Viajes de verano de Majadahonda a Galicia: las impresionantes vistas desde la Ermita de Chamorro (Ferrol, A Coruña)

Ermita de Chamorro: «Una vez arriba la vista es impresionante, (El propio Franco, véase la videoteca del No-Do, iba a la ermita cada verano para filmar el panorama). Abajo, luego del Valle de Serantes, en cuyo cementerio yace el gran autor ferrolano, Torrente Ballester, la ensenada de A Malata. Y más al fondo la Ría de Ferrol, los astilleros en el borde, y al otro lado, Barallobre, Maniños, O Seixo, Mugardos. Y más allá, todavía, la Ría de Ares. A la izquierda se adivina, el corazón un sobresalto, mi Neda natal. Todo esto al alcance de la vista».

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 4 de julio de 2026). Subiendo a Chamorro (Ferrol, A Coruña). Topónimo, y apellido, repetidos a lo largo del mundo, incluso el aguador compinche del infame Fernando VII así se llamaba, para la gente de Ferrol y comarca connota una ermita, en manos privadas, que se permitieron cierta cafrada con la imagen de la Virgen que en ella se venera, semejante a la sandez, por mucho adepto friqui que tenga, perpetrada con el “Ecce Homo” de Borja. El caso es que la pobre virgencita parece ahora un mamarracho, así que voy reproducirla en su estado actual para avergonzar a los culpables del horror. En una ermita del siglo XVI, alzada sobre otra más pequeña donde se halla la roca sobre la que se produjo la aparición mariana. Esta tuvo lugar ante los consabidos infantes, quienes contemplaron asombrados a una dama sentada en la citada roca. leer más…

Miguel Sanchiz (Majadahonda) vive la «experiencia aterradora» de una «cámara anecoica»: «los inquietantes sonidos del silencio en el propio cuerpo»

Miguel Sanchiz (Majadahonda) experimenta en una «cámara anecoica» lo que antes hicieron algunos videoartistas, como el legendario norteamericano Bill Viola: «Necesitamos referencias, señales que nos confirmen que el mundo continúa al otro lado. Cuando todas ellas desaparecen, surge una extraña sensación de aislamiento, como si hubiéramos quedado suspendidos fuera del tiempo».

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 4 de julio de 2026). El terrible silencio. Vivimos rodeados de ruido. El tráfico, las voces, los teléfonos, los electrodomésticos, las obras, las sirenas, las televisiones encendidas, los pasos de los vecinos. Incluso cuando creemos estar en calma, existe siempre un rumor de fondo al que apenas prestamos atención. Son sonidos tan habituales que hemos dejado de distinguirlos. Forman parte de nuestra vida como el aire o la luz. Solo cuando desaparecen comprendemos hasta qué punto nos acompañaban. Hace algún tiempo tuve la oportunidad de entrar en una cámara anecoica, una sala diseñada para absorber por completo las ondas sonoras y eliminar cualquier eco. Allí, el silencio no es simplemente la ausencia de ruido. Es algo físico, denso, casi agresivo. Al cerrarse la puerta, el mundo exterior desaparece. No se oyen voces, motores ni vibraciones. Tampoco existe la familiar reverberación de nuestros propios movimientos. Cada sonido muere en el mismo instante en que nace. En ese silencio absoluto comienza uno a escuchar su propio cuerpo: la respiración, los latidos del corazón, el movimiento de la saliva, quizá el leve crujido de una articulación. La experiencia, que en principio podría parecer relajante, resulta inquietante. Incluso aterradora. leer más…

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