Desde Majadahonda: los «26 de abril» anuncian catástrofes y descubrimientos como la televisión

El 26 de abril reúne historias muy diferentes: una catástrofe tecnológica que conmocionó al mundo, un bombardeo que inspiró una de las obras más famosas del arte moderno, los primeros pasos de la televisión y una lluvia de meteoritos que ayudó a comprender mejor el universo.

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 1 de abril de 2026).Serie: “El calendario curioso”. 26 de abril: el día en que el mundo oyó el nombre de Chernóbil. Hay fechas del calendario que quedan grabadas en la memoria colectiva porque recuerdan momentos en los que el progreso tecnológico mostró también su lado más peligroso. El 26 de abril de 1986 es una de ellas. De esta manera, el 26 de abril reúne historias muy diferentes: una catástrofe tecnológica que conmocionó al mundo, un bombardeo que inspiró una de las obras más famosas del arte moderno, los primeros pasos de la televisión y una lluvia de meteoritos que ayudó a comprender mejor el universo. Cada una de estas historias recuerda que el calendario no es solo una sucesión de números. Es también un mapa del pasado donde cada fecha guarda momentos en los que el mundo cambió, a veces de forma brillante y otras de manera trágica. Porque, cuando se observa con atención, cada día del año esconde relatos sorprendentes que siguen resonando décadas o incluso siglos después. Y como detalle final: cuando se produjo el accidente nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, aquel día era sábado. leer más…

De Majadahonda a Roma con Amor: «no es cierto que haya que pagar por todo y a todos»

«La cuestión es que en Roma/ Amor al visitante que ame los placeres estéticos hay 3 lugares imprescindibles. Gratuitos a todos los efectos y ni siquiera invadidos por las hordas turísticas que, sin embargo, abarrotan las proximidades».

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 26 de abril de 2026). A Roma con Amor. Decía en mi recalada florentina que Florencia es armónicamente apolínea mientras que Roma es dionisíaca hasta la hipérbole. Florencia renacentista, también –salvando la anacronìa- en su estación de ferrocarril. Roma, en cambio, es exagerada, caótica, brutal si se quiere hasta en el tráfico rodado. Incluso en su propio subsuelo que impide, dada la abundancia de restos clásicos en él, que avance su metro mucho más de lo consabido, minimalista, eso sí, en este medio de transporte, En lo demás Roma es excesiva, amorosamente excesiva, ya en esa mistura clásica-renacentista-barroca-neoclásica, Y más, mucho más, si tiramos del hilo de su cometa. Decididamente felina, y huellas gatunas hallaremos en todos sus escondrijos. Incluso en las orillas de ese Tíber, debidamente canalizado para evitar embestidas. Gatos hasta en la Isla Tiberina adonde llegué hace tanto y tanto que duele, por causas ajenas, hasta el Hospital de San Juan de Dios, donde estuvo el Templo de Esculapio, y allí aprendí que fumadora no se dice “fumatora” sino “fumatrice” y supe de la liberalidad romana también en materia médica. Sin depositar ni una centésima de lira, moneda corriente entonces en Italia. leer más…

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