
VICENTE ARAGUAS*. (Majadahonda, 18 de mayo de 2024). El 27 de setiembre del 85 Hombres G tocaron por primera vez en Majadahonda. Luego han vuelto. Pero, claro, nosotros los de entonces, ¡ay, Neruda, qué lejos y qué siempre!, ya no somos los mismos. Y al tiempo esa sensación tan bellísima, aun pecando de inexpertos, de la vez primera. Eso fue luego de que ese verano los altoparlantes de las playas, yo estaba en la de Valdoviño, cerca de mi Neda tribal, atronasen con una canción fresquísima, llena de “parolazze”. Sí, como para poner colorado al Papa reinante; no, que era polaco y le daría igual lo de “figlio di troia” o “stronzo di merda”. Y yo, auténtico zangolotino, a punto ya de los treinta y cinco, nostalgias del pop sesentero, el mío propio, sentía un no sé qué que si no quedaba balbuciendo es porque la cosa no tenía que ver con la mística. Así que volví a Majadahonda con aquella canción rondándome, dando vueltas en torno a mí como si yo fuese la cazuela giratoria que es puro pleonasmo dentro del tiovivo. Y andaba con mis clases a girar cuando, aliados de la noche, entre los descampados que todavía (des)poblaban parte de nuestro pueblo me fui con los escolares: Marius, Pechín y Ángel José al Cerro del Espino, aquel 27 de setiembre.









