
VICENTE ARAGUAS*. Adiós al Muladhara. Vuelvo hoy al Muladhara, sí, ya sé que tuvo diferentes nombres (el último, “Centro Deportivo Acuático Activo Aqua&Fitness”, que ya es llamarse), con el corazón encogido. Y me doy el último baño, asisto a mi particular “The Last Picture Show”, sin Bogdanovich, con el agua fría, ¡qué remedio!, y ardiendo en tristeza por cuanto me voy a perder. Y es que el Muladhara está cerrando, cierra ya, está cerrado, sniff, sniff, que los presentes continuos cuando se conjugan tienen, a veces, un aire de ausencia o, cuando menos, de marcha. Detrás dejo veintisiete años de presencia activa y nadadora, sobre todo. En la piscina del Muladhara calculo haber cruzado unas cuantas veces el Canal de la Mancha, otras tantas el Estrecho de Gibraltar e, incluso, el Helesponto, acompañando a Lord Byron, gran nadador, gran amante, gran poeta, hiperbólico en todo. En la piscina del Muladhara mi hija Andrea, aquí me permito un bua, bua, aprendió a nadar, de la mano de Sagrario, Guardería “Los Angelitos”, cobijo infantil frecuentado por mi Andreíña. En el Muladhara, por hacer cosas raras, hasta disfruté del “abrazo del oso”, del monitor argentino Álex. Quien me ponía del revés, colgado de algo semejante a un perchero, o tal vez a un gotero, y la cosa funcionaba, o al menos no me hizo daño aparente; me pareció que escribía de modo un tanto distinto, más enrevesado, y eso fue todo, digo yo.









