PAULA BERBELL. «Os doy la noticia más esperada del día: ¡Salterius, ganador del concurso de tapas! 2 accésit para Onneca y el Nuevo Fogón, ¡Enhorabuena!». Así hacía públicos el propio alcalde de Majadahonda, Narciso de Foxá, a los ganadores del concurso de tapas 2016 que al realizarse en un acto restringido y sin invitación a los medios de comunicación levantó algunas suspicacias, toda vez que en la fotografía oficial entregada a la prensa figuraba el gerente y propietario del Gimnasio Físico de Majadahonda, «Fito» Ruiz, pero ningún miembro de la Oposición: «¿donde se puede ver el nº de votos emitidos? Gracias», preguntaba una vecina de Majadahonda. La Concejalía de Fiestas se apresuró a publicar una fotografía con los votos emitidos, mientras surgían propuestas para que la votación popular de las tapas no se hiciese solo por zonas o distritos. Dimes y diretes aparte, los ganadores fueron estos, según su propio relato:
«Salterius nació en 2.003 en la Calle del Cristo de Majadahonda como un restaurante pequeño y acogedor en el que el concepto de comer bien fue concebido como una de las mayores fuentes de placer, encabezada por una excelente cocina a partir de la cual el entorno grato y acogedor y una atención impecable son los otros dos pilares en los que se asienta la satisfacción y el bienestar de nuestros comensales que son, al fin y al cabo, nuestra razón de ser. Tras diez años de trayectoria nos trasladamos a la Calle Goya, con el mismo ideario y manteniendo el estilo de cocina de temporada en la que la calidad de la materia prima juega un papel fundamental junto con la labor de un equipo que a base de técnica, experiencia y amor por su profesión traslada a la mesa cada día el resultado de su buen hacer. Amplio y luminoso, con grandes ventanales y una espaciosa terraza. En el interior está la vinoteca: una prolongación de la barra que constituye un punto de encuentro para copas, picoteo y partidos de fútbol. Desde el restaurante puede verse al parrillero, afanado en su oficio para llevar a la mesa carnes y pescados con el inconfundible aroma del carbón de encina. Todo ello, conservando intacta la primigenia esencia de Salterius».




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