
VICENTE ARAGUAS (19 de noviembre de 2024). Con Aitor Yraola en la Majada (Honda). Aitor Yraola se dio a conocer este verano como un vecino emérito islandés (emérito de verdad, de los que trabajan por la causa que reconoce sus méritos) que presentaba en nuestro Ayuntamiento de Majadahonda un memorial de agravios y desafueros urbanísticos. Aitor habla con ironía, –muestra elegante del sarcasmo, que no creo que ocupe lugar en su mochila–, de una Majadahonda con aires toscanos en el “casco antiguo”. Y como su pluma es entonces, –ahora sí–, daga florentina, va directa al corazón del asunto, con elegancia y sutileza. Así que leamos a este hombre desde la seguridad de hallar en él precisión, economía expresiva, buen hacer (y ser y estar) y –desde luego– un brillo estilístico que desprende, justamente, ese puñal-cálamo, al que hice mención. Aitor Yraola vive desde hace algún tiempo entre/con nosotros. Yo creo que “entre” es lo que mejor le encaja, porque desde una importante discreción, Aitor se mueve como los gatos, y no rompe el silencio si no es para mejorarlo, como dijo el filósofo, salvo cuando, –como en el libro que voy a citar ahora, y me ha mantenido ocupado estos últimos días–, vio llegado el momento de dar una explicación pública sobre aspectos del país que lo prohijó. Y le dio tres hijos, por cierto.









