
VICENTE ARAGUAS. (18 de marzo de 2025). Cormorania en Molino de La Hoz. El 3 de julio del año pasado este medio de comunicación de todos los ideales, romántico como un vals de Chopin cuando la tarde se pone húmeda, realista como una novela de Tolstoi a la hora de hacer realidad las utopías, daba la noticia de que los cormoranes de Molino de la Hoz comenzaban a quedarse sin casa. Su morada, hecha con amor desprendido por el escultor húngaro Miklos Pàlfy, se ladeaba con maneras de paquebote a la deriva. Cuando en el tiempo, habrá que remontarse al año 2001 cuando ese árbol, sueño en acero de Palfy, quedó plantado en el fondo del Río Guadarrama. Venía a sustituir al olmo, tan machadiano, tan herido por el rayo, donde año tras año, al menos desde 1989, un grupo nutrido de cormoranes cumplía con el curso escolar, setiembre/ mayo, con rigor inapelable. Cormorania, pues, hecha realidad. Esta agrupación de cormoranes o Cormorania, procedente, como Miklos Pàlfy, de Hungria, del Lago Balaton o bien pudiera, tal como nos indicó un biólogo especializado en ornitología, contándonos el cómo y el donde de tal milagro de la naturaleza. Y milagroso fue aquel aunar de voluntades a la hora de cumplir algo tan utópico como dotar a los cormoranes de un alojamiento tan ético y estético. Ético, por devolver a la maltratada naturaleza algo de cuanto nos viene dando. Estético en cuanto ese trueque venía con belleza holgada. La que había puesto, “gratis et amore”, el gran Miklos Pàlfy. Pero el 3 de julio pasado yo escribía, aquí, en “Majadahonda Magazin”, pidiendo (sin éxito) ayuda a las instituciones públicas, A los ayuntamientos de Las Rozas y Galapagar, usufructuarios cada uno de las dos orillas del Río Guadarrama, hecho embalse, embalsamado, en Molino de la Hoz.









