como muy desatendido, y aun huérfano. En cuanto al aparcamiento resulta tan hiperbólico como de muy poco uso. Referido a los trayectos que desde la estación de Majadahonda se pueden hacer, echo muy en falta el directo al aeropuerto, que ahora requiere transbordo en Chamartín. Peor lo tenemos los nedenses-ferrolanos que vivíamos mejor sin el Alta Velocidad que nos lleva solo a Coruña. Y, luego del consabido transbordo, a Ferrol. Al cabo, el mismo tiempo que antes. “Cosas veredes, Mío Cid.” Mientras, me dejo de quejas y envío mi dolor, humano, ferroviario, a cuantos sufren por causa del desastre de Adamuz. Depúrense responsabilidades. Y déjenme en paz a los maquinistas, por favor.

 

Majadahonda Magazin