
Un actor representa la crucifixión en Filipinas pero con los clavos reales en la cruz y derramando la sangre sobre su cuerpo: la Iglesia católica no respalda estas prácticas extremas aunque los filipinos las presencian desde su visión de su propia religiosidad
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 3 de abril de 2026). Majadahonda celebra este Viernes Santo primero a las 17.00 horas con los actos litúrgicos por la celebración de la muerte del Señor y a las 19,30 horas con la Procesión del Silencio que traslada el Santísimo Cristo de los Remedios y la Virgen de la Soledad desde la Parroquia hasta la Ermita y el regreso con la Virgen a la Parroquia, por la Gran Vía hasta la altura de la calle Monjitas, pasando por la calle Real Baja hasta la Iglesia. Y cada Semana Santa aparece la misma pregunta, casi siempre acompañada de incredulidad: ¿es verdad que en Filipinas hay gente que se crucifica de verdad?.
LA RESPUESTA ES SÍ, PERO QUEDARSE AHÍ SERÍA NO ENTENDER NADA, porque lo verdaderamente interesante no es el clavo, ni la sangre, ni la imagen que circula cada año por redes sociales. Lo importante es lo que empuja a alguien a tumbarse sobre una cruz y dejar que le atraviesen las manos. Ocurre en Filipinas, uno de los países más católicos del mundo, donde la religión no es solo una tradición, sino una forma de vida. Pero conviene matizar desde el principio: no es una práctica generalizada ni representativa. La inmensa mayoría de los filipinos vive la Semana Santa de forma muy similar a la nuestra en Majadahonda y el resto de España. Las crucifixiones son algo localizado, sobre todo en la provincia de Pampanga, y protagonizado por un grupo reducido de personas que, en muchos casos, no buscan llamar la atención. LA CLAVE ESTÁ EN UNA PALABRA: “PANATA”. Es una promesa personal. Alguien que pidió ayuda en un momento límite —una enfermedad, un problema familiar, una situación desesperada— y que cree haberla recibido. Y esa promesa, allí, no se olvida. Se cumple. No de cualquier manera. Días antes del Viernes Santo, algunos penitentes comienzan una preparación discreta: ayuno, oración, cierta disciplina personal. Nada espectacular. Más bien lo contrario. Es un proceso íntimo, casi silencioso, que contrasta con lo que vendrá después. El Viernes Santo, el ambiente cambia. No es festivo, aunque haya gente. Es denso, contenido. Algunos hombres avanzan descalzos por las calles, cubiertos con capuchas, golpeándose la espalda con látigos improvisados. La sangre aparece pronto. No hay teatralidad. Nadie parece querer convertirlo en espectáculo, aunque inevitablemente lo sea para quien lo observa. Después llegan las cruces. De madera, pesadas, bajo un calor que no da tregua. El recorrido es breve, pero suficiente para que el cuerpo empiece a ceder. Y entonces, la crucifixión. En lugares como el barrio de San Pedro Cutud, los voluntarios se tumban sobre la cruz. Hay un pequeño equipo que sabe lo que hace. Los clavos son reales. El gesto, rápido. Sin dramatismos. El cuerpo se eleva durante unos minutos —cinco, diez— y luego desciende. Hay atención médica, desinfección, cierta organización que intenta reducir los riesgos.

Semana Santa Majadahonda: a las 19,30 horas Procesión del Silencio que traslada el Santísimo Cristo de los Remedios y la Virgen de la Soledad desde la Parroquia hasta la Ermita y el regreso con la Virgen a la Parroquia, por la Gran Vía hasta la altura de la calle Monjitas, pasando por la calle Real Baja hasta la Iglesia
PORQUE RIESGOS HAY: INFECCIONES, DAÑOS EN LOS TEJIDOS, GOLPES DE CALOR. No es un acto simbólico sin consecuencias. Y, aun así, se repite cada año. Uno de los casos más conocidos es el de un hombre que lleva más de tres décadas participando en la crucifixión. Cada Viernes Santo vuelve a la cruz como quien vuelve a una cita importante. Cuando le preguntan por qué lo hace, no habla de espectáculo ni de tradición folclórica. Habla de una promesa que cambió su vida y que sigue cumpliendo. Para él, el dolor no es un castigo. Es una forma de lenguaje. Y ahí es donde esta historia deja de ser lejana. Porque, aunque nos choque, hay algo reconocible en todo esto. La necesidad de que lo importante tenga peso. De que las promesas no se queden en palabras. De que la fe —o la gratitud, o el miedo— se traduzca en algo tangible.

«Unos pocos, en Filipinas, han decidido hacerlo de la forma más literal posible. Clavándolo en la piel. Y eso, más que sorprender, debería invitarnos a mirar dos veces»
LA PROPIA IGLESIA CATÓLICA NO RESPALDA ESTAS PRÁCTICAS. Las considera excesivas. Y, sin embargo, continúan. En parte porque están profundamente arraigadas en la cultura local, y en parte porque responden a algo que no siempre encuentra encaje en discursos más racionales. En los últimos años, además, se ha añadido otro elemento: la mirada externa. Turistas, cámaras, curiosos que llegan buscando una imagen impactante. Y ahí aparece una tensión incómoda. Lo que para unos es un acto íntimo, para otros se convierte en espectáculo. Pero basta acercarse un poco —mirar sin prisa, sin prejuicio— para entender que hay algo más. No es fácil de explicar. Tampoco de juzgar. DESDE MAJADAHONDA, DONDE LA SEMANA SANTA TRANSCURRE ENTRE PASOS, SILENCIO Y TRADICIÓN, estas imágenes pueden parecer de otro mundo. Pero quizá no lo sean tanto. Cambian las formas, sí. Cambia la intensidad. Pero no tanto el fondo. Al final, todos hacemos promesas. Todos buscamos maneras de dar sentido a lo que nos ocurre. Algunos lo hacen en silencio. Otros, en comunidad. Y unos pocos, en Filipinas, han decidido hacerlo de la forma más literal posible. Clavándolo en la piel. Y eso, más que sorprender, debería invitarnos a mirar dos veces





Qué interesante, gracias Miguel, la fe y la gratitud… panata; me recuerda a una frase que ayuda cuando hay dolor y que a mí me funciona: “Abraza al dolor”
Hoy día de recogimiento y gratitud a Jesús por lo que tenemos, sobre todo salud. Gracias Miguel por tu artículo. Muy interesante. Me alegra ver que la fé mueve montañas en toda España y en los países donde la llevamos.
Fe y esperanza, dos palabras q tanto representan y q a veces se puedan volver en contra, pero sobre todo respeto
Gracias Miguel. no tengo opinión sobre algo que me cuesta entender. Abrazo desde la Patagonia, reiterando mis deseos de gran nuevo año de tu vidas mientras vas acomodando este muy reciente cumpleaños Felices Pascuas para todos !!!